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La F-1 se queda sin Schumacher
FORMULA 1

La F-1 se queda sin Schumacher

Un año después de la despedida de Michael, Toyota se deshace del 'hermanísimo' Ralf, que lleva tres años sin victorias y cobrando un salario de 20 millones

J. C. CARABIAS

Jueves, 4 de octubre 2007, 02:29

De un año para otro, la Fórmula 1 ha borrado de su escritorio el apellido Schumacher. En octubre de 2006, Michael obsequió a la concurrencia con un brindis antológico en su despedida del mundillo, aquella carrera de Sao Paulo que coronó a Fernando Alonso campeón por segunda vez. Y doce meses más tarde, su hermano Ralf agarra el picaporte de la salida de emergencia. En una mezcla de dimisión forzada, adiós pactado en la declaración, y formas políticamente correctas en el portazo, el 'hermanísimo' deja Toyota. «Me marcho, no me echa el equipo», ha dicho. La Fórmula 1 se queda sin Schumacher.

El empaque del apellido ha terminado por sepultar a este alemán de andares indescifrables y malas pulgas en el trato. Ralf Schumacher llegó a Toyota con el bagaje de una excitante colección de temporadas. Entre 1999 y 2003 capturó un palmarés potente, que para sí quisieran muchos inquilinos de la parrilla. Seis victorias, seis 'poles', ocho vueltas rápidas, 24 podios, dos veces cuarto en el Mundial de pilotos y unos augurios alucinantes que le colocaban como competidor de su hermano, el gran Michael que abrumaba con Ferrari.

Su objetivo era el título mundial y no ha celebrado una sola victoria desde que desembarcó en Toyota hace tres años. Lo que se entiende por un fracaso en términos deportivos. Lo que en Fórmula 1 llamarían incumplimiento de los objetivos, en aras del lenguaje correcto que dice sin decir. «He decidido buscar un nuevo desafío», aseveró Ralf en su web.

Le traicionó el árbol genealógico y también el salario. Provisto de un equipaje con enormes esperanzas, Ralf Schumacher fichó por Toyota en 2004 después de que el mayor productor de coches del planeta diese el salto a la Fórmula 1 con miras a convertirse también en un hegemónico imperio deportivo. «Si fuera por los millones que se gasta, Toyota sería campeón todos los años», asegura con ese estilo directo tan característico Flavio Briatore, el patrón de Renault.

El vox populi del 'paddock' -esa fuente virtual que nadie confirma, pero tampoco que nadie desmiente- garantiza que la marca japonesa contrató al menor de los Schumacher por una cifra que ronda los 20 millones anuales. Las penas con pan han sido menos penas para el germano, que no ha ganado ninguna carrera, sólo ha subido tres veces al podio con Toyota (Hungría y China 2005 y Australia 2006) y en la actualidad es el decimocuarto clasificado en la general de pilotos en un año calamitoso.

Excusa

«Esperé un coche competitivo durante años», dice ahora el alemán, que en China y Brasil disputará sus últimas carreras con Toyota. Lo de siempre. Cuando no hay resultados, los pilotos echan la culpa al coche, y los ingenieros a los pilotos. Salvo en McLaren, donde todos se echan la culpa a todos, es la excusa habitual en la F1.

La despedida de Ralf Schumacher no cambia gran cosa el planteamiento de futuro para Alonso. Desde hace tiempo, el español tiene una oferta que podría considerarse un cheque en blanco para desembarcar en Toyota. Pero las carencias de un monoplaza que no funciona provocan el recelo del español. Su principal argumento en público siempre ha sido disponer de un «buen coche».

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