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PILAR G. BAHAMONDE
Domingo, 7 de octubre 2007, 03:21
Un hombre cuya vida ha estado marcada por dicotomías, ciudad versus montaña, Madrid versus Hollywood. Ha disfrutado y protagonizado una vida de intensas relaciones sociales cargada del glamour del cine del que lo sabe todo, para últimamente cambiarla por el recogimiento de una cotidianeidad en solitario que bien podría atribuirsele a un eremita. Vehemencia, rectitud, franqueza, un peculiar y manifiesto sentido del humor tal vez heredado, frescura, clase y excentricidad matizan de colores la arrolladora personalidad de Enrique Herreros, único hijo del celebérrico y polifacético dibujante y humorista del mismo nombre, de la popular revista 'La Codorniz'.
Este madrileño acaba de donar 81 obras de su progenitor cuya temática sobre los Picos de Europa refleja aspectos sorprendentes de los mismos.
Con ello contribuye al enriquecimiento del acervo de Cantabria propiciando la creación del que será el Museo Enrique Herreros y que en lo sucesivo se instalará en la Torre del Infantado de Potes.
Es hombre metódico y de constantes y tiene un rumbo marcado hacia el mundo del arte y la cultura a través de un patrimonio personal encomiable fruto de las creaciones de su progenitor y de aquel viejo consejo 'el que guarda siempre halla' que según él mismo dice su abuelo le prodigó.
Pero a sus ochenta años Herreros tiene un apoyo incondicional en su aventura lebaniega, Wences Rodríguez, el mismo que correteaba por el establecimiento de sus padres entre risas y caricias del padre de Herreros y quien hoy lo acompaña en todas aquellas gestiones necesarias en nuestra tierra para llevar al cabo su fin.
--Se sabe quién fue Enrique Herreros padre, pero ¿quién es de verdad Enrique Herreros hijo?
-Solamente, el hijo de Enrique Herreros. Eso es lo soy.
-¿Está usted siendo generoso o quizás justo con la donación de la obra completa de su padre sobre los Picos de Europa?
-No soy generoso sino sumamente interesado porque respeto y defiendo el vínculo que mi padre tenía con esta tierra en la que un 19 de septiembre de 1977 fue enterrado y donde mejor encajan las obras que estas montañas le instaron a crear.
-¿Por qué ahora? ¿Es una decisión que le llegó súbitamente y se dijo para sí "voy a hablar con el alcalde de Potes y a ver qué pasa"?
-Tengo 80 años señorita, y al poco de morir mi padre Camilo José Cela, (antes de la influencia de la Marina Mercante), me preguntó: "¿Qué vas a hacer con la obra de tu padre, cabrón? Yo ya tenía claro que su destino tenía que ser aquí y en el mes de octubre de ese mismo año ya comencé mi solicitud al regidor de entonces de la identificación de la villa de Potes con mi padre. Pero tras 30 largos años, por fin ha sido Alfonso Gutiérrez el alcalde que ha acometido la iniciativa y a quien estoy enormemente agradecido, a él y al versado consejero de Cultura, Francisco Javier López Marcano, hombre que enseguida se hizo cargo de la situación.
-Su padre se dirigía a la montaña como 'amada mía'. ¿Nunca le presionó para hacerle sentir lo que él sentía o hacerle ver lo que él veía?
-No, era un hombre con una pasión por mí muy diferenciada con su pasión por la montaña. La veía peligrosa para mí y conocedor de mi vértigo un día siendo niño me dejó colgado en una repisa dos horas, con eso se aseguró de que yo jamás me aproximase a ella, pero la respeto. Por otro lado él conocía cada palmo de estos Picos de Europa y sinceramente, estoy convencido de que llegó a ver al Naranjo de Bulnes casi como a una mujer porque lo fascinaba sobremanera y para mi padre una mujer significaba mucho. Su obra lo plasma hasta la saciedad.
-Cantabria es una tierra de gestas, de casta, exultante en su orografía cuyas cumbres desafían los cielos. ¿Es usted consciente de lo que repercutirá en esta región, paraíso del montañismo, una donación como la suya?
-En España suele pasar, porque así ha sido siempre, que tiene uno que morirse para que le reconozcan el éxito o la valía. Ojalá fuésemos un poco más franceses en ese chauvinismo que los caracteriza y defendiésemos más lo nuestro. En ese sentido me ha quedado de manifiesto que aún siendo españoles, los cántabros pujan fuerte por lo que aman y los concierne, y así lo hacen tanto el alcalde de Potes como el consejero de Cultura.
-"Fue una luz que nos deslumbró con su genio, de primer humorista, su sabiduría de gran dibujante, vicario de la mejor pintura, portaestandarte de la codorniz en portadas rebosantes de originalidad, surrealismo, poesía e inagotable cachondeo". Así definía Antonio Mingote a Enrique Herreros, ¿Cómo es como padre alguien que corresponde a esta descripción?
-Tengo que prestar especial atención para que no me consideren como a 'la madre de la folclórica' porque nada tiene que ver con la relación entre mi padre y yo. Él se preocupó porque yo tuviese una carrera y me formase en inglés. Y así lo hice, estudié Derecho y después me fui a Inglaterra a una granja a perfeccionar el idioma porque yo lo que quería era trabajar en el cine. Una vez formado él me apoyó siempre.
-Un niño sigue los pasos de su padre, ve en él un patrón y referente a seguir. Indudablemente el umbral estaba muy alto dada su genialidad ¿Ha sido fácil ser su hijo?
-Él era un ser afable que tuvo una desgracia, tenerme a mí, porque yo fui un joven muy rebelde e insoportable. Mi padre superó a Job en su paciencia.
-Voy a pronunciar un nombre, Paco Wences. Aquel quien al ser preguntado a cerca de esos maravillosos cuadros de Herreros que visten las paredes de su hotel me dijo: "Son parte de él en mi casa. No tengo nada que más signifique para mí. Fue mi segundo padre y ejerció de abuelo con mis hijos".
-Mi padre vivió en Liébana vinculado a la familia Wences sus últimos años de vida en una felicidad envidiable. Yo me encargaba de la empresa en América y viajaba de un lado para otro con el ritmo de vida propio de un hombre de negocios. Paquito compartía con él su pasión por la montaña y hacía que mi padre disfrutase de sus hijos como si fuesen sus nietos de Liébana. ¿Cuántas veces me pudo decir en Madrid que le encantaría tener una nieta como las mellizas de Paquito!
-Amante y asiduo a los Picos de Europa y a la tierra de Liébana encontró la muerte en ella, dedicado a su pasión, el montañismo. ¿A qué menester estaba usted entregado por aquel entonces?
-Yo estaba en Brasil, a mi llegada desde Los Ángeles, me estaban esperando varias personas de la empresa de México y la secretaria que era española, todos me miraron y supe que algo iba mal en España.Al día siguiente llegaba yo a Santander para estar con él.
-Y quiso ser enterrado en Potes, donde además tiene dedicada una calle
-Sí, Paco Wences eligió la tumba, aquí se sentía como en casa y yo tuve que dedicir si hacerlo o no en aquellos momentos tan delicados cuando había gente de Madrid que quería decidir por mí, pero lo comuniqué con claridad y contundencia.
-El epitafio que reza "montañero que murió en la montaña y hombre de bien" en la tumba de su padre en el cementerio de la villa fue escrito por su gran amigo Camilo José Cela. ¿Qué significó Cela en la vida de Enrique Herreros?
-Hay dos Celas, uno el de antes de la 'Marina Mercante' y otro el de después. El primero era íntimo de mi padre y un ser excepcional, una bellísima persona, que le dedicó además en 1959 su 'Cuaderno del Guadarrama'.
-¿Y en la suya? ¿Cómo filtró usted la personalidad de este carismático amigo de su padre?
-Se portó maravillosamente conmigo, como era propio de él. Parece ser que tras la muerte de mi padre él estuvo en Liébana y visitó la tumba de mi padre, días más tarde nos encontramos en Madrid y fue allí donde él vino a mí y me dió el epitafio que él quería poner en la tumba de su amigo. Inmediatamente lo hice grabar en su lápida.
-Hablando de epitafios, al lado de la tumba de su padre hay otra que ya lleva su nombre y el día en que usted nació, sólo falta la fecha que todos tememos y ninguno sabe. Enrique ¿A quién está retando usted? ¿Qué significa esto?
-Mire usted, yo soy un hombre de ciudad, a mí me hubiese gustado ser enterrado en la Plaza Porticada de Santander o en la Puerta del Sol en Madrid. Enterrarme en Potes será mi sacrificio porque nunca me gustó la montaña, pero mi sitio está al lado de mi padre, con él conviví 50 años y donde él esté, esa será mi casa. A mí, que no tengo familia me jodería que me enterraran por ahí y que pusiesen algo así como 'Aquí yace Enrique Herreros, hijo de Enrique Herreros y partidario del Fútbol Club Barcelona'. Como bien me calificó el señor Marcano soy merengón. Por cierto ese cementerio es una preciosidad, de lo más bonito del mundo, pero me da ¿que va a ser frío...! Sólo espero que los hijos de puta de los gusanos cuando yo les cuente mis historias, sean discretos y me arropen.
-¿Cuál podría ser su epitafio?
-Mi trayectoria de vida no merece ningún epitafio.
-¿Con cuál nos quedamos, de estos dos libros con "El sábado, a la sierra" o "Hay bombones y caramelos"?
-La primera obra que es de mi padre tiene más valor literario porque está escrita con la meticulosidad del hijo de una gallega, doña Blanca, al que le gustaba la montaña y con rasgos de humor es un libro muy apreciado por los montañeros. El segundo, que es mío, es un manifiesto de lo que yo he vivido y visto en el mundo y las gentes del cine.
-¿Puedo hacerle una pregunta personal?
-Por supuesto, adelante.
-¿Por qué no hay un tercer Enrique Herreros por la montaña, cuando usted es poseedor de tantos conocimientos que transmitir?
-Porque yo voy a morirme soltero y yo de padre soltero como esos que hay por ahí, pues, no me veo, mire usted. Además, no me he casado porque yo soy impotente para el matrimonio.
-"Volver a empezar" de José Luis Garci, primer oscar a una película española en 1983 y "Belle Époque" de Trueba en 1994 han sido dos éxitos suyos ¿Cómo se celebra eso?
-No se me olvidará nunca, eran las 6,20 de la tarde de 11 de abril 1983. Era el primer oscar que se iba a otorgar y yo que soy muy supersticioso no podía estar en el patio de butacas de lo nervioso que estaba, entre bastidores pegué un empujón a la puerta con portero incluido y entré en el momento exacto en que oí el nórdico acento de la actriz austriaca Luise Rainer pronunciando el consabido "and the winner is Volver a empezar". Emocionante y emotivo cuando Garci tuvo la gentileza de dejarme salir del teatro con la estatuilla en la mano.
-¿Sociedad americana o sociedad española? Usted es buen conocedor de ambas.
-Creo que hay cosas de los americanos que nosotros envidiamos y hay cosas nuestras que ellos deberían envidiar. No hay sociedad perfecta en sí misma, a mí me gustan las mezclas, por enriquecedoras. No obstante, prefiero vivir en mi pueblo, en Madrid, aunque mi segunda ciudad es por su puesto Los Ángeles, donde ha transcurrido gran parte de mi vida.
-Nati Mistral, Carmen Sevilla, Sara Montiel, Julio Iglesias forman o formaron parte de su cotidianeidad.
-A Nati Mistral me hubiese gustado haberla podido llamar madrastra. Es una mujer excepcional que rebosa cultura por los cuatro costados. Con Carmen Sevilla y sus peculiaridades he trabajado y es un encanto. Con Julio Iglesias empecé pero no llegamos a congeniar y que iba a llegar lejos se veía venir.
-Enrique, ¿hombres y mujeres nacemos iguales y nos hacemos diferentes?
-El hombre es el ser más estúpido del planeta, porque hasta hace poco creía que era un ser superior en la creación y aquí no hay ser más superior que la mujer. Fíjese en las universidades, ella es más inteligente, más fuerte, más mala y más constante. La mujer dominará el mundo.
-Veamos, La Codorniz pasó de costar 1,50 pesetas en 1945 a costar 3 en 1949, 4 en 1955 y 5 pesetas en 1959. ¿Cuánto cuesta a día de hoy?
-Hoy es una joya, con un humor fruto de la sutileza de una época que ya no vuelve. y como tal ya no tiene precio.
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