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TRIBUNA LIBRE

Santa Cecilia y la música

ENRIQUE CAMPUZANO RUIZ

Jueves, 22 de noviembre 2007, 01:35

La festividad de Santa Cecilia es una buena ocasión para que muchos de nuestros músicos, coros y corales, fuera ya del ajetreo veraniego y retomados los ensayos semanales, se pongan en forma para montar nuevas obras y enriquecer así su repertorio. Este es el caso de la octogenaria Coral de Torrelavega, decana de las agrupaciones musicales de Cantabria, que me pide que escriba alguna cosa sobre la Santa patrona de la música y de los músicos. Tarea nada fácil, teniendo en cuenta los avatares que a lo largo de los siglos han implicado a esta legendaria Santa, cuya vida se confunde en el marasmo de las hagiografías y comentarios interesados.

Así el patronazgo sobre la música no es muy antiguo. Fue en el año 1594 cuando el Papa Gregorio XIII hizo oficial un nombramiento que venía reclamando desde hacía cierto tiempo -al menos desde finales del siglo XV- cuando los artistas comenzaron a pintarla con un órgano como atributo (recordemos el magnífico cuadro de Rafael del año 1515). Sin embargo, la asignación de un órgano a la Santa era producto de una confusión en la traducción de alguna fuente antigua que glosaba su beatífica vida, que al parecer no tuvo nada que ver con la música. En algunas narraciones de su martirio, incluso en los Cuentos de Canterbury (Cuentos de la segunda monja), a finales del siglo XIV, se cambia el significado de los instrumentos de tortura por los órganos musicales. Los textos antiguos dicen: «candéntibus órganis» y se interpretó como «canéntibuos (sinónimo de cantátibuos) organis», quedando fijada la traducción como: «Mientras sonaban los instrumentos musicales, ella cantaba en su corazón a su único Señor».

Según los primeros martirologios de los siglos IV y V hubo en Roma una Santa de nombre Cecilia que sufrió el martirio con su cuñado Tiburcio y su marido Valeriano. A éste le había hecho prometer castidad el día de su boda. Durante la persecución quizás de Diocleciano (a finales del siglo III) todos fueron martirizados, junto con el prefecto Máximo, que también se había convertido al cristianismo. Tras la tortura, a Cecilia se la condenó a morir ahogada en su propio baño, pero sobrevivió y entonces se decidió decapitarla. Pero el ejecutor no pudo cortarla la cabeza a pesar de que lo intentó tres veces y quedó la santa bañada en su propia sangre hasta que a los tres días falleció, no sin antes dar muchas limosnas a los pobres y disponer que a su muerte su casa fuera dedicada a templo. El Papa Urbano I la enterró en la catacumba de San Calixto, junto a obispos y santos. Se sabe que la actual basílica situada en el Trastévere romano había sido previamente una villa.

En el año 821 el Papa Pascual I mandó reconstruir la primitiva iglesia, pero no encontró sus reliquias y pensó que se las habrían llevado los longobardos durante su invasión. Sin embargo, eran necesarias para consagrar el templo y habíendosele aparecido en sueños la Santa, las encontró en otra catacumba, la de Pretextato, por la indicación de que a los pies del cuerpo había unas ricas ropas manchadas en sangre. También recogió otras reliquias de sepulturas cercanas, que identificó como las de sus compañeros. Todas ellas fueron depositadas bajo el altar del nuevo templo.

No fue hasta casi ocho siglos más tarde cuando, en 1599, el cardenal Paolo Sfonfrato, impulsado por la reciente declaración de su patrocinio musical y ante la proximidad del año jubilar 1600, abrió el sepulcro y dijo haber encontrado a la Santa incorrupta y en la misma posición que la describía el Papa Pascual, y encargó hacer una imagen al escultor Stéfano Maderno, en mármol. Esta extraordinaria figura yacente, con un tajo en el cuello, es la que se venera en dicho lugar y una copia está depositada en el lugar de las catacumbas en el que supuestamente fue encontrada. Su festividad se celebra el 22 de noviembre, que no se sabe si fue el día de su nacimiento o de su muerte.

A partir de entonces, tanto pintores como músicos dedicaron obras en su honor, entre ellos Rubens, Botticini, Orsi, Guido Reni o el Dominichino. Entre las composiciones musicales destacan las de Henry Purcell, Alessandro Scarlatti, Charles Gounod y Benjamín Britten. Más trivial es la representación de la Santa en el reverso del billete de 20 libras (Reino Unido) junto a la figura del compositor Elgar. En Cantabria es escasa la iconografía de Santa Cecilia, en la que destaca un lienzo barroco conservado en el Seminario de Monte Corbán. Sea como fuere, su onomástica nos sirve a los melómanos para celebrar y propagar anualmente nuestra mayor afición: la música.

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