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A. RALLO
Miércoles, 28 de noviembre 2007, 01:41
La tensión se apoderó a última hora de ayer de la cárcel de Picassent y se mantenía al cierre de esta edición. Tres conflictivos presos internados en el módulo de ingresos de la unidad de cumplimiento, armados con pinchos de confección casera, se amotinaron pasadas la seis de la tarde y retuvieron a tres funcionarios. Los reclusos amotinados son los tres sospechosos de la muerte de otro interno, fallecido el pasado 4 de noviembre al clavarle unas tijeras. Los presos estaban aislados por decisión de la dirección de la cárcel de Picassent.
Los amotinados abordaron a los funcionarios en el interior del módulo de ingresos y los intimidaron y redujeron con armas de fabricación casera. Las mismas fuentes indicaron que los reclusos protagonistas del altercado cumplen condena por robo y tráfico de drogas y están considerados como «internos conflictivos». Al menos de uno de los funcionarios se encuentra herido como consecuencia de los golpes que le propinaron los internos. El subdelegado del Gobierno, Luis Felipe Martínez, negó, no obstante, que hubiera lesionados. Los presos se hicieron con uno de los walkies de los funcionarios para exponer sus condiciones a los responsables del centro penitenciario.
Motivos
Martínez dijo desconocer los motivos exactos de la sublevación, aunque las fuentes consultadas aseguraron que los tres reclusos pidieron droga. Entre otras de sus primeras reclamaciones se encontraba la de un teléfono para poder hablar con el exterior y pastillas para dormir. Al instante, la dirección de la prisión entabló negociaciones con los internos, apoyados por los médicos y psicólogos de la cárcel valenciana. Los exteriores de la prisión comenzaron a llenarse de efectivos de las Fuerzas de Seguridad y de Emergencias.
Hasta la prisión se desplazaron también vehículos de bomberos y ambulancias. Al cierre de esta edición se movilizaban también agentes de élite de la Unidad Especial de Intervención (UEI) de Madrid ante la posibilidad de tener que intervenir. No obstante, tanto el subdelegado del Gobierno como desde Instituciones Penitenciarias aseguraron que el motín estaba siendo protagonizado por un «reducido» grupo de internos. Calificaron de «normalidad» la situación existente en el resto del establecimiento penitenciario. La puerta de entrada de la cárcel de Picassent registraba al cierre de esta edición una gran expectación. Hasta una veintena de periodistas y reporteros gráficos se congregaron en los accesos al establecimiento penitenciario valenciano para controlar la evolución de los hechos.
El subdelegado del Gobierno en la Comunitat aprovechó su comparecencia ante la prensa para transmitir un mensaje de tranquilidad a los familiares de los funcionarios y los presos. «No pasa nada, la situación está controlada», aseguró Martínez cuando aún seguían retenidos los tres vigilantes.
Otros casos
Al menos siete motines carcelarios se han producido en España en la última década. El más grave de ellos fue el ocurrido en noviembre de 1990 en la cárcel de Fontcalent. En aquella fecha, un grupo de internos secuestró a cuatro funcionarios y dos maestras. Durante la revuelta falleció un preso y otros dos resultaron heridos. El motín finalizó con la irrupción de la Guardia Civil. La ciudad de Valencia también fue escenario de un multitudinario motín. El 2 de enero de 1992, unos 300 reclusos de la antigua cárcel Modelo de Valencia se sublevaron después de que se produjera un apagón en el centro penitenciario.
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