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ROCÍO MENDOZA
Martes, 19 de febrero 2008, 01:22
Las gasolineras suelen lucir carteles en los que piden a los conductores que no dejen las llaves puestas en el vehículo cuando se bajen a repostar para evitar robos. Pero después de lo ocurrido en una gasolinera granadina se impone un replanteamiento de estos avisos: «Ni las llaves puestas ni pasajeros dentro». El pasado viernes la realidad volvió a superar la ficción en Granada cuando un joven vio cómo un ladrón se llevaba su todoterreno de la gasolinera donde paró a repostar, pero con su madre incluida dentro. Al final recuperó a ambos, pero ninguno de los dos olvidará el episodio, quizá el más rocambolesco de sus vidas.
El inicio de la historia no tenía nada de extraño. Hijo y madre, una señora de 58 años, pararon en una estación de servicio ubicada en el Camino de Ronda sobre las nueve de la noche del viernes. El joven acudió a abonar el importe de la gasolina antes de llenar el depósito. Su madre esperaba dentro, en el asiento del copiloto, por lo que no vio problema en dejar las llaves puestas. Según la información aportada por testigos de los hechos y por la Comandancia de la Guardia Civil de Granada, en las inmediaciones se encontraba merodeando un hombre «con muy mala pinta». Y en esta ocasión las apariencias no engañaron.
Estupefacción y nervios
En un instante, sin que nadie se percatase de la maniobra del personaje, «oyeron chirriar» las ruedas del todoterreno que abandonaba la gasolinera a toda prisa. «Uno de los trabajadores pensó que se trataba de uno más que se había ido sin pagar», explicaron testigos de lo ocurrido. Pero cuando el joven salió de la tienda, no vio su coche y preguntó si algún empleado lo había movido del sitio fueron conscientes del entuerto. El hijo de la madre recién secuestrada reaccionó con «estupefacción». Luego vinieron los nervios.
Mientras en la gasolinera se llevaban una mano a la cabeza y la otra al teléfono para avisar a la Policía, en el coche, la señora reaccionó con valentía y sacó fuerzas nada propias de su edad. La mujer pensó que el caco quería robarle el bolso, por lo que se agarró con fuerza a él. Pero cuando vio que el objetivo del caco era el coche, reaccionó golpeándole y forcejeando con él. Fue inútil. El ladrón no tuvo ningún inconveniente en incluir a la mujer en el botín y emprendió la huida hacia el Camino de Purchil. En el trayecto, la mujer intentó por todos los medios abortar la azarosa huida del ladrón. Y utilizó sus escasos recursos: sus manos.
A golpes
Le empujó, le pegó, se defendió y, sobre todo, le tiró del pelo con todas sus fuerzas. Tanto que se quedó con un mechón en la mano. Y en el momento de pánico no perdió la frialdad. Dos muestras de ello: se guardó el mechón de pelo del ladrón y no perdió de vista que su objetivo era bajarse de aquel vehículo fuese como fuese. Finalmente, pudo hacer esto último. Aprovechó que el delincuente tuvo que reducir la velocidad para saltar del coche en marcha. Sólo sufrió heridas leves.
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