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ÍÑIGO FERNÁNDEZ
Domingo, 9 de marzo 2008, 02:15
Es difícil encontrar a alguien que hable con tanto cariño de Cantabria, a pesar de que, como dice, no nació cántabro «porque me nacieron fuera». Pero transmite pasión cada vez que se refiere a la región, a sus montes, a sus lluvias, a sus casas, a sus familias... Dice que detiene su coche en lo alto del puerto de El Escudo cada vez que, de visita, atraviesa la cordillera Cantábrica. Esa es la emoción que le produce regresar a la tierra.
Se llama Santiago Cobo Cobo y en Cádiz es una personalidad. Empresario de hostelería, lleva afincado en la provincia desde hace 27 años, cuando regresó de una breve aventura en Venezuela, de la que desembarcó en Barajas la tarde-noche del 23 de febrero de 1981. Una fecha difícil de olvidar.
En la actualidad, la sociedad de la que forma parte -todos cántabros- posee tres hoteles en El Puerto de Santa María. Además, fue presidente de la Confederación de Empresarios de la Provincia de Cádiz y miembro de la ejecutiva regional de la CEOE en Andalucía. Y, sobre todo, es conocido en Cádiz como el marido de la alcaldesa, Teófila Martínez, aunque su trayectoria no tenga nada que envidiar a la de su mujer, pues él mismo es una personalidad no sólo en El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera, donde funcionan sus negocios, sino en toda Andalucía.
- ¿Cómo llegaron ustedes a Cádiz?
- Mi primer contacto con la bahía de Cádiz fue en el año 75, en que yo llego como profesional a negociar el alquiler de un hotel para la compañía para la que trabajaba. Posteriormente, en el año 81, llego a un acuerdo con la compañía. Yo me quiero independizar y consigo que me lo traspasen. De todas las zonas en las que había trabajado, esta me parecía que era una de las que tenía más futuro. Decidimos venirnos aquí en 1981 y desde entonces seguimos aquí.
- ¿De dónde desciende?
- Mi familia es de San Roque de Riomiera. Mis tres abuelos eran de allí y tuvieron que abandonar el valle, bajaron a Madrid, que era a donde los pasiegos, en este caso, bajaban. Allí montaron vaquerías.
- ¿Por qué hay esa diferencia entre el indiano, que siempre regresaba, y el jándalo, que se instala?
- Porque el jándalo normalmente era de ida y vuelta. El jándalo viene a trabajar de 'chicuco', de aprendiz. Hay veces que viene para ir a América y no embarca, y aquí encuentra un asentamiento muy importante de gente que va y viene. ¿Por qué? Porque lo tenemos cerca. Y al ser esta una tierra extraordinaria y de acogida, es muy fácil asentarse aquí. Esta es una tierra que te recibe, te integra, no te exige que tú participes de su vida y sus costumbres si no quieres, pero que te lo hace sencillísimo y facilísimo y, por tanto, es normal que se quede uno. Nosotros, nuestra familia, nos lo hemos planteado y en el futuro, quien nos quiera encontrar, nos tendrá que buscar o allí en la casa familiar, o aquí. Lo tenemos decidido Teófila y yo: que estaremos entre Cantabria y Cádiz. Nos encontramos perfectamente aquí, y eso es lo que hace que el indiano que se va a miles de kilómetros, tiene la nostalgia de volver, porque lo tiene muy lejos y no es un viaje fácil, mientras que el jándalo, mal que bien, tardaba dos días o tres en subir, pero iba y venía, iba y venía constantemente.
- ¿Nació en San Roque?
- No. Los tres abuelos. sí. A mi me nacen fuera y soy el último de una familia de pasiegos que tuvieron que salir. Mis tres primeros apellidos son Cobo. Mis tres abuelos eran de Merilla, de Carcabal y de San Roque, pero todos del mismo lugar. Uno de ellos murió en Argentina y los otros dos murieron en Madrid, porque teníamos vaquerías en Madrid.
- Hay quien dice que la gente más competente, más ambiciosa y más emprendedora fue la que se marchó, no la que se quedó.
-Bueno, lo que ocurre es que, cuando sales, son tales las dificultades que te encuentras, que espabilas de narices. Mi suegra siempre decía que todos los que habían ido a América habían hecho fortuna, menos uno de la familia al que mandaron con dinero. Por eso digo que los que salieron no eran mejores, sólo que lo tuvieron más duro.
-Vamos a hablar de sus negocios.
-Yo vengo aquí en el año 1981 para alquilar un hotel. Era el hotel Puerto Bahía, en El Puerto de Santa María. Hice lo clásico de los pasiegos: primeros arriendas la finca y luego, cuando sabes que es buena, intentas quedártela. Luego nosotros no pudimos acceder a la compra de ese hotel y en el año 1987 nos quedamos un poco colgando. Entonces busqué socios locales y promoví un hotel en El Puerto de Santa María: el 'Hotel Santa María'. Y busqué también socios cántabros. Lo primero fui a buscar a la familia y entraron varios primos. Creamos otra empresa, hicimos otro hotel y se llama 'Los Jándalos', en El Puerto. Posteriormente promovimos otro hotel en Jerez que se llama 'Los Jándalos Jerez'. Así que en este momento, gracias a ellos, que son los socios capitalistas, y gracias a Dios que existen los socios capitalistas, pues tenemos tres hoteles en la zona de la bahía. Y ahora estamos con otra operación. Hemos comprado una nave en El Puerto, una bodega preciosa junto a la plaza de toros, que estamos en este momento arreglando y adaptando para hacer allí un centro de celebraciones, congresos y banquetes. En definitiva, que estamos completamente metidos en el lío, gracias a una compañía netamente gaditana, de socios cántabros.
-¿Cuándo entró a presidir el colectivo de empresarios de Cádiz?
- En 1992. Yo había sido miembro de las organizaciones empresariales de aquí y ese año me eligieron miembro de la Confederación de Empresarios de la Provincia de Cádiz, que es otra muestra más de cómo se nos acoge aquí. Fíjese que, en un momento determinado, un matrimonio de foráneos, como éramos Teófila y yo, ella alcaldesa de la ciudad-capital y yo presidente de los empresarios de la provincia. Eso le da a usted una idea de cómo se nos considera. No sólamente se nos acepta sino que se nos integra de una manera extraordinaria. Estuve desde 1992 hasta 2001 como presidente de la confederación y como miembro del comité ejecutivo de los empresarios de Andalucía y de la junta directiva de CEOE. Estuve esos ocho años y medio, coincidiendo con la crisis durísima del 92. Fue una experiencia magnífica para mí. Me permitió conocer más aun la provincia y su gente y conocer muchas personas magníficas.
- ¿Cómo se explica que vengan ustedes de fuera, trabajen hagan negocios, etc, y luego, Cádiz sea la provincia de España más pobre en índices de renta, en desempleo...?
-Bueno, porque yo siempre he dicho que esta es una provincia dual. Es una provincia en la que, en un momento determinado, el régimen anterior decidió hacer grandes inversiones en macroindustrias y en sectores públicos, y eso le dio a la provincia evidentemente un desarrollo, una estabilidad y una tranquilidad, pero también, y no quiero ser cursi, la adocenó. Esta era una zona de empleados públicos, de trabajadores públicos, en los que la exigencia era como era. Y luego estaba la otra parte de la provincia, que se lo tenía que currar.
-¿Y con muchos desequilibrios territoriales?
- Sí. Son tres provincias.
-¿Y el resto de Andalucía?
-Es una zona pujante Málaga, Sevilla vive de la capitalidad, es decir, de todos los demás, y Huelva está mejorando. Tenemos una capacidad de generación de materias primas impresionante, pero hemos tenido poco desarrollo y poca industrialización vinculada a toda nuestra producción de materias primas.
- ¿Hay especiales relaciones económicas entre Cádiz y Cantabria?
- No las hay. Hay mucha relación por todo este tránsito de sentimientos y de personas, pero en el aspecto económico no hay un vínculo concreto.
- Por último, en 27 años, ¿qué es lo que más he echado en falta del Norte?
- La verdad es que no hemos echado nada en falta, en el sentido de que nosotros hemos tenido una permanente visita. Teníamos la casa familiar abierta, teníamos allí a mis suegros y nosotros íbamos y nuestro hijo ha pasado siempre los veranos allí, desde junio hasta octubre, con los abuelos. A veces, cuando aquí está tres o cuatro meses sin llover, echamos en falta la sensación de la lluvia. Eso es lo que a Teo le encanta, cuando dice «¿cómo me gusta estar en casa viendo llover y con la chimenea puesta!». Esa quizá sea una de las cosas, porque siempre hemos mantenido las visitas y hemos mantenido la relación con toda la familia. En ese sentido no hemos tenido esa añoranza. Sí me gustaría tener un periodo de días largos e ir a recorrer toda la provincia. Esa es la única cosa que tengo, que en cuanto pueda lo hago. No te agobia, porque tu tienes tu vida y estás acostumbrado a vivir en donde sea, pero crees que tienes una vinculación con el territorio, que tienes unas raíces y que tienes esas querencias hacia la tierra. A lo mejor yo lo tengo más acentuado que Teófila, porque yo la he vivido menos y la he querido más en el ideario.
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