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T. GARCÍA YEBRA
Lunes, 21 de abril 2008, 03:22
En España se publican, aproximadamente, 80.000 títulos al año. No exageraríamos si dijéramos que diez veces más -cerca de un millón- son los ejemplares que cada año buscan una oportunidad. Novelas, ensayos, cuentos, 'minicuentos', biografías, autobiografías, miles y miles de títulos son enviados indiscriminadamente a las editoriales en busca de una respuesta favorable.
¿Cuáles son los pasos que hay que dar para que una editorial se fije en lo que uno ha escrito?. Lo primero -aunque parezca una perogrullada- es que el texto esté correctamente escrito y decentemente presentado. «Hay manuscritos que se envían con faltas de ortografía, con borrones, oraciones sin sujeto ni predicado», comenta despectivo un directivo de un importante sello editorial. «Cuando esto se detecta, el manuscrito se arroja directamente a la trituradora».
La previa lectura -por parte de un amigo o varios amigos medianamente cultos- supone el primer tamiz. Además de tener un juicio sobre lo que uno ha escrito se pueden subsanar los deslices ortográficos o gramaticales. El siguiente paso es enviar el manuscrito a una o a varias editoriales. Pero, ¿a cuáles? El aspirante a escritor debe informarse acerca de qué sellos se ajustan mejor a su producto. Hay editoriales, como Anagrama, con una exigencia literaria muy alta. Hay otras, en cambio, que buscan un público masivo, lo cual requiere un tipo de escritura más convencional. «Al año recibimos, espontáneamente, unos 2.000 manuscritos; de ellos se edita un 1%, y si llega», asegura una portavoz de Anagrama.
Esta editorial, en los últimos años, ha sacado del anonimato a unos cuantos nombres, entre ellos Berta Serra, Guadalupe Nettel o Pablo d'Ors. «El primer libro que publicó José Antonio Marina, 'Elogio y refutación del ingenio', fue con nosotros, un ensayo que le abrió muchas puertas y que le consolidó como un gran pensador», afirma esta misma fuente. Resulta conveniente cerciorarse de que la editorial a la que se envía el manuscrito admite textos para su valoración.
Vender más de 1.000 ejemplares en nuestro país -cuando no se es un autor conocido- supone toda una heroicidad. Es tal la avalancha de títulos que resulta complicadísimo conseguir un hueco en las mesas de novedades. Editoriales de fuerte implantación, como Destino, comienzan a estar satisfechas cuando un título suyo vende la mitad de la tirada. Es decir, en un lanzamiento de 5.000 ejemplares vender, al menos, 2.500.
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