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Los alumnos del colegio Fernando Arce, de Torrelavega, visitaron Parque Dinosaurio. / D. P.
Viveda regresa al tiempo de los dinosaurios
DOMINGO - I

Viveda regresa al tiempo de los dinosaurios

El Palacio de Peredo acoge la mayor exposición temática de Europa, apta para pequeños paleontólogos y amantes del mundo jurásico

MARIÑA ÁLVAREZ

Domingo, 18 de mayo 2008, 13:20

El día que el temporal empotró un coche contra la luna del hotel Chiqui, tres enormes dinosaurios acabaron encastrados en el muro del Palacio de Peredo. Quién sabe qué cara se les quedaría a los testigos de la jurásica estampa. Sí hay datos del terror de una vecina de Viveda cuando, el pasado mes de febrero, vio con sus propios ojos un triceratops 'sobrevolando' los muros de la finca, y luego un velocirraptor y un brachiosaurios... Ignoraba todavía que se estaban mudando al Palacio de Peredo sus 16 nuevos inquilinos, en una titánica misión en la que participaron grúas, todoterrenos, trailers... El particular viaje también causó en las inmediaciones un accidente de esos de 'chapa y pintura' entre dos conductores atónitos... Son las anécdotas de un parto soñado, el de los padres de Parque Dinosaurio, que desde marzo, y hasta el marzo próximo, ocupa la planta baja y los jardines del emblemático edificio de Santillana del Mar.

Hoy es la exposición temática itinerante con más piezas de toda Europa, y están creadas con tal realismo «que algunos niños lloran de miedo y se agarran a sus padres, aunque cuando se les explica que no son de verdad se tranquilizan y deambulan por el espacio encantados», dice Juanma Sopeña, uno de los tres socios de la empresa vasca 'Asome 2000' junto con su mujer, Yolanda Méndez, y Óscar, el hermano de ésta. Los tres apostaron por un proyecto que trata de hacer realidad los mastodónticos sueños de los niños y ofrecer una estupenda alternativa de ocio en Cantabria para todos aquellos que deseen pasar una tarde con los que gobernaban el mundo hace 65 millones de años.

Suele suceder que las ideas maravillosas surgen de las mentes infantiles. En este caso, también fue así. Aitor, hijo de Juanma y Yolanda, suspiraba por visitar un gran parque de dinosaurios. Después de recorrer con sus padres miles de kilómetros -hasta Estados Unidos viajaron- ninguno satisfizo sus expectativas de pequeño paleontólogo. Aquí estaba la oportunidad de negocio y a ella se entregaron por completo los padres y el tío de Aitor, convencidos del éxito de un proyecto que comenzó siendo un sueño «y acabó por quitarnos el sueño».

Las piezas fueron fabricadas en una empresa de Huesca dedicada a la construcción de decorados cinematográficos. El resultado salta a la vista: «Son de resina y llevan un baño de poliuretano, son tan resistentes y elásticas que el temporal no les causó ni un rasguño. Los pigmentos naturales, los pliegues de la piel, la expresión de los rostros.... Son casi perfectos», dice Óscar. Y casi, casi, igualan en dimensiones a los originales. La pieza más grande es el brachiosaurios, el del cuello largo, que pesa más de una tonelada y mide 9 metros; pero el favorito de los tres es el triceratops, un mastodonte de 8 metros, 600 kilos y desafiantes cuernos. Tienen dos, el adulto y su cría, ambos tan bien hechos que es fácil imaginárselos correteando en el mismo entorno hace unos cuantos millones de años. Precisamente, el paisaje de la zona animó a los empresarios a apostar por Cantabria como primer destino de su exposición itinerante. El proyecto consiguió poner en valor un palacio poco conocido, «que estaba lleno de mugre». Comparten edificio con la escuela taller municipal y aulas de asociaciones locales (en el piso superior). La planta baja está dedicada por entero a Parque Dinosaurio, con un amplio espacio en el que los visitantes pueden participar en concursos de dibujo y recorrer un palacio emblemático. El exterior es un gran jardín, en el que tumbarse, pasear, escuchar el canto de las ranas del estanque y permitirse el lujo de mirar a los ojos a los dinosaurios sin convertirse en su almuerzo.

Así es hoy esta apuesta que, en un futuro, tendrá el doble de piezas, eso sí, supervisadas por Aitor, «que a sus ocho años sabe muchísimo más que nosotros», reconocen. Durante los próximos años los dinosaurios seguirán recorriendo España hasta su emplazamiento definitivo en quién sabe qué parque jurásico.

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