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J. A. B.
Viernes, 18 de julio 2008, 11:08
El mundo financiero cree que, a pesar de los síntomas de crisis que ya padece la economía española, las cosas irán mucho peor el próximo año, debido a que al desplome del sector inmobiliario y las dificultades crecientes para obtener liquidez -no sólo a nivel nacional- se ha unido el fuerte encarecimiento de los productos energéticos, muy en especial los combustibles. Por este motivo, el Fondo Monetario Internacional ( FMI ) no cree que el producto interior bruto (PIB) de España pueda aumentar más de un 1,2% en 2009 -medio punto menos de lo que pensaba en abril-, en lo que supone casi el único recorte drástico de sus previsiones pues contempla una cierta mejora para el resto de países, incluido Estados Unidos. No obstante, prevé que aún puede crecer a una tasa del 1,8% en 2008, si bien aquí la propia Asociación Española de Banca (AEB) se muestra más pesimista y sólo espera un alza del 1,5% en el presente ejercicio y poco más del 1% el que viene.
Aunque apenas entra en detalles, el FMI advierte que la situación que padece la economía española es, cuanto menos, «difícil», entre otras cosas porque el deterioro de la actividad durante el primer trimestre (en el que apenas se elevó tres décimas) ha sido más importante de lo que la mayoría de los analistas esperaban y, lo que es más grave, la coyuntura ha ido a peor durante la primavera y ha provocado que se comience el verano en unas condiciones delicadas.
Con estos parámetros, los técnicos del Fondo han optado por 'castigar' a España con un recorte severo en sus previsiones para 2009, de manera que dejaría de crecer por encima de la 'zona euro' para igualar su media (1,2%), con una tasa aún superior a la de Alemania (1%), Italia (0,5%) o Estados Unidos (0,8%), pero por debajo de Francia (1,4%), Reino Unido (1,7%), Canadá (1,9%) e incluso Japón (1,55).
En cualquier caso, el FMI sí ve la luz al final del túnel, como demuestra el hecho de haber elevado las previsiones de algunos países, sobre todo EE UU (un 0,8% más para este año y un 0,2% para el próximo) y Alemania (0,6%). Y es que, a pesar de la encrucijada en la que cree se encuentra «atrapada» la economía mundial, entre la «abrupta desaceleración de la demanda en muchas economías avanzadas» y la inflación creciente a nivel internacional, considera que en 2008 se expandiría aquella un 4,1%, cuatro décimas más de lo que creían los técnicos a principios de primavera, y en 2009 un 3,9%, por lo que creen que «puede esperarse» una recuperación moderada de la actividad económica en su segunda mitad.
Para otros organismos internacionales, sin embargo, las expectativas de España no han cambiado. Es el caso de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Comisión Europea, que aún contemplan un avance del PIB del 1,6% y el 2,2%, respectivamente, durante este ejercicio, y del 1,1% y el 1,8% en el siguiente. A nivel interno, las estimaciones que hace la patronal bancaria española son, en parte, incluso peores.
Aumento del déficit
Con un análisis que coincide en líneas generales con el del FMI -añade el repunte de los precios más allá de la energía-, constata que la economía tiene ahora menos capacidad para generar empleo mientras el paro aumenta con «rapidez», hasta el punto de que cree su tasa superará el 11% durante 2009, valoración en la que coinciden ya casi todos los expertos.
Afirma, no obstante, que el país tiene elementos suficientes para «atenuar y acortar esta fase de ajuste» -entre los que cita los resultados «sólidos» de las empresas, la inversión en bienes de equipo o un sector financiero «rentable y competitivo»-, pero considera que ello no impedirá que las cuentas públicas vuelvan a entrar en números rojos a medio plazo -no descarta un déficit de hasta el 2% del PIB en 2009 o 2010-, ni tampoco permitirá reducir la elevada necesidad de financiación que padece la economía nacional, por encima del 10% del PIB.
Con todo, lo más preocupante a corto plazo para los bancos es la inflación, pues creen que entre julio y agosto, e incluso septiembre, podría dispararse hasta una tasa del 5,5% -si bien esperen que el ejercicio próximo se reduzca a niveles cercanos al 3%-. Consideran «totalmente contraproducente» y «muy poco oportuno» trasladar esas subidas, que creen coyunturales, a las revisiones salariales en un contexto como el actual, de menor crecimiento económico y creación de empleo.
En la misma línea, solicitan una mayor flexibilización del mercado de trabajo, de manera que se puedan «replantear» algunas modalidades de contratación, así como que dentro de la negociación colectiva se acepte una vinculación directa entre las retribuciones laborales y la productividad, en la línea de lo repetido en varias ocasiones por el vicepresidente económico, Pedro Solbes.
Este último aclaró ayer que el Gobierno no trabaja ahora mismo en «grandes medidas nuevas» para atajar la crisis, sino en desarrollar todas las que ya se conocen.
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