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TEODORO SAN JOSÉ
Sábado, 26 de julio 2008, 12:49
La «excepcional conservación y abundancia» del ámbar con insectos que ha surgido en el yacimiento de Rábago (Herrerías) y cuyo descubrimiento se dio a conocer el jueves, encierra otro valor intrínseco a la mera datación de hace 110 millones de años. El paleontólogo Enrique Peñalver resumía así el tesoro que va a dar aún más notoriedad al hallazgo: «La mayoría de los insectos que aparecen están extinguidos. Todo lo que sale es nuevo y, por tanto, muy interesante». Para la geóloga Gema Fernández Maroto, profesora titular de Geología y Mineralogía de la Escuela de Ingeniería Técnica Minera de Torrelavega, «es un descubrimiento fantástico desde el punto de vista geológico y de valor incalculable desde el punto de vista científico».
El paleontólogo, especializado en el estudio de insectos fósiles del Mioceno y del Cretácico, da por hecho que habrá «nuevas sorpresas» en el yacimiento próximo a El Soplao en cuanto a insectos, arácnidos y otros artrópodos, y Peñalver puso como ejemplo el trozo de tela de araña con presa que ha aparecido en el ámbar. La geóloga, por su parte, entiende que el afloramiento de Rábago «añade aún más valor geológico a la que ya tiene El Soplao».
«Sin duda, lo que ha salido en esas primeras muestras permitirá conocer el pasado de la historia geológica de lo que hoy es Cantabria», indica Gema Fernández. Esta profesora de Mineralogía, que califica de «fantástico» el descubrimiento, entiende que el ámbar y lo que contiene «nos podrán decir qué condiciones había hace 110 millones de años en esta zona, el ambiente, el clima de la época... Pero, sobre todo, qué tipo de vida se daba entonces en base a los insectos, polen, semillas y vegetales que han quedado atrapados en el ámbar».
Recuerda Fernández que hace 110 millones de años, de cuando está datado lo descubierto en el yacimiento cántabro, «esto era un mar somero y había un clima subtropical, con un ambiente muy húmedo y una vegetación principalmente de coníferas». Esas coníferas, del tipo araucaria, se caracterizaban por las denominadas 'chorreaderas' de resina, que acababan atrapando insectos y restos orgánicos y vegetales. Y ahí radica su importancia científica, dice Fernández.
Información científica
«Con todo ello se puede reconstruir las condiciones medioambientales y descubrir y conocer organismos diferentes hoy desaparecidos que dieron lugar a otros que se fueron adaptando». La geóloga explica que la información que va a aportar el ámbar puede ser de «incalculable valor científico» porque, por las referencias que tiene, ese ámbar «guarda tesoros, además de lo que revele sobre la vida, organismos vegetales y animales y el clima».
La profesora de Escuela de Ingeniería torrelaveguense, a la espera de conocer más a fondo detalles sobre contenido del descubrimiento de Rábago, cree que por las referencias «puede ser de lo más importante» conocido sobre ámbar con insectos, y no descarta que pueda haber más «si, como parece, en esa zona fue rica en abundante vegetación de ese tipo de árboles». De lo que está segura es que el reciente descubrimiento «abrirá más puertas de investigación» en aquella zona de El Soplao.
De momento, lo que importa, según Gema Fernández, es la seguridad del afloramiento: «Ese yacimiento es importante y necesita un tiempo de investigación por lo que requiere medidas racionales de protección».
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