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ALFONSO ARMADA
Domingo, 3 de agosto 2008, 03:11
Las carreteras se van volviendo cada vez más exiguas, los bazares volcados en la vía pública donde se arracima una muchedumbre ávida vestida con telas vivísimas se van quedando atrás, y el asfalto acaba siendo sustituido por la tierra batida. En un recodo del camino, en el interior del estado de Tamil Nadu, el más meridional del subcontinente indio, se encuentra la aldea de Alency, donde reside una comunidad dalit, los intocables, la casta más baja de la estratigrafía social india, los puros parias. Las mujeres esperan sentadas en el suelo, sin esterillas entre sus saris y la tierra. Los más «pobres entre los pobres» suman unas 796 familias en la diócesis de Kottar, a la que pertenece Alency. Se dedican a lavar y planchar la ropa o hacer de peluqueros de los vecinos de la misma aldea que no son intocables. No reciben ayudas ni del Gobierno ni de la iglesia (salvo créditos a través de Cáritas, a bajo interés) y con lo poco que sacan para vivir no siempre pueden enviar a los niños a la escuela. Ellos son dalit cristianos, todavía un escalón más abajo de los dalit hindúes. Y si son mujeres dalit, todavía están más abajo, a la altura del polvo del camino. En otra localidad, Kurukkuchalai, entre Cáritas y los carmelitas han levantado una casa de acogida para niños dalits y afectados por el tsunami de 2004.
Aproximadamente el 16 por ciento de los habitantes de la India pertenece a los dalits (oprimidos) y ocupan el rango más bajo de la sociedad en un sistema de castas de 3.000 años de antigüedad. En sánscrito, casta se escribe 'varna', que significa color. Mientras que en la Biblia cristiana Dios fabricó a Adán de barro y de una de sus costillas diseñó a Eva, el hinduismo enseña que los humanos fueron creados de las diferentes partes del cuerpo de una divinidad, Brahma. Según la parte del cuerpo de la que provengan, los humanos se dividirán en cuatro castas básicas, que fijan su estatus, con quién pueden contraer matrimonio y qué clase de oficios pueden desempeñar.
Los hindúes consideran que los intocables están incluso por debajo de la cuarta casta, la que desciende de los pies de Brahma. Los dalits serían como el excremento, algo fuera del cuerpo del Ser supremo, el dios de dioses. Gandhi se convirtió en un adalid de los dalits durante su lucha para acabar con el dominio británico (que sólo concluyó en 1947). Sin embargo, aunque el sistema de castas fue oficialmente abolido por la ley en la práctica diaria no ha sido eliminado: la lealtad a las castas prima por encima de otras consideraciones, y eso es evidente en zonas rurales como en el interior de Tamil Nadu.
Creencia y espiritualidad
En octubre de 2006 miles de intocables hindúes organizaron una marcha para convertirse de forma masiva al cristianismo y al budismo: fue una forma de protesta política de los más desfavorecidos contra las normas que prohíben renegar del hinduismo y salir de una condena milenaria. De eso habla, pero poniéndolo al trasluz, la poeta Chantal Maillard en sus 'Diarios indios': «No está loco, en cambio, aquel que utiliza las religiones con fines políticos, pues ésta es y ha sido siempre la función de las mismas: la agrupación social, la unidad territorial y el afianzamiento del poder de quien gobierna. En un poblado, seiscientos hindúes de casta baja se han convertido en masa, recientemente, al cristianismo. Lo han hecho en protesta por los malos tratos que reciben. ¿Locura, utilizar la espiritualidad para cuestiones sociopolíticas? Lo sería, tal vez, si se tratara de espiritualidad, pero no es así. Nada tiene que ver la espiritualidad con las creencias. «Yo creo en lo que tú crees» significa «soy tu aliado» y el enemigo es, entonces, el enemigo común. Significa «yo me agrupo con los otros yoes». Significa el afianzamiento de la diferencia en la superficie de lo común». El escritor Amit Chaudhuri, que acaba de publicar 'Clearing a Space: reflections on India, literature and culture', reprocha al nacionalismo hindú que hunda sus raíces no en creencias antiguas sino en el fascismo europeo.
La boda, única salida
La única forma que tienen de huir de sus cadenas de casta es a través de un matrimonio con alguien de una casta superior, como hizo Arul Pappa, de 28 años y tres hijos, casada con un no dalit, pero que no ha abandonado Alency. Trabaja para Cáritas. Si se van del pueblo y a no dicen que son dalit nadie sabrá que lo eran, porque su estigma no va con ellos. Sin embargo, si un dalit se enriquece, seguirá siendo dalit si quienes le rodean saben que procede del hemisferio dalit.
Cerca de 9.000 personas perdieron la vida en Tamil Nadu a causa del maremoto del 26 de diciembre de 2004. Con la ayuda de instituciones como Cáritas se han construido en los últimos años 950 viviendas. Son barrios de nueva planta, bien trazados, donde los pescadores, católicos en su mayoría -se nota la labor evangelizadora de san Francisco Javier a lo largo de la costa meridional de la India-, han logrado disfrutar por fin de casas dignas de tal nombre. Como las del nuevo barrio, casi una aldea, Obispo Leon Nagar, cerca de la ciudad de Azadnagar, que tras drenar una laguna salada han levantado casitas de una planta que resplandecen al sol.
La mayoría de los varones son pescadores (que pasan entre dos semanas y tres meses embarcados), de ahí que la columna vertebral de las familias y de la comunidad sean las mujeres. Ellas han formado una suerte de cooperativa, han organizado la recogida de basuras y han creado un eficiente centro de tratamiento de residuos: separan lo aprovechable y fabrican abono orgánico que luego venden.
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