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N. CAVIA
Viernes, 3 de julio 2009, 11:17
Los Corrales de Buelna es una de las pocas localidades del mundo en la que el paseante se puede encontrar con un monumento dedicado a la ONG Amnistía Internacional, colectivo al que no le resulta sencillo contar con ese tipo de homenajes. A pesar de todo, la organización está tan encantada como sorprendida por contar en Cantabria con dos monumentos, el indicado y otro en Santander. Juan Herrera, coordinador de Amnistía Internacional en Cantabria, reconoce que «en el resto del mundo este tipo de reconocimiento se pueden contar con los dedos de las manos».
Lo curioso es que, respecto al de Los Corrales de Buelna, se cumplen dos años desde su colocación en una rotonda céntrica del casco urbano, bien visible, pero sin que nadie le haya inaugurado. «Hemos tenido un poco culpa todos, Ayuntamiento y Amnistía», dice Herrera. La explicación es que se terminó de colocar al final de la pasada legislatura y «quedó en tierra de nadie». Recientemente Herrera lo comentaba con la alcaldesa de la localidad, Mercedes Toribio, y ésta se mostró interesada en inaugurar el monumento. Con toda probabilidad será en otoño, al inicio del curso escolar, con un acto oficial que coincidirá con la programación de varias actividades de Amnistía Internacional en Los Corrales de Buelna.
Obra y autor
El autor de la obra es de la casa; el arquitecto del Ayuntamiento, Ramón Gómez Sánchez, y el monumento fue realizado por encargo de la Corporación y finalizado en marzo del año 2007.
Gómez Sánchez explicó que con motivo de la construcción de una glorieta en el centro del pueblo la anterior Corporación «me dio la oportunidad de realizar un monumento a Amnistía Internacional. El encargo me resultó interesante y, sobre todo, apetecible. El único requerimiento de partida se refería a la obligación de que el monumento contuviese el logotipo universalmente conocido de la organización, esto es, la vela encendida aprisionada entre cables de espino». En cuanto a la obra, su intención fue «potenciar, la esencia del mensaje implícito en el icono tradicional, la opresión que sufre la materia débil, la cera de la vela, ligera, luminosa, por parte de un material duro, agresivo, torturante, como es el alambre de espinos. En nuestro caso se intenta reflejar por el contraste entre la rugosidad del hormigón y la pulcritud del acero inoxidable, el vacío y la luz), intentando a la vez dar inmediatez, universalidad y mayor capacidad de comunicación a dicho mensaje que representa el símbolo de la labor que esta organización realiza en el mundo entero», explicó.
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