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Encarnación Rando. /ROBERTO RUIZ
«A otras les gusta El Corte Inglés, a mí me llena la cárcel»
ENCARNACIÓN RANDO PRESIDENTA DE MADRES CONTRA LA DROGA

«A otras les gusta El Corte Inglés, a mí me llena la cárcel»

Acaba de recibir el reconocimiento de la Prisión Provincial, por sus 32 años acudiendo al centro a ayudar a los internos

VIOLETA SANTIAGO

Lunes, 5 de octubre 2009, 11:17

Encarnación Rando era esposa, madre y modista hasta que, en un viaje a Barcelona, comprobó los estragos de la droga en los jóvenes. De vuelta a Colindres, su pueblo en las últimas cinco décadas, creó la asociación 'Madres contra la droga' bajo cuyo paraguas empezó a ir casi a diario a la Prisión Provincial de Santander. A ayudar. En los últimos años le han llovido los reconocimientos por su ingente trabajo durante 32 años. El último, el pasado día de La Merced, en la cárcel de la calle Alta que tiene los días contados. Que vaya a desaparecer la instalación es algo que acongoja a una mujer llena de alegría.

- ¿Cómo explicar qué ha hecho usted, desde su asociación? ¿De qué forma lo define?

-(Piensa un poco)... Somos madres contra la droga. Eso lo explica todo. Aunque es cierto que empezamos por ahí y hemos acabado haciendo de todo: cursos de autoestima, de cultura general... Hemos enseñado a leer al que no sabía, mediado ante los jueces, llevado y traído papeles, acogido a los internos en casa cuando les daban permiso. Les llevamos la ropa que recogemos y hasta les acerco a ponerse guapos a la peluquería de mi hija. Y cuatro bodas, de las que fue madrina e hice los vestido de novia... y no sé cuánto más. De todo. Un juez me llamaba la 'todoterreno'. Yo me considero un puente. Y que haya muchos más...

-Es de suponer que al principio de 'entrar' en la Provincial era todo muy distinto...

-Mucho, mucho. Estuve allí por vez primera cuando detuvieron a unos chicos del pueblo. Entonces tenía 44 años y cinco hijos. Pero cuando vi toda aquella necesidad... En los primeros tiempos no tenía ningún apoyo y, fíjate qué boba, sentía que iba a arreglar el mundo. Luego te conformas con ir haciendo lo que está a tu alcance. En aquellos años no estaban ni Reto, ni Proyecto Hombre, nadie. Todos vinieron después. Al final, la prisión ha sido gran parte de mi vida: he aprendido mucho allí adentro. A escuchar, a valorar lo que tengo. Las prisiones han cambiado un montón. Desde Felipe González, sobre todo.

-¿Ha visto muchos casos dramáticos? y, sobre todo, ¿se ha sentido bien tratada?

-He visto de todo. Casos terribles. Y no tengo ni un mal recuerdo. Por parte de los funcionarios siempre han sido todo facilidades, sólo tengo para ellos buenas palabras. Se mató mi hija y el apoyo que tuve de ellos fue impresionante (se emociona). Eso se graba en el alma. En sus despachos he comido, tomado café, metido los pies en agua fría. Me he sentido como en casa. He encontrado muy buena gente en la prisión.

-... ¿Y los presos? ¿Han comprendido su papel, la labor que hace?

-Qué voy a decir, si han sido como mi familia. Jamás he tenido de ellos una mala cara, una mala contestación. Bueno, hubo uno que me quitó la cartera una vez, pero es que no tenía ni un duro, ni familia, ni nada. ¿Tú qué hubieras hecho en sus circunstancias? A lo mejor, lo mismo. (Saca una carta del bolso). Mira, ése que me robó me acaba de escribir. (Y el encabezamiento de la misiva es: «Hestimada mamá»). Desde la asociación contestamos unas 45 cartas a la semana de internos que tenemos repartidos por ahí, en otras prisiones. En estos años he visto muchas cosas, pero me las callo: la verdad no se puede contar porque ofendería a mucha gente (alcaldes, Guardia Civil, incluso a algún presidente del Gobierno regional que no recibió a 'Madres contra la droga' porque estaba con la Maja de Cantabria). Prefiero no contar, quedarme con lo bueno y seguir adelante.

-¿Qué ayudas ha tenido la asociación en este tiempo?

-¿Ayudas? pues pocas, la verdad. Apenas hemos recibido subvenciones y eso que la casa de acogida tiene muchos gastos. Lo hemos hecho casi todo 'trampeando' (se ríe). El Ayuntamiento de Colindres nos paga gastos corrientes (el agua, las basuras), y luego está lo que vamos sacando de dar cursos, con la Dirección General de la Mujer, por ejemplo. Ahora esto nos lo han recortado algo. Hormaechea fue el único que nos dio una subvención en condiciones, de tres millones de pesetas hace muchos años. Con ese dinero rehabilitamos la casa de acogida de Colindres.

-¿Cómo han visto la familia y los amigos que usted se metiera en semejante fregado?

-De todo ha habido. Entre los hijos, alguno me lo ha echado en cara. Otros están orgullosos y me ayudan. Para mi marido no tendría palabras: siempre me apoyó. Le recuerdo haciendo de chófer mientras yo visitaba prisiones por Andalucía. Él se quedaba durante horas en el coche y, si le preguntaba si se había aburrido me decía que no, que se había leído cinco periódicos... Entre mis amigas, también hay de todo. Para mí la prisión ha sido muy importante. A otras les gusta El Corte Inglés: a mí me llena más la cárcel. Hay mucho que hacer. Yo le voy a rezar al Cristo de la Consolación y le pido los favores que necesitan todos los míos. Y le advierto: ten en cuenta que, si no me ayudas, te apago las velas.

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