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Marcos Menocal
Jueves, 2 de agosto 2012, 00:45
A la fórmula mágica con la que aterrizó Juan Carlos Unzué en Santander le siguen faltando algunos ingredientes. Con el partido jugado en Castro Urdiales son ya cuatro los ensayos que el técnico navarro ha tenido para poner en práctica una filosofía de fútbol ambiciosa, pero en los cuatro se ha estrellado con la evidencia.
La cruda realidad ha desmontado el entramado de fútbol de toque que el entrenador se empeñó hace unas semanas en hacer de ella el nuevo reglamento de esta plantilla. A la salida del campo, el técnico afirmó que el estado del césped imposibilitó el juego por abajo y por eso cambió de estrategia en el descanso. Su plan B tampoco dio buena suerte.
Aunque los expertos dicen que los amistosos sólo sirven para rodarse, después de cuatro rodajes el aficionado racinguista no sabe aún a que carta quedarse con este equipo. Sin velocidad y sin circulación de balón, esa forma de jugar es imposible que salga bien.
El Racing necesita algo que no tiene para hacer viable ese hipotético tiqui-taca. El Barakaldo, fue un calco del Noja y de la Gimnástica, un equipo ordenado y con las ideas claras que se supo aprovechar de las dudas de un Racing que a la media hora de juego había recibido dos ocasiones claras, había visto como los vascos le habían tirado una al palo y se veía incapaz de tener el balón.
Unzué probó a Pinillos y Gonzalo en los laterales y a Rivero en el centro del campo. A Jairo le tiró en banda, buscando su velocidad y a Isuardi le dio la punta de ataque. Ninguno destacó. Tarde gris para todos. El pequeño delantero, al menos tuvo tiempo para tirar un desmarque y ser derribado en el área. Penalti claro que el mismo se encargó de marcar. Poco más se vio en la primera parte. Lo único que sorprendió en Riomar fue la llegada en paracaídas de un espontáneo con las tijeras para cortar la cinta de inauguración del estadio. Lo que se vio después fue un típico partido de Segunda División B.
La lentitud persistente de los pases interiores de Yuste, Dorca y Rivero y la poca conexión entre líneas que existe cuando el rival aprieta un poco, fueron dos de los males que se volvieron a repetir en Castro. Esas dos virtudes que han de ser los pilares del nuevo concepto de fútbol, en el Racing no se han visto en los cuatro ensayos jugados en Cantabria. Tan sólo pequeños destellos ante el Barreda, aunque el rival no se puede tomar como referencia.
La primera vez que se le vio a Unzué fue cuando el árbitro pitó el final del primer tiempo. El navarro no pululó tanto como otras tardes por la banda dando instrucciones. Parecía resignado al estado de la hierba o al juego de su equipo. Cinco cambios en el descanso y tres más a los diez minutos. El equipo quiso jugar en largo, pero lejos de mejorar, el atasco fue en aumento. Con ese tipo de fútbol las fuerzas se igualan. Los laterales se colocaron a la altura de los banquillos, los centrales se abrieron y Yuste bajó a recibir para sacar el balón. Pura teoría. El Barakaldo tapó el pase al centro y al Racing se le hizo de noche. Zurimendi, técnico del Barakaldo, a buen seguro llamó a José Gómez, su colega en el banquillo gimnástico para que le pasara el antídoto anti-Racing. Con eso le sirvió a su equipo.
Un partido de pretemporada no es el escenario ideal para un exceso de contundencia, pero tampoco para ser inofensivo. Ni una sola patada en todo el partido. El Racing tiene pinta, a día de hoy, de ser el rival perfecto porque no sólo hace su partido sino que también el del contrincante.
Unzué siguió dando minutos a todos sus jugadores. Esa frescura nueva le dio algo de chispa al equipo, pero no la suficiente. Los aficionados en la grada confiaban en ver algo más de fútbol en el Castro-Portugalete que se jugó después. Mientras tanto, el Barakaldo fue capaz de empatar. Güemes, un vecino castreño, sonrojó en jugada personal a la defensa racinguista y subió el uno a uno definitivo.
Los últimos minutos de partido tuvieron por guión la improvisación, enemigo de cualquier ensayo de pretemporada en el que se ha de poner en práctica las lecciones de la semana. El resultado no es lo más importante, pero sí la forma con la que se consigue. Suele ser el carné de identidad de cada equipo.
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