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Sergio Herrero
Martes, 7 de mayo 2013, 19:02
El Bathco Independiente selló su ascenso a División de Honor, después de imponerse en la eliminatoria al Alcobendas madrileño, con un resultado global de 25 a 21, pese a que los visitantes vencieron este domingo en los Campos de Sport de El Sardinero (12-13), ante más de 3.000 espectadores. Sin embargo, la renta obtenida en la ida y una vuelta cimentada en los golpes de castigo transformados por Conrado, dieron a los verdes el billete directo a la élite del rugby.
El encuentro comenzó con dominio total del Bathco Independiente, que se adelantó en el marcador gracias a un golpe de castigo transformado por Conrado. La mala noticia para los cántabros fue la lesión de Todeschini. No fue hasta el minuto 10 cuando el Alcobendas logró atacar por primera vez y, poco después, los madrileños lograron empatar la contienda al transformar un nuevo golpe de castigo.
El Bathco continúo dominando, aunque la intensidad de esa hegemonía fue dando algo de aire a los visitantes. Aún así, las dos mejores opciones de ensayo fueron para los de San Román, que se quedaron a las puertas de, prácticamente, sentenciar la eliminatoria. Lo que sí lograron fue ampliar, un paso más, la renta. En el minuto 25, Conrado volvió a dar ventaja a los verdes enviando entre los palos el tercer golpe de castigo del encuentro.
Pero el Alcobendas, agazapado tras el dominio cántabro, logró dar un vuelco al partido para meterse de lleno en la pelea por el triunfo en la eliminatoria, con un ensayo y transformación en el minuto 37. Un duro golpe para el Bathco, al borde del descanso.
Tras la reanudación, Conrado fue el encargado de poner una dosis de calma, de nuevo, en el camino de los verdes hacia la División de Honor, con la transformación de otros dos golpes de castigo. Aún así, los madrileños seguían a golpe de ensayo de igualar la contienda.
El Alcobendas volvió a colocarse por delante en el encuentro gracias a un drop, que puso el marcador en 12 a 13. Y llegaron minutos de suspense y sufrimiento para los cántabros. El rival apretó en busca de la heróica. Un ensayo que diese la vuelta a la tortilla. Y a punto estuvieron de encontrarlo. Incluso en la última jugada del encuentro, cuando la defensa del Bathco tuvo que emplearse a fondo para evitar el avance madrileño hacia la zona de ensayo. Un muro. Una fornida pared que se derrumbó de alegría con el final del partido. El Independiente había hecho historia.
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