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José Carlos Rojo
Domingo, 13 de octubre 2013, 02:23
La recolecta de la uva es un ritual social, a veces solo familiar, una tradición doméstica heredada de antaño, cuando la vid recorría hectáreas de cultivo, desde Santander hasta lo más profundo de su comarca. Entonces la producción vinícola del norte distinguía a España como hoy lo hacen los riojas o los riberas. Pero todo aquello desapareció. El ataque mortal de las dos plagas más destructivas que haya conocido la vid en Europa, oidio y filoxera, terminó con la producción de todo el continente, de norte a sur, en el mismo comienzo del siglo XIX. Ese vacío productivo se prolongó en Cantabria hasta casi el siglo XXI. Ahora, después de diez años de consolidación de una industria vitícola regional, la producción vuelve a tomar cuerpo para sumar más de 130 hectáreas de cultivo y más de 300.000 litros de vino embotellado al año por las poco más de diez bodegas que producen a mediana o pequeña escala en Cantabria.
El reportaje completo lo puedes leer en la edición en papel de este domingo de EL DIARIO MONTAÑÉS o en la plataforma de pago Kiosko y Más
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