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Nieves Bolado
Miércoles, 24 de agosto 2016, 07:14
Se llaman Luna, Yacko, Chispas, Tuta, Dakota, Princesa... Son perros a los que les han roto la apacible vida que tenían junto a sus dueños en fincas de Santander, Vargas, Puente Viesgo, Vioño, Torrelavega... Sus amos han mimado a estos animales hasta convertirlos en parte de sus vidas y de sus familias. Y ya no están. Nadie sabe dónde se encuentran; no hay testigos de sus desapariciones, solo algunos comentarios sobre «furgonetas blancas», «algo viejas», «desvencijadas», de «marca Citroën», que merodeaban cerca de los domicilios donde se perdió el rastro de estos animales.
Desde junio pasado aunque hay constancia de requerimientos anteriores se están registrando en Cantabria denuncias sobre desapariciones de perros en diferentes puntos de la región. Las denuncias se han presentado en los cuarteles de la Guardia Civil porque la mayor parte de las sospechosas desapariciones se producen en zonas de ámbito rural, donde los perros gozan de mayor libertad y menor vigilancia. «Seguramente para la mayoría de la gente sean solo animales, pero para muchas otras personas, como yo, son una parte importante de nuestras vidas. Por eso quiero pedirles que nos ayuden a localizarlos», explica Sole Montoya, una de las decenas de propietarias empeñadas en que su canes vuelvan a casa.
Una veintena de denuncias
El suyo es un testimonio que viene avalado por más «de una veintena de denuncias» que se han cursado en Cantabria en los últimos meses por desapariciones «sospechosas» de perros. Una de las últimas se firmó en la Comandancia de la Guardia Civil de Piélagos, municipio del que Chispa y Yacko desaparecieron el 9 de agosto sin dejar rastro. «No son perros abandonados a su suerte. Tienen su chip y están al día de todas las vacunaciones», explican Sole y su madre Pilar, que casi no duermen al desconocer qué ha sido de sus perros de raza golden retrevier de pelo negro que, cruzados con pastor belga, son dos bellos animales, como puede verse en la multitud de carteles que han pegado en tiendas y árboles tratando de localizarlos. Y no menos zozobra hay en la casa de los dueños de Luna, una perrita caniche toy de 12 años que voló de la estación de Renfe de esta localidad, donde sus dueños tienen una tienda de productos típicos y a quien conocen todos los usuarios del tren. «Es incomprensible que la perra haya abandonado este lugar por decisión propia o por haber tenido una vía de escape; nunca lo ha hecho». Un caniche toy puede alcanzar en el mercado un precio de mil euros. A otro dueño le arrebataron un cachorro de mastín de dos meses y medio de edad el 30 de junio por la noche, en la zona de Revilla de Camargo. Tuta, una pitbull, y Dakota, una boxer, desaparecieron de su casa en Puente Viesgo el 16 y el 20 de agosto, respectivamente... Dakota fue localizada dos días más tarde en el interior de unas cuadras abandonadas en Vargas.
Los propietarios de los perros desaparecidos claman para que la Guardia Civil investigue lo sucedido. Pero ¿para qué robar perros? «Tenemos la intuición de que están siendo utilizados como sparring para entrenar a los perros de pelea a muerte». Lo dice un agente del Seprona que asegura que «todas las denuncias son investigadas porque no somos ajenos al daño moral que su ausencia puede hacer a sus dueños».
Los robos no han afectado únicamente a los propietarios de los animales. Hace dos meses, los responsables de la perrera municipal de Santander (Centro Canino de Parayas) denunciaron que dos hombres asaltaron el recinto para llevarse dos perros de raza pitbull. La Guardia Civil abrió diligencias sin que se haya conocido el resultado de las investigaciones.
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Ana del Castillo
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