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Ada Colau respondió a María Teresa Noceda. De alcaldesa a alcaldesa con el marqués de Comillas como tema de debate. Concretamente con su estatua, recién retirada, de la plaza con su nombre y rumbo a un museo. En un correo electrónico remitido el pasado viernes, la líder de Barcelona en Comú argumenta los motivos para eliminar la efigie del empresario reconvertido en noble y cuyo enriquecimiento está en tela de juicio por su relación con el tráfico de esclavos. «Barcelona se ha construido en buena parte gracias a las aportaciones de gente llegada de muchos puntos de España, entre ellos ciudadanos de Cantabria, que han contribuido con su esfuerzo al progreso de nuestra ciudad», dice Colau, y afirma sentirse «orgullosa» de ese legado. Pero continúa: «Estamos convencidos de que un monumento a una persona esclavista no tiene cabida en el espacio público de una ciudad plural y abierta como la nuestra».
Noceda, a quien los argumentos de la catalana no le convencen, considera que desde el consistorio comillano han «hecho lo que teníamos que hacer pidiendo que reconsiderasen su postura». Recuerda, además, el interés de los descendientes del marqués en trasladar la figura de su antepasado a Comillas. Ellos se encargarían de los gastos del traslado, pero «si no les deja el ayuntamiento, no tienen nada que hacer», señala Noceda. Y esa es precisamente la situación.
Ricard Vinyes, Comisionado de Programas de Memoria del Ayuntamiento de Barcelona es rotundo: «Es patrimonio de la ciudad». Y la ciudad no tiene previsto renunciar a ese patrimonio. «Eso no se da; se usa». La polémica estatua se «patrimonializará» y se le darán «otros usos». En lugar de recordar a un personaje histórico servirá para contar su historia en las dependencias municipales del Centro de Colecciones del Museo de Historia de la Ciudad.
Teresa Noceda Alcaldesa de Comillas
Ricard Vinyes Ayuntamiento de Barcelona
Julián Rozas Concejal socialista de Comillas
Preguntado por la labor de mecenazgo que Antonio López llevó a cabo en la Ciudad Condal, Vinyes señala que «sí que se valora; es obvio que realizó una tarea importante». Pero esto no excluye, a su juicio, que utilizase el mecenazgo cultural para conseguir otros objetivos. El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona expone este hecho como una práctica habitual. En aquella época, como en otras, no era lo mismo que supieran quién era uno que ser aceptado en los grandes salones. «Todos conocemos de forma muy documentada que la cultura a veces se utiliza para tapar cuestiones oscuras», dice Vinyes. «En Cataluña tenemos algunos casos recientes».
El Comisionado echa la vista atrás, hasta 1885, cuando hacía apenas un año de su colocación en la Vía Laietana y poco más de la muerte del protagonista, y señala que ya entonces comenzaron las quejas y la petición de retirar la estatua. Sectores vinculados al catalanismo y revistas satíricas como 'La Campana de Gracia', insistieron en su retirada en 1904. La situación se repetirá en los años republicanos. Durante la guerra es derribada, como muchas otras obras. Franco la levantó de nuevo y con la democracia vuelve a aparecer la petición de retirada. Hasta una etapa más reciente no aparecen colectivos vinculados a la inmigración. «La gente del barrio del Born siempre ha sabido perfectamente quién era el marqués de Comillas e incluso esa biografía oscura que cubre la faceta de mecenas», señala Vinyes.
“¿Qué os parece, españoles, esta indignidad? ¿Qué les parece a los barceloneses? Pueden estar muy ufanos de tener en una de sus plazas públicas la estatua de un chalán de carne humana, célebre por su vil crueldad en la isla de Cuba, antes de serlo en la Península por sus millones y suntuosidades. Con razón podría llamarse a aquella plaza de los Negreros, porque será la rehabilitación monumental y la apoteosis radiante de todos los comerciantes de carne humana”
‘La verdadera vida de Antonio López y López’ (Francisco Bru, 1885)
Aunque la polémica se calme y las aguas vuelvan a su cauce, para Ricard Vinyes no es una cuestión menor. «Retirar una escultura nunca es algo anecdótico. Quedará como la decisión de un gobierno municipal que después de valorar las opciones tomó una, pasando de la ejemplaridad a la conservación. Eso no es poca cosa».
Els veïns i les veïnes alcen les mans per dir adéu a Antonio López al ritme de la música! L’escultura es trasllada als magatzems municipals. pic.twitter.com/yGnpOHmJaq
— Ajuntament de BCN (@bcn_ajuntament) 4 de marzo de 2018
A más de 750 kilómetros de distancia, los grupos municipales de Comillas no dejan el asunto en el cajón. El portavoz del Partido Socialista en Comillas, Julián Rozas, explica que para informarse de primera mano sobre lo que estaba pasando con la estatua del marqués contactaron con sus homólogos en el Ayuntamiento de Barcelona. «Como parte de la corporación municipal tenemos precaución a la hora de meternos en las actuaciones de otro ayuntamiento», matiza Rozas. Aún así, coinciden con la postura del PSC que se abstuvo en las sucesivas votaciones relativas a la eliminación de la estatua y a quienes preocupa que se trate de «una cortina de humo» que tape problemas más relevantes.
«Es importante centrarnos en lo que nos compete; el verdadero patrimonio de Comillas que se encuentra en un estado lamentable». Rozas menciona las obras sin finalizar del Seminario Mayor u otro bien derivado «de aquella ola modernista» que representa el cementerio y el Ángel Exterminador que lo corona. «Ambos necesitan reparación urgente». Haciendo balance, el socialista es claro: «No podríamos entender comillas sin la labor de mecenazgo del marqués y queremos poner el énfasis en su influencia en la cultura y el urbanismo».
Tampoco están de acuerdo en el grupo municipal popular. Marcos Fernández destaca que para ellos Antonio López que ha sido «vital para Comillas» era «un hombre de una familia humilde que a base de esfuerzo e inteligencia llegó a ser el empresario más importante del siglo XIX en España». Fernández considera que el legado del marqués no solo debería valorarse en Comillas: «Le desprecian, pero le deben mucho» añade en referencia a la retirada de la estatua. Un monumento que estarían «encantados» de recibir en la villa de los arzobispos.
El escritor José María de Pereda tiene una calle con su nombre en Madrid, en la zona de Ventas, y dos colegios públicos se llaman así. También Sevilla tiene al autor de ‘Peñas Arriba’ en su callejero, junto a la Plaza de Abastos del Cerro del Águila. A su coetáneo, Marcelino Menéndez Pelayo, es posible encontrarlo en el distrito del Retiro de Madrid, nombrando una y también una estación de Metro. En la Ciudad Condal, un instituto lleva el nombre del autor cántabro, y el Palau de la Música se levanta en los jardines dedicados a su memoria; curiosamente, ese edificio es obra del arquitecto Lluis Doménech i Montaner, quien participó en las obras del Seminario Mayor de Comillas, financiado por Antonio López. Yla escritora Concha Espina residió en Madrid a comienzos del siglo XX. La ciudad le dedicaría más tarde una avenida y pondría su nombre a una estación de Metro.
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