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ÓSCAR B. DE OTÁLORA
Domingo, 22 de abril 2007, 11:31
El ministro de Defensa, José Antonio Alonso, defiende que se actúe con la máxima alerta ante el riesgo de un atentado yihadista en España. El máximo responsable del ejército -y también de los servicios secretos españoles, el Centro Nacional de Inteligencia- es consciente de que el país sufre un riesgo elevado de que los islamistas radicales vuelvan a actuar y, en ese contexto, defiende la presencia de las tropas españolas en Afganistán como una forma de luchar contra el terrorismo.
-¿España cuenta ahora con una protección superior a los tiempos del 11-M frente a la amenaza yihadista?
-Sí. El Estado ha aumentado sus recursos en la lucha contra este fenómeno, en particular, en el área policial y en los servicios de inteligencia. Disponemos de más de mil efectivos dedicados a esta labor, con lo cual multiplicamos por diez lo que teníamos cuando llegamos al Gobierno; hemos mejorado los mecanismos de relación con el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista y contamos con una regulación de la inspección de explosivos, entre otras muchas medidas. Estamos más preparados para hacer frente a un fenómeno muy peligroso e inquietante. Al poder público se le debe exigir que haga el 100% del esfuerzo, y creo que se está haciendo.
-¿Haber tenido que hacer ese esfuerzo implica que hasta ahora estábamos desguarnecidos?
-Yo respondo por lo que ha hecho este Gobierno. A mí me tocó durante dos años, como ministro de Interior, poner en marcha una serie de medidas. Y me consta que Alfredo Pérez Rubalcaba también lo está haciendo. Hemos detenido a más de doscientos supuestos terroristas y se ha desarticulado un buen número de células. Pero es una lucha que se va a proyectar en el tiempo.
-La percepción que se tiene, al contemplar el transcurso del juicio del 11-M, es que el terrorismo yihadista nunca fue una prioridad.
-Vamos a ver; de lo que se preocupa el Ejecutivo es de gestionar la responsabilidad política que asume tras las elecciones. No podemos responder por lo que han hecho otros gobiernos.
-En el 2004, los atentados de Casablanca fueron un preludio del 11-M. Tras las explosiones de Argelia y Marruecos, ¿estamos ante un nivel de riesgo más elevado?
-Yo diría que mantenemos un nivel de riesgo elevado. La secuencia de atentados en el norte de África, pero en más sitios también, da que pensar. Hay que mantener la máxima alerta, que es lo que hacemos. Mire, yo, cuando era ministro de Interior, no hubo ni un solo día, ni uno solo, que no me preocupara por esto. Ni un solo día, insisto.
-También Al Qaida se refiere cada vez más a España en sus comunicados.
-No solo a España. En el imaginario del yihadismo, por ejemplo, se insiste también en Francia por fenómenos como la colonización en Argelia, pero igualmente a los británicos, por razones conocidas. A cada país le coloca un motivo para justificar sus acciones.
-La red liderada por Bin Laden reclama cada vez con más insistencia Ceuta y Melilla. ¿Es una petición retórica o forma parte de una amenaza definida?
-En el imaginario de la red internacional de terroristas vinculados con Al Qaida hay una serie de motivos pseudoideológicos entre los que están Al Andalus, Ceuta y Melilla, pero también Palestina, etc... Son motivaciones para intentar dar consistencia a su mensaje global, que podemos resumir en la expresión 'choque de civilizaciones'. Ellos hacen una lectura medieval del mundo y tratan de que se visualice ese enfrentamiento entre el Islam y Occidente. Es necesario cortar ese gran discurso global, y por eso la idea del presidente Zapatero de afirmar la Alianza de Civilizaciones frente al choque es un buen discurso político.
-Pero son los propios países musulmanes los que no están apoyando la Alianza de Civilizaciones.
-Los países musulmanes también tienen problemas internos. Pongamos casos como Marruecos o Argelia. Para España es esencial que ambas naciones tengan sociedades y sistemas políticos estables. Lo peor que nos podría pasar es que el fundamentalismo yihadista se haga con parcelas de poder. Sería tremendo. Creo que en la mayoría de los países musulmanes, este fenómeno les preocupa tanto o más que a nosotros.
-Uno de los riesgos que se comienza a plantear en Europa es que las generaciones de yihadistas nacidos en el continente vayan a combatir a Irak y, a su regreso, extiendan el radicalismo y la violencia.
-Así es. Buena parte de las operaciones que se han hecho en España tenían que ver con células dedicadas a enviar a gente a pelear en Irak. Sí, existe el riesgo de que regresen con un entrenamiento militar importante y un grado de radicalidad mayor. Somos conscientes de este peligro.
-Los países con tropas desplegadas en Afganistán están aumentando sus efectivos allí. ¿España debería hacer lo mismo?
-Básicamente, solo Polonia ha enviado más tropas. Ni Alemania, ni Francia, ni Italia, ni España, ni Portugal han aumentado sus efectivos. En estos momentos, según los cálculos de la OTAN, el número de tropas para la misión es razonable. En el caso de España, tenemos el número de personas al que nos comprometimos para que los civiles puedan emprender, con seguridad, la tarea de reconstruir el país. Si Afganistán sale adelante, habremos ganado una importante seguridad neta en toda la región. No solo allí; también aquí. La reconstrucción de Afganistán significa más seguridad en España.
-¿No cree que en España no se percibe esa necesidad de combatir el terrorismo en Afganistán para mejorar la seguridad en el país?
-Sí. Desde el final de la Guerra Fría, cuando se inicia la globalización y desaparece un enfrentamiento entre bloques, emergen una multiplicidad de conflictos de naturaleza asimétrica. A veces nos preguntan: ¿qué hacemos en Afganistán? En primer lugar, respondo que estamos allí con las Naciones Unidas. En segundo, que contamos con la autorización del Parlamento español. Y en tercero, que queremos reconstruir un país para que pueda eliminar, por sí mismo, los grandes problemas que ha tenido siempre. Uno de ellos es el terrorismo.
-Los analistas destacan que el peligro en el país se va a multiplicar por el rearme de los talibanes.
-En el verano pasado, siguiendo el plan previsto, la misión ISAF de la ONU que estaba en Kabul decidió implantarse en el sur y en el este del país. En estas zonas, fronterizas con Pakistán, hay una mayor implantación del terrorismo talibán. En ese momento ya contemplamos que se iba a revolver el avispero, como ha ocurrido. El riesgo no aumenta ahora, ya aumentó hace un año. El Estado Mayor de la Defensa ha estimado que, a día de hoy, nuestra gente allí tiene riesgo de sufrir atentados terroristas con minas o explosivos. Y se han tomado las medidas necesarias para hacer frente a este riesgo. Y para eso no se necesitan más tropas. Una mina te la ponen en una carretera tengas setecientos hombres o siete mil. Y cuantos más hombres tengas, más posibilidades tienes de sufrir un atentado. No se puede vincular seguridad con el número de tropas, sino con la naturaleza del riesgo.
-Da la impresión de que la recuperación del país no avanza.
-Es que la recuperación de un país en esa situación es muy difícil. En las dos veces que he estado allí he percibido una evidente mejoría de la zona en la que nos toca operar, tanto en la reparación de puentes y carreteras como en hospitales o en el tendido eléctrico. Es que estamos hablando del quinto país más pobre del mundo y con una estructura institucional muy débil. Hay que tener claro que el énfasis se pone en la reconstrucción y que la seguridad militar se hace en función de la reconstrucción. Los soviéticos estuvieron allí más de diez años, con más de 100.000 hombres, un ejército poderoso y sin restricciones de opinión pública. Y solo consiguieron perder. Los españoles en la localidad de Qala i Naw estamos a punto de conseguir que se convierta en la primera ciudad de Afganistán con agua potable y suministro eléctrico. Este es el camino.
-El yihadismo puede conseguir una gran victoria propagandística si vencen los talibanes y los países occidentales se retiran.
-Está en juego la credibilidad de la ONU. Un país con un nivel aceptable de desarrollo y unas instituciones fuertes es el mejor antídoto contra el terrorismo.
-El asesor de Bush y Clinton, Richard Clarke, aseguró que el peor paso en la guerra contra el terrorismo fue invadir Irak sin haber vencido antes en Afganistán.
-La guerra de Irak tuvo dos problemas. El primero, hacerla al margen de las Naciones Unidas, y el segundo, quitar a Sadam Husein -que era un canalla, sin duda- sin crear una administración nueva. El vacío de poder es lo peor que puede suceder. La consecuencia es clara: en Irak hay un terrorismo desconocido hasta ahora y las cosas están peor que nunca.
-El ejército español también está desplegado en el Líbano, donde las perspectivas no son nada halagüeñas.
-Lo que puedo decir es que todo Oriente Medio es un tablero complicadísimo y donde no ocurre nada que no afecte a todos los demás países. Y el Líbano es un ejemplo. Es un país pequeño, pero no se puede hablar de él sin mencionar, por ejemplo, a Irán, Siria o Israel. Y es una zona muy importante para la seguridad global del mundo.
-¿El Gobierno va a impulsar el asociacionismo en el ejército?
-No va a haber asociaciones de naturaleza reivindicativa. No las hay y no va a haberlas.
-En la Guardia Civil sí que están aceptando este tipo de colectivos.
-La Guardia Civil tiene y va a seguir teniendo una naturaleza militar. El programa socialista tenía dos puntos. La cuestión central es que la Guardia Civil es militar pero cumple con misiones de seguridad ciudadana, de carácter civil; hay que atender a esa especificidad. Lo que dijo el PSOE es que el régimen disciplinario de la Guardia Civil, en tanto actúen como policías, será parecido al resto de las policías. Y también se dijo que habría un estatuto de derechos y obligaciones que permite un asociacionismo que no tiene carácter sindical. Es lo que estamos cumpliendo.
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