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C. DE LA PEÑA
Viernes, 22 de junio 2007, 10:22
La estrategia comercial de la compañía aérea irlandesa Ryanair de regalar vuelos para crecer en España provocó ayer una avalancha de gente en la Plaza de Cañadío, que a duras penas pudo contener la ejecutiva de Marketing y Ventas en España y Portugal, Kate Quigley, que tuvo que ser asistida por la Policía Local para evitar un amotinamiento.
Si en anteriores ofertas, la aerolínea de bajo coste Ryanair dio el 'sartenazo' regalando hasta 20.000 vuelos de ida y vuelta por la compra de productos Tefal, y obsequió billetes a las parejas de enamorados que paseaban por la madrileña plaza de Chueca vestidos con algo azul el Día de San Valentín; ayer, en Santander, bastaba con hacer diana a menos de un metro para volar gratis desde la capital cántabra a Londres, Roma, Frankfurt o Liverpool durante los meses de septiembre y octubre.
Ryanair había anunciado que las 100 primeras personas que se presentaran en la céntrica plaza el jueves, a las doce del mediodía, ganarían un bono válido para dos dos billetes gratis a alguna de las cuatro capitales europeas. El viajero sólo tendría que pagar las tasas de aeropuerto.
La propuesta era tan apetitosa, que la plazoleta se llenó de un público ávido de pillar la dádiva, y lo que empezó como un juego casi termina en algarada.
Kate Quigley, responsable de la compañía desplazada a Santander, y una acompañante se apostaron en la farola de la plaza ante medio centenar de personas en cola esperando su turno para dar en la diana. Pero al rato, la fila se desbordó. Había ya más de 200 personas y todo el mundo quería ser el primero y trabar uno de los cien vuelos gratis prometidos. De nada sirvió que la irlandesa se desgañitara para asegurar que todos tendrían su premio. El cerco sobre las representantes de Ryanair se estrechaba en la misma medida que el tumulto crecía en la plaza y se ampliaba el remolino de gente.
Ante el temor de que se produjera algún incidente grave o alguien resultara lesionado, Kate Quigley decidió detener la promoción y solicitó ayuda a los dos agentes de la Policía Municipal que observaban la escena desde el otro lado de la calle. Los policías ordenaron la fila y contuvieron el ímpetu de la multitud, al tiempo que tomaban la filiación de las representantes de la compañía, por si incumplían alguna ordenanza municipal, ya que carecían de permiso municipal.
Finalmente, la ejecutiva irlandesa recogió las identidades y correos electrónicos o teléfono de los asistentes, con el compromiso de contactar con ellos para asegurarles el vuelo elegido. Todos se fueron satisfechos, algunos también escépticos. Casi dos horas después, la plaza recuperó la normalidad.
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