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Recreación infográfica de la zona conocida como ‘pachinko’, que generará la plaza en voladizo entre los dos edificios del Centro dedicados a espacios educativos, culturales y sociales.
Una plaza entre la ciudad y la bahía

Una plaza entre la ciudad y la bahía

Las estructuras en voladizo y con suelo de cristal, que conectan los dos volúmenes del edificio, acaparan gran parte de la singularidad del diseño de Piano

Guillermo Balbona

Miércoles, 20 de julio 2016, 13:23

Con la retirada de la valla que separaba el antiguo parking del ferry del centro de Santander, Emilio Botín y Renzo Piano iniciaron, de forma simbólica, la construcción del Centro Botín. Hoy, cuatro años después, la infraestructura de la Fundación Botín, edificada sobre el muelle de Albareda, afronta sus últimos pasos.

Los trabajos finales, al margen de los plazos que necesite la ejecución de la obra para remates y detalles, se centran ahora en una de las zonas más icónicas de la arquitectura concebida por el creador genovés: el llamado 'pachinko', que comienza a mostrar su singularidad espacial y su función de vínculo público entre la ciudad y la bahía santanderina.

En realidad esta 'plaza' pública da nombre a un conjunto de pasarelas de acero, vidrio y cristal situadas a siete metros de altura y suspendidas en voladizo, que conectan los volúmenes Este y Oeste (baste recordar el juego de ascensores y escaleras exteriores del Centro Pompidou, del que es coautor Piano). Tras la colocación esta pasada primavera de las vigas pescantes sobre las que cuelga esta estructura, se puso en marcha la sucesiva instalación de las escaleras de acceso. Esta nueva gran estructura de acero y cristal que se extiende hacia la bahía generará nuevas plazas y espacios de ocio para el visitante.

Una de las primeras polémicas que acompañó al proyecto del Centro Botín, al margen del obvio debate sobre la ubicación elegida, en su tramo inicial radicó en la dimensión de su volumen y en su condición de cortina visual en la relación entre la ciudad y su paisaje natural. Por ello la decisión de ocupar visualmente el mínimo imprescindible y preservar las vistas provocó que Piano sustentara los dos bloques de su proyecto sobre columnas y que en la planta baja sólo se ocuparan 350 m2 destinados a un espacio social, abierto, llamado 'El muelle', que incluye zonas de estar, restaurante y cafetería, y tienda. Las paredes serán de cristal y las instalaciones técnicas estarán ubicadas en el sótano.

La voluntad de levantar un punto de encuentro ciudadano se ejemplifica en un aspecto clave que Piano resalta en su concepción arquitectónica: las plazas.

Distribuidor de visitantes

Al margen del anfiteatro anexo entre el final de los jardines y el edificio Oeste, el área mas singular se extiende por los bajos del edificio -a siete metros de altura en su mayor cota- que lo enlaza con los Jardines y la bahía. Configurada por un juego de plataformas y pasarelas que une en altura los dos edificios, sirve, a su vez, como distribuidor exterior de visitantes del Centro.

En el diseño, la ligereza fue la principal búsqueda del arquitecto. Una de las mayores innovaciones técnicas del proyecto es el revestimiento del edificio con sus cerca de 280.000 piezas que integran la piel de cerámica, que permitirá que la luz se refleje sobre esas plazas cubiertas o no que el edificio genera. Pero el área del 'pachinko' es una de las singularidades del diseño del arquitecto genovés, que avanza estas primeras semanas de verano con celeridad al igual que el resto de labores, algunas de ellas en el interior de ambos edificios.

Hay que recordar que el sello diferenciador de uno y otro está vinculado a la actividad que integrará las artes (con dos grandes espacios expositivos de 2.500 m2. en el volumen Oeste) y la educación (en el Este) con un objetivo social. El arte como medio para desarrollar la creatividad a través de un innovador programa educativo, «fruto de la experiencia de la Fundación Botín en el desarrollo de la inteligencia emocional y social y de la creatividad».

La programación artística estará liderada por su director Benjamin Weil, más Vicente Todolí, que preside la Comisión Asesora de Artes Plásticas de la Fundación.

La plaza y el 'muelle'

La «plaza pública» se ha configurado por un suelo acristalado translúcido y una iluminación muy especial, y la estructura en general combinará el cristal y el acero inoxidable en el muelle, las barandillas, peldaños y zonas de paso. En paralelo a los trabajos en el espacio de 372 metros cuadrados conocido como 'el Muelle' situado bajo el volumen Oeste, la colocación del acristalamiento de este espacio único, que albergará lugares de estancia y atención al visitante, discurre el montaje del entramado de estructuras y escaleras.

Tanto el área del muelle como la superficie elevada están destinados a posibilitar la «máxima visibilidad» de la bahía desde los Jardines. Las labores en los sótanos, ya muy avanzadas, y los trabajos actuales en el auditorio que se ubica en el edificio Este, frente a la Grúa de Piedra, son otras de las zonas que acaparan esta recta final de la construcción en sus aspectos generales. Renzo Piano, galardonado con el premio Pritzker, siempre ha descrito el Centro Botín como un espacio «para el arte, la música, la lectura, la educación y el intercambio cultural».

El proyecto lo enmarcó dentro de su trayectoria personal de diseño de centros culturales abiertos y accesibles a todos, desde el Centro Pompidou de París, pasando por el Auditorium de Roma, la Fundación Beyeler en Basilea, o la Morgan Library en Nueva York. En palabras de Javier Botín, tres detalles significativos conforman el presente de un proyecto que cumplió el pasado mes de junio cuatro años desde que se iniciara su ejecución en el muelle de Albareda.

El conjunto de la obra se encuentra en su «fase final»; liberado de la incertidumbre de problemas técnicos, y la Fundación ya tiene en la cabeza «algunas fechas» como posible plazo de apertura. No obstante, «hasta que el edificio no esté rematado no se anunciarán fechas o plazos para no crear falsas expectativas». Javier Botín, en su última comparecencia, dijo que espera que la apertura sea «pronto», pero también apeló a la «cautela».

Hasta esta semana

En el caso concreto de la zona estrella y más visible del 'pachinko', los trabajos hasta este fin de semana se han centrado, tras la colocación de las vigas pescantes, en el arranque del montaje de la parte central, que consiste en ese sistema de pasarelas que conectan ambos volúmenes (ver imagen recreada). También se ha llevado a cabo la instalación en el volumen Oeste de dos de las escaleras de acceso. Asimismo, ha concluido el montaje de las dos escaleras de emergencia en la zona interior de ambos volúmenes y de la estructura metálica de las dos escaleras de emergencia exteriores en ambos volúmenes, cada una con un peso de 7.300 kilogramos. Además, se ha puesto en marcha la colocación de pasamanos y de peldaños de vidrio tanto en pasarelas como en escaleras. Y finalmente, dentro del 'pachinko', se ha llevado a cabo el montaje de la estructura metálica de la pasarela que vuela sobre el cantil del muelle, formada por una estructura de acero, con pisaderas de vidrio y barandillas de acero.

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