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AINHOA DE LAS HERAS
Lunes, 18 de mayo 2015, 10:35
Como relata El Correo, K.Y., marroquí de 24 años, debió de tomarse muy en serio el mensaje que aparece en la página web del asador Guetaria -«Menús a medida dependiendo de sus necesidades»- aunque, dada su precaria situación, probablemente no habrá podido leerlo. El joven, un inmigrante que, según dijo, lleva dos meses viviendo en la calle, se presentó el pasado lunes por la noche en el céntrico restaurante de la calle Colón de Larreategi. El local, uno de los más selectos de la ciudad, cuenta con una recomendación de la Guía Michelín, otra de la Guía Repsol y la Q de calidad turística, entre otros méritos culinarios.
Eran aproximadamente las 23.30 horas, aunque la cocina cierra a las 23.15, según la web. «Tenía pintas raras, pero la gente extranjera... no estamos habituados a su forma de vestir, la verdad», admite el encargado del restaurante en declaraciones a este periódico. Se sentó en una de las mesas y espetó: «Tengo mucha hambre». El camarero le ofreció la carta y el cliente eligió «un chuletón, una ensalada y una Fanta de naranja». Unos 65 euros.
Mientras el comensal daba buena cuenta de los platos, los responsables del establecimiento presagiaron lo que iba a ocurrir: «No sé si nos la va a hacer», comentaron entre sí. Al terminar el menú, el hombre se levantó con intención de marcharse. El encargado se dirigió a él y le recordó:
- «Señor, ¿la factura?»
- «No tengo dinero y tenía mucha hambre», contestó como si la respuesta justificara su actitud.
- «Es usted un poco caradura», zanjó el responsable del comedor.
«Me fastidia porque si me hubiese dicho que tenía hambre, algo le hubiera dado sin cobrarle. Mucha gente viene cada noche a por los pinchos que nos quedan». Desde el local avisaron a la Ertzaintza. «Tenemos un protocolo estricto: no discutir, no montar bronca y llamar a la Policía». Al cabo de unos minutos llegó una patrulla. Como el joven «no tenía una residencia fija», fue detenido por una falta de estafa. «Encima, se puso un poco borde», recuerda la misma fuente. Fue conducido a comisaría, donde pasó la noche en los calabozos, y, tras ser puesto a disposición judicial, quedó en libertad al día siguiente.
"Volvió el miércoles"
La peregrina historia de K.Y. no acabó ahí. «Volvió el miércoles». Dos días después del incidente, se presentó de nuevo en el asador Guetaria. El jefe del comedor le miró y le inquirió: «¡Aire!». «Y lo entendió enseguida, cogió y se marchó». «Nos quedamos con una cara de idiotas...», dice el maitre.
Sin embargo, no debió de quedarle claro que lo que hacía era ilegal, que la ciudad dispone de comedores sociales donde puede alimentarse si no tiene recursos, aunque se trate de una comida mucho más modesta y a unas horas determinadas tras respetar una cola, porque el individuo eligió otro restaurante, esta vez una trattoria de la calle Máximo Aguirre. Allí, repitió los mismos pasos. Se sentó, pidió y después de comer confesó que no tenía dinero, que vivía en la calle y que tenía hambre. Esta vez el ticket ascendía a unos 15 euros, y la encargada del local también avisó a la Policía autonómica. El hombre volvió a ser detenido por otra falta de estafa, dos en menos de una semana, al carecer de domicilio conocido.
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