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GONZALO SELLERS
Martes, 23 de febrero 2010, 13:08
Cuando se giró no pudo reconocer al hombre que le había llamado por su nombre. Un pasamontañas negro le ocultaba el rostro. Lo que sí vio fue el cañón del revólver que le apuntaba a la cabeza. Eran las 7.50 horas de ayer cuando el subdirector de la sucursal de la Caixa en El Astillero se convirtió en el primer rehén de un atraco valorado en cerca de cien mil euros.
Segundos antes, este directivo había abierto la puerta y desactivado la alarma. Era la rutina de cada día para quien entraba el primero en el banco cada mañana. Pero no ayer. Dentro lo esperaban tres ladrones. Uno de ellos, agazapado detrás de una mesa, aguardó a que pasará junto a él y fue entonces cuando pronunció su nombre y le encañonó. Los otros dos criminales aparecieron casi en el mismo momento. Todos ellos vestidos de oscuro riguroso, con la cara tapada, guantes para no dejar huellas y con acento español.
Según pudo saber este periódico, los atracadores llevaban horas esperando ese momento en el interior de las oficinas, a las que accedieron a través de un butrón hecho en un edificio de viviendas contiguo. Allí, arrancaron un pequeño panel de la pared del portal y accedieron a un hueco que daba directamente al tabique del banco. Ningún vecino oyó ruidos por la noche, a pesar de que lo echaron abajo a golpes.
Con la boca del revólver amenazándole a pocos metros, el subdirector de la sucursal desactivó la alarma de la caja fuerte de apertura retardada, pero avisó a los ladrones de que no podían abrirse hasta las ocho de la mañana. Había que esperar. Al menos uno de los atracadores llevaba un 'pinganillo' en la oreja con el que se comunicaba, según los primeros indicios, con un cómplice que les esperaba fuera al volante de un coche.
Cajas y mochilas
A las ocho en punto el subdirector abrió la caja fuerte, y los tres hombres empezaron a llenar unas cajas de cartón que había en el banco con los alrededor de cien mil euros que había en el interior. Pero fueron interrumpidos cuando las dos empleadas del banco se presentaron en la puerta dispuestas a cumplir con su jornada laboral. Los ladrones obligaron al responsable de la sucursal a abrirles la puerta y, una vez dentro, les ordenaron a los tres que se tumbaran en el suelo. Cuando las cajas de cartón estuvieron llenas de billetes, las guardaron en las mochilas que llevaba uno de ellos.
La huida
Era el momento de huir, y para asegurarse de que no iban a tener a la Policía detrás de ellos enseguida, los atracadores maniataron al subdirector y a las dos empleadas y los encerraron en uno de los despachos.
Tras cerca de diez minutos luchando contra las ataduras, una de las víctimas consiguió liberarse y, tras cortar con unas tijeras las cuerdas de los otros, llamó a la Guardia Civil.
A pesar de la aparente limpieza del golpe y del cuidado de los ladrones por no dejar huellas ni permitir el reconocimiento facial, la investigación ya tiene dos líneas sobre la que trabajar. La primera, las imágenes captadas por la cámara de seguridad del banco. Todo indica que tuvieron que inspeccionar la sucursal los días previos al robo. Y la segunda, el 'modus operandi'. Según pudo saber este periódico, una banda de atracadores que opera por la zona de León utiliza los mismos métodos que los empleados en El Astillero, por lo que podría tratarse de la misma.
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