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GUILLERMO BALBONA
Miércoles, 14 de abril 2010, 11:42
En junio, entre el ritual, la devoción, el homenaje y la pasión literaria, regresará a Dublin para vivir el 'Bloomsday' con los Caballeros de la Orden del Finnegans. En realidad, en ese paseo literario a través del 'Ulises' de Joyce, el escritor Enrique Vila-Matas, acompañado por Antonio Soler, Jordi Soler o Eduardo Lago, revivirá su querencia más apasionada: la de vivir inmerso en la literatura, la de reclamar la necesidad de seguir contando historias.
Su última novela, 'Dublinesca', funde en la ficción las figuras y vínculos del editor y del escritor, dibuja una parodia de la gran crisis final, y atraviesa las cumbres de la literatura y la vanguardia, mientras deja un aroma inconfundible de escritura asociada a cultura, y viceversa. «Ulises sería la epifanía de la era de la imprenta y Beckett la afonía», dijo el autor en Santander.
A Vila-Matas, que ayer protagonizó la Tribuna Literaria de Caja Cantabria, le espantan las etiquetas pero no le desagrada arrastrar el sello de 'autor de culto'. «Me gusta serlo, no hay problema», admitió tras recurrir a la ironía, y quién sabe si a una falsa cita, al apuntar que un escritor de culto 'es aquel que cobra menos que los otros'.
En su análisis, Vila-Matas dijo que «las etiquetas son inevitables, son algo a lo que están sometidos no sólo los escritores sino todo el mundo, como si no estuviéramos siempre evolucionando, en perpetuo movimiento».
También está convencido que la «continuidad» caracteriza la creación literaria en la leve y falsa transición entre el siglo XX y el nuevo milenio pero, a su vez, cree que ya es hora de ver en su obra trazada durante 30 años, en su conjunto, «un esfuerzo por hacer vanguardia». El autor sostuvo que «no tiene sentido hacer algo que no aporte algo nuevo o al menos intente serlo» y, después de treinta años escribiendo, considera que es como si desde el principio hubiera tenido «un programa para llevar a cabo una obra, una propuesta, no un libro tras otro».«Modestamente, pienso que estoy haciendo un trabajo de vanguardia, y alguno de mis libros ha intentado aportar algo a la historia de la literatura», reflexionó sobre su escritura en voz alta el autor de 'Doctor Pasavento'.
Vila-Matas, asimismo, está convencido que «hay gente interesada en decir que viene un nuevo lenguaje en literatura porque no confía en su talento y cree que eso lo puede ayudar, pero no hay tanta novedad como muchas veces se pretende». En la literatura norteamericana al principio del siglo XX se encuentra ya esa fragmentación de la que tanto se habla ahora».
El narrador, que con 'Dublinesca' estrena editorial, Seix Barral, tras veinticinco años y dieciséis libros publicados en Anagrama, ahuyenta en todo momento el fantasma de la amenaza digital: «No hay motivo para alarmarse con la irrupción del mundo digital en la literatura porque entre Gutenberg y Google no hay una ruptura sino una continuidad».«Lo alarmante», subrayó, «sería que desapareciera el lenguaje, el pensamiento, la narración».
Vila-Matas confesó que antes se dejaba llevar convencido de que la literatura era el lenguaje del arte superior, pero ahora el narrador explora las «conexiones de la literatura con otras artes tras el empacho y encierro con los libros», sabedor de que la música ostenta la cima artística.
Frente a quienes piensan que en las novelas deben habitar hechos reales, el autor de 'El mal de Montano' subraya que la ficción se asoma al mundo «para construir una nueva realidad». Sobre aquellos que han identificado toda su trayectoria con la metaliteratura, Vila-Matas considera que no han sabido leerlo y que, en realidad, tal asociación responde a «un cliché». Un lugar común que, en su opinión, emplean quienes no han leído su obra «con una mínima detención» y que ahora niega «más que nunca». La prueba, a su juicio, es que editoriales inglesas y estadounidenses han comprado el libro «y en esos países sólo se entiende por novela aquello que cuenta una historia». El escritor barcelonés reivindicó su trabajo por una literatura de «vanguardia», así como la importancia del «talento» para «narrar historias. Destacó que en su caso hace 30 años él ya escribía de forma «fragmentaria», algo que entonces «sonaba moderno», aunque en el siglo XX autores como James Joyce ya impulsaron una «ruptura de estilo».
A su juicio, «lo que hay que valorar es si uno tiene talento o no para narrar y contar historias, por encima de si es fragmentario o no, ya que lo importante es atraer al lector». El autor de 'Bartleby y compañía', aunque admite la existencia de «nuevos lectores», a los que se dirigen las «jóvenes editoriales, pequeñas e independientes», cuya labor mereció sus elogios, matizó que se trata de un fenómeno que se ha repetido a lo largo de la historia. Al narrador, que acaba de regresar de Francia donde presentó su novela, le gusta recordar que «la realidad es muy compleja» y cree que en el país vecino la crítica sí ha entendido que su novela se mueve entre «lo paródico y lo paradójico»: una parodia del apocalipsis, del fin del mundo o del fin de una época en la que subyace «un discurso contra todo pesimismo en torno a la literatura». El personaje de 'Dublinesca', un editor que va a celebrar un funeral por el final de la imprenta, lo que en realidad -y esa es la paradoja-, señaló Vila-Matas, «le sirve para tener ocupado el futuro y tener algo que contar en su regreso».
De la mano de su último personaje, el editor Samuel Riba, Vila-Matas vuelve a invitar al lector a compartir su viaje: «Leo a los demás hasta convertirlos en otros y eso incluye también mi propia parodia». El narrador ya lo dejó claro en otra visita a Santander: «la originalidad reside también en la asimilación de otras voces».
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