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PPLL
Viernes, 11 de junio 2010, 02:26
Cómo puede ser que los estadios vacíos atraigan tanto? ¿Cómo puede ser que el Bernabéu sea el segundo edificio más visitado de Madrid después del Museo del Prado, o en Barcelona lo sea el Camp Nou detrás de La Sagrada Familia? Se trata del magnetismo brutal de los estadios de fútbol, que son las catedrales contemporáneas, dado que allí se celebra una auténtica liturgia. La arquitectura de vanguardia ha prestado a sus mejores firmas para levantar estos recintos futbolísticos, que se han convertido en los escaparates de la cultura de masas.
Desde el Coliseo romano hasta hoy en día, el estadio subraya su carácter iconográfico. El Allianz Arena de Munich, de los arquitectos Herzog y De Meuron en Múnich, es el estadio emblemático de comienzos del siglo XXI. Desde un vuelo en avión, antes de aterrizar en suelo muniqués, se puede oír exclamar a mayores y niños ¡el Allianz Arena! Parece que se tratara de las pirámides de Keops, de una de las siete maravillas del mundo. Pero, no es un colosal campo de fútbol. El estadio municipal de Braga (Portugal) de Soto Moura posee una característica que lo distingue de todos los demás: forma casi un todo con el paisaje que le rodea, puesto que ha surgido donde en otro tiempo existía una cantera. Santiago Calatrava, tan dado a la megalomanía, ha introducido una suerte de sobriedad higienizante en sus estadios, como sucedió en el escenario que diseñó para la final del último Mundial de fútbol en Berlín.
Espacios descomunales
Aunque el estadio sea un medio de masas, la performance que le corresponde es el del espectáculo deportivo, dando la sensación de que todo lo demás que allí se realiza tiene que ver, más que nada, con la capacidad. Esos espacios descomunales tienen que estar necesariamente llenos; en caso contrario, se extenderá un reguero desasosegante, y comenzarán a escucharse los gritos angustiosos de los entrenadores y los exabruptos de los jugadores, que encontrarán el eco del vacío.
Los estadios son el lugar donde se cumple el deseo primitivo de estar juntos, sea por la razón que sea. Si los italianos convierten los campos de fútbol con sus banderas en espacios neomedievales, y un estadio como el del Real Madrid parece un búnker desproporcionado, los ingleses prefieren la modestia arquitectónica, acaso porque piensan que el edificio que mejor acoge ese deporte es el canto de los aficionados.
No hay arquitectura comparable a lo que crece hasta el cielo cuando se escucha 'You never walk alone' en el estadio Anfield de Liverpool.
Sin embargo, no hay gran urbe, o incluso mediana o peque, que aspire a ofrecer al mundo un estadio de diseño característico y si se queda antiguo, hacer una remodelación impactante como en el viejo San Siro de Milán.
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