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MIGUEL A. PÉREZ JORRÍN
Sábado, 17 de julio 2010, 12:52
«Si pudieran, qué pensarían los que dejaron su vida en Haití de que los mismos que los reciben envueltos en la bandera sean los que bajan el sueldo a sus compañeros y las pensiones de las viudas». El comandante naval de Santander, el capitán de navío José García Olivares, convirtió el tradicional discurso de la fiesta del Carmen, ante el Delegado del Gobierno y otras autoridades civiles y militares, en una mezcla de recuerdos, anécdotas históricas y críticas hacia diversas decisiones y actitudes del Gobierno central y regional, dichas todas ellas en un lenguaje distendido y amable en la forma, pero muy duro en el fondo.
El de ayer fue el penúltimo acto oficial de García Olivares, que el próximo día 22 dejará el cargo de comandante naval, en el que será sustituido por el también capitán de navío Francisco de Paula Romero Garat. Y no fue un discurso al uso. De hecho, el delegado del Gobierno, Agustín Ibáñez, asistió incómodo a la alocución y abandonó la Comandancia de Marina sin quedarse hasta el final de la tradicional recepción como todos los años. Fuentes de la Delegación aseguraron ayer que Ibañez no asistió al vino español, porque tenía «trabajo pendiente de firma en el despacho».
La crítica a la bajada de sueldos a los militares se produjo al final de la intervención, poco después de un recuerdo a los cuatro compañeros de la Armada muertos en acto de servicio en Haití durante la misión humanitaria recientemente concluida del buque 'Galicia' y «cuyo sacrificio y esfuerzo está en la memoria de todos», aseguró.
El todavía comandante naval se preguntó qué pensarían los fallecidos si pudieran conocer que poco después de perder la vida el Gobierno les baja el sueldo a sus compañeros y la pensión a las familias.
Olvido en Bosnia
En un tono distendido y amable, García Olivares tuvo referencias a los diversos destinos de su carrera militar, entre los que incluyó su intervención en el conflicto de la antigua Yugoslavia en una fragata que vigiló en el Adriático el embargo de armas. De este recuerdo salió una segunda crítica al Gobierno, y directamente al Ministerio de Defensa, por su ausencia en los actos de despedida del último contingente español en Bosnia, el pasado 18 de junio. «Nos dio una pena enorme ver que en la ceremonia de despedida a nuestras tropas (un contingente de Infantería de Marina) no había ninguna presencia de alto nivel ni de las Fuerzas Armadas ni del Ministerio de Defensa. Les despidió un general austríaco tras 18 años de presencia española allí, en los que han pasado más de 30.000 soldados, de los que 23 han muerto. Se fueron en absoluta soledad», se lamentó.
Veteranos de la Armada
No fue la única alusión al departamento de Carmen Chacón y a la familia militar. García Olivares reconoció una frustración en sus cuatro años de mando en Santander: no haber logrado que se diera una condecoración a la Asociación de Veteranos de la Armada, para la que ayer tuvo un gesto de reconocimiento, entregándole una metopa a su presidente, José Luis Terán.
«Les propuse durante cuatro años para la cruz del mérito naval, pero parece que siempre había alguien que se lo merecía más», se lamentó García Olivares, que recordó cómo había sido testigo «de su lucha sin éxito por crear un museo para la fragata Extremadura, de sus ilusiones y de sus disgustos». En este punto censuró el abandono y dejadez de las autoridades que tenían que apoyar el proyecto. También expresó su pesar por que el retraso en la construcción del buque de aprovisionamiento y combate 'Cantabria' le impida estar en la Comandancia cuando el barco reciba la bandera de combate en Santander, en 2011.
Tras este discurso, inusual por el contenido, los habituales corrillos del vino español del Carmen estuvieron más animados que de costumbre. Concejales, cargos públicos estatales, militares en activo y en la reserva y civiles de todos los ámbitos sociales, que habían recibido con más de un respingo las palabras, comentaron la intervención del militar y también la reacción del delegado del Gobierno ausentándose de la recepción. Pocos, entre ellos algunos cargos de la administración estatal, expresaron en público su malestar.
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