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CONSUELO DE LA PEÑA
Jueves, 12 de agosto 2010, 09:46
Dos meses de zozobra, de vaivenes y de órdagos de altísimo riesgo se cerraron ayer con la firma del protocolo que fija la llegada de la alta velocidad a Santander en torno al año 2015, un trayecto de 400 kilómetros que se realizará en un tiempo máximo de tres horas.
Esta rúbrica, surgida del dolor, asemejaba un parto. El de ayer fue el «día más feliz» del presidente Miguel Ángel Revilla, después depasado los «meses también más dífiles» de su carrera política. Para el ministro José Blanco, el segundo en estampar su firma, este acuerdo, que enmarcó dentro de la «peor crisis económica» vivida en los últimos 80 años en España y en el mundo, ha sido «el más difícil» desde que ocupa la cartera de Fomento. Sólo la tercera suscribiente, la vicepresidenta, Dolores Gorostiaga, evitó metáforas lastimosas sobre los escollos de las negociaciones. Pero, conseguido el objetivo, superados los obstáculos, «pelillos a la mar», destacó el presidente con el rictus eufórico, en expresión infantil.
En medio de una expectación sin precedentes, la sala de prensa del Gobierno regional fue el escenario elegido para hacer pública la firma del protocolo. Los principales actores -Blanco, Revilla y Gorostiaga- presidieron el acto, al que se dio un carácter solemne. En primera fila, en mesa de a dos, el delegado del Gobierno, Agustín Ibáñez, junto al consejero de Obras Públicas, José María Mazón. A su lado, se sentaron el responsable de Industria, Juan José Sota, y el alcalde de Santander, Íñigo de la Serna, el asistente más incómodo en esta fiesta, ya que no comparte el triunfalismo del Ejecutivo de coalición y cree que se ha «sacrificado» Santander para «salvar la crisis del Gobierno».
En los laterales, un improvisado aforo albergó a los miembros del gobierno en pleno; a los tres portavoces de los grupos del Parlamento regional y del Ayuntamiento de Santander, y a los asesores que acompañaban al ministro.
Blanco no admitió preguntas, e incluso contestó desairado con un «he dicho que no hay preguntas» cuando un periodista le inquirió sobre el conflicto de los controladores aéreos a su salida de la sede gubernamental, en Peña Herbosa. Un minuto antes, terminada la rúbrica, estrechó la mano del alcalde, con quien se reunirá el próximo día 7 para hablar de la llegada del AVE a Santander.
El ministro, que desairó al Gobierno de coalición el pasado 15 de mayo al suspender por sorpresa la colocación de la primera traviesa del tren, habló de los «delicados momentos» que han condicionado la firma de este convenio, con la «peor crisis de los últimos 80 años y los planes de ajuste presupuestarios que hemos tenido que cumplir». En tono doliente, aseguró que ha sido «probablemente» el acuerdo «más dífil desde que soy ministro de Fomento». No en vano, «el diálogo conlleva discrepancias y diferencia de opiniones y, en este caso, no ha estado exento de pasión política».
Pero, finalmente, «la solución encontrada blinda la llegada de la alta velocidad» a Cantabria y «la blinda además garantizando la compatibilidad con el transporte ferroviario de mercancías, un condicionante capital para el Puerto de Santander».
El presidente regional no dejó de repetir que el de ayer era «el día más importante» de su vida política. Para que se entendiese su estado emocional, recordó los reveses que sufrió la región con el Santander-Mediterráneo y la Autovía Dos Mares. Tan eufórico estaba el veterano político que dijo que Blanco, contra quien había lanzado sus dardos semanadas antes, era «un hombre grande. Hoy el ministro de Fomento es más importante y más grande porque ha rectificado y ha sabido entender la petición y el clamor de todo un pueblo».
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