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PEDRO ÁLVAREZ
Jueves, 21 de octubre 2010, 10:19
Juan Luis Salceda y Miguel Cagigal son dos de los pocos jóvenes del municipio de Pesaguero. Ambos han decidido continuar con la tradición ganadera y apicultora de sus padres y quedarse en sus pueblos de origen. Juan Luis vive en la localidad de Pesaguero y Miguel Cagigal, en Avellanedo. Y desde el mes de septiembre, los dos están muy preocupados, ya que el oso ha destrozado varias colmenas y matado a dos de sus ovejas. Su intención no pasa, ni mucho menos, por eliminar a los plantígrados. No, sus pretensiones son otras. Por ejemplo, cobrar pronto las indemnizaciones por los daños, que se articulen las medidas para que los incidentes no se repitan y, lo más importante, poder continuar con su actividad en sus pueblos natales.
Conscientes de que dependen de su ganado y de lo que producen sus colmenas para poder vivir dignamente en un municipio lebaniego que ha sufrido un fuerte despoblamiento año tras año, creen que se deben tomar medidas para que no les obliguen a tener que dejar su pueblo porque el oso y otros animales del bosque puedan acabar con su medio de vida.
Juan Luis Salceda asegura que «siempre hemos tenido ganado, como vacas, ovejas, y cabras, y alguna vez, al ganado menudo, le atacaba el lobo, pero ahora el oso se está acercando cada vez más a los pueblos. Tengo alrededor de 200 colmenas repartidas en cuatro colmenares, y con la miel que producen comercializo 'Miel Salceda', lo que me ha supuesto un gran sacrificio». En su relato de los hechos, Juan Luis recuerda que «en los primeros días del mes de septiembre, el oso ya nos visitó dos colmenas que tenemos en Valdeprado, que nos destrozó, al igual que también hizo con las de un vecino del pueblo, José Robledo, o las del guarda Ismael. Hace 20 días, nos atacó otro colmenar en el lugar de El Morenillo, a 300 metros de la localidad de Pesaguero. Se llamó al guarda, vio los destrozos, tasó los daños y nos entregó un pastor para cercar la colmena y evitar el ataque del oso a la miel».
«La guardería se ha portado bien, tanto en las visitas realizadas y tasación de daños, como en la entrega de los pastores, pero no vemos una solución a nuestro problema», reconoce Salceda.
Ataque a las ovejas
Pero la preocupación de Juan Luis va ahora en aumento porque, hace una semana, el oso atacó a una oveja dándola muerte. «Tenemos once ovejas. Mi padre tenía un buen rebaño, pero las tuvimos que ir quitando por los ataques de los lobos. Ahora, el pequeño rebaño que tenemos se encontraba en una finca cerrada, a escasos 100 metros del pueblo, pero por la noche entró el oso y mató a una oveja. Llamamos al guarda, ya que la oveja estaba comida por los cuartos traseros. No era un ataque de un lobo, porque éste nos habría matado más ovejas. Durante la noche siguiente, el guarda permaneció próximo a la finca donde tenemos las ovejas y vio con un foco al oso. Sabemos que en esta zona de Pesaguero hay uno oso grande; otro oso más pequeño y una osa con una cría», asegura.
Un dato que avala la presencia de osos en esta zona de Liébana, es su avistamiento durante algunas cacerías. «En Pámanes, La Hoyona y Cotera Oria, han sido suspendidas batidas por este motivo -es algo relativamente frecuente en la comarca lebaniega- e, incluso, en alguna cacería varios cazadores han podido ver al oso. Se están suspendiendo cacerías, por lo que los daños de jabalíes en las fincas pueden ir en aumento. Incluso se da la circunstancia de que tenemos manzanales que están sufriendo el ataque de los venados y a todo esto se añade que hay vecinos que también están sufriendo el ataque de los lobos», recuerda Salceda, que se pregunta «¿qué porvenir nos espera a la poca gente joven que hemos decidido continuar en los pueblos que nos han visto nacer?».
«Nos lo ponen muy difícil»
Miguel Cagigal ratifica todo lo dicho por su compañeros y reconoce que «los daños ocasionados al ganado nos lo están poniendo muy difícil. Antes eran los lobos y ahora es el oso el que ataca al ganado. El año pasado perdimos seis ovejas del rebaño. Hace unos días, el oso atacó por la noche a una oveja en una finca situada encima de la antigua escuela, junto a las casas del pueblo, donde tenemos el ganado».
«Soy consciente -añade Cagigal- de que ya de por sí es dura y sacrificada la vida de un ganadero, pero si a ello se añade que es más importante conservar y respetar la fauna silvestre que nuestro ganado, pocas perspectivas de futuro tenemos. En este municipio de Pesaguero, no llegamos a la docena los jóvenes que hemos decidido seguir aquí con el ganado. Da pena contemplar cómo en los pueblos las casas están abandonadas o se van cayendo. La administración tiene que hacer algo para evitar que este lugar tan extraordinario se vaya despoblando y para ello tendrán que poner en marcha una serie de medidas para incentivar a los jóvenes, porque Liébana, para el turista, es muy bonita, pero que no se olvide nadie de que somos nosotros, los ganaderos, con nuestro ganado, los que conservamos los pueblos y los montes, para que los que vienen de fuera puedan disfrutar de esta tierra».
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