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TERESA COBO
Domingo, 12 de diciembre 2010, 12:17
El osezno 'Áragón' ha descubierto que hay vida más allá de su cercado y no tiene otro afán que escapar. A pesar de que la dirección de Cabárceno puso a su disposición los dos recintos de cuarentena del parque, comunicados entre sí, ese espacio se le ha quedado pequeño. Ya no es aquel cachorrito rescatado del maletero del coche de unos traficantes. Ha crecido muy deprisa y se siente encerrado. Urge vallar el área que se ha habilitado para él en un margen del área de los osos.
Lo primero que piensa 'Aragón' cuando ve que se acercan sus cuidadores ya no es «llega la comida». Ahora lo que se le pasa por la cabeza es: «Van abrir, a ver si me escabullo». Las artimañas que utilizan con él, como lanzarle una manzana o una pera al fondo para que se entretenga mientras franquean la puerta y la cierran tras de sí, comienzan a fallar. Es tan raudo en zamparse la fruta que, antes de que les dé tiempo a descorrer los cerrojos, ya está plantado de nuevo en la reja. Y presionando.
A medida que el osezno crece, con mayor nitidez se pone de relieve el perjuicio que le ocasionaron quienes lo separaron de su madre con sólo unas semanas de vida y lo introdujeron ilegalmente en España desde Rumanía. 'Aragón' no puede ser devuelto a los bosques. No ha aprendido a protegerse ni a alimentarse por su cuenta. Y se acercaría a los pueblos y a las personas en busca de comida. Tampoco es posible incorporarlo a corto plazo al recinto de los osos de Cabárceno. Lo recibirían como a un intruso y lo matarían. Hasta que no cumpla tres años, no estará en condiciones de defenderse y plantar cara.
La solución intermedia que se ha encontrado es habilitar un espacio de transición para el osezno en el parque. Ya se han hecho los arreglos necesarios, pero está pendiente el vallado. Es una pequeña porción del recinto de los osos, el más extenso de Cabárceno. Los 70 plantígrados conviven en 35 hectáreas. Desde su parcela, 'Aragón' podrá ver, oír y oler a los demás osos, pero no habrá contacto físico con ellos. Dispondrá de alrededor de 2.000 metros cuadrados. Un campo de fútbol mide entre 7.000 y 10.000 (una hectárea).
El futuro recinto de 'Aragón' corresponde hoy a una zona apartada del territorio de los plantígrados a la que acuden ejemplares adolescentes para evitar ser vapuleados por los más fuertes, algunos osos viejos que han dejado de ser dominantes y, en la época de cría, hembras que quieren proteger a sus cachorros. Por su perímetro exterior, este terreno es accesible para el público, que podrá ver a 'Aragón' cuando a éste le apetezca asomar por allí. Ya no tendrá caseta. El equipo técnico colocará en la parcela grandes tubos de hormigón para que se cobije. «Estos animales son muy listos y, según la dirección del viento, ellos eligen el lugar más adecuado para guarecerse», apunta el veterinario Santiago Borragán.
Rechaza la carne
Mientras llega el momento del traslado, 'Aragón' juega todo lo que puede en soledad, pero pasa mucho tiempo pegado a la verja, a la espera de una oportunidad para fugarse. A veces muerde los barrotes e intenta desencajar la puerta. Pero se le resiste y eso acaba por sacarlo a él de quicio. Prueba con todo. Incluso escarba junto al marco metálico en un intento de escurrise por debajo como si fuera una comadreja. ¡Inocentón! No es consciente de su propio tamaño y de lo hondo que tendría que excavar para hacer pasar por ahí su esponjado lomo y el hermoso trasero que ha echado. No ha perdido su apetito voraz, pero ya ha acumulado suficiente grasa para pasar el invierno y rechaza la carne. ¡Qué listo!
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