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GUILLERMO BALBONA
Sábado, 18 de diciembre 2010, 01:14
El silencio elocuente de las fotografías de Arno Fischer y el tiempo en suspenso desprendido de los seres de Susanne Themlitz funden sus respectivos lenguajes y muestras en la doble nueva cita expositiva del Museo de Bellas Artes, como ya se avanzó. La mirada «documental, poderosa, plástica, natural, ajena al espectáculo y al efectismo», del fotógrafo germano, retratista histórico de Berlín se exhibe en una retrospectiva muy completa que tras visitar Salamanca recala ahora en Santander.
En el segundo caso, producción propia del museo santanderino, presenta una instalación de la artista portuguesa en la que dibujos, pintura y escultura «muestran un paisaje de criaturas de otro mundo en una miscelánea de realidad y abstracción».
El Museo santanderino y la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria organizan y producen ambas citas inauguradas ayer de forma simultánea y previstas hasta febrero. El cierre del ciclo expositivo del Museo, que este año ha albergado muestras como la de Jorge Galindo, colecciones privadas y la apuesta por el arte urbano con la producción de las obras de la Rampa Sotileza, se completará como se avanzó con la exposición en el Espacio MeBas dedicada a Martín Sáez. La obra de Themlitz (Lisboa, 1968) se presenta comisariada por Salvador Carretero. 'Entre el tiempo' es una instalación compleja integrada por piezas y lenguajes diversos que une por primera vez el dibujo y la escultura de la creadora. Un proyecto que tiene sus orígenes hace un año -inicialmente previsto para 'el puente de la visión'-que, a través de líneas y sombras y materiales diversos, el papel encolado, cartón, pvc, óleo y grafito, revela una metáfora de «ausencias y presencias».
«Un imaginario en el que la relación tiempo-espacio marca el recorrido por las diferentes fases de un itinerario marcado por la presencia del hombre y su conexión con los objetos, la naturaleza y el mundo de fantasía y realidad».
La artista aludió a esa tensión de «suspensión vital» entre el antes y el ahora, entre el pasado y presente que emanan de su obra. La instalación parece «un paisaje congelado». Como en una máquina del tiempo el observador viaja por diversas pasos: esculturas y dibujos, formas autónomas, seres, entre perspectivas y diferentes lenguajes, o asociaciones múltiples. Esculturas y dibujos coexisten interactuando entre el observador y el dibujo, entre el dibujo y el objeto, entre lo vivo y lo inerte, entre los detalles, la naturaleza muerta y el paisaje, en alguna parte».
Poderoso realismo
En la planta 1 el Museo alberga desde anoche el exhaustivo itinerario gráfico de la obra del alemán Arno Fischer (Berlín, 1927). Más de 150 fotografías de diversas series, que en España se exhiben mediante un proyecto coordinado por Christoph Strieder. Poderoso y plástico, Fischer se mueve entre el realismo, la naturalidad, la melancolía y la elegancia documental. Retratos, viajes, Berlín por supuesto, Nueva York, África y el mundo de la moda para la revista Sibylle son algunos de los ámbitos que se reflejan en la muestra. 'Berlín en llamas' de 1943 abre este recorrido por unas imágenes que, a juicio de Strieder, «poseen un movimiento constante, y llevan implícitas un silencio elocuente, una narración en silencio a través de escena cotidianas nunca espectaculares». El responsable de esta muestra fotográfica subrayó «el trabajo espontáneo de Arno Fischer, su capacidad para saber ver y escoger en su entorno cotidiano».
El creador berlinés luchó sin descanso para el reconocimiento de la fotografía como género artístico con derechos propios y con su propio carácter. Pero a pesar de todo esto, siempre ha estado extrañamente renuente a exponer su obra. Hasta 1985 no accedió a una primera exposición retrospectiva en Berlín Oriental. Nacido en Berlín en un barrio de clase trabajadora, Arno Fischer, trabajó como profesor en Leipzig y Dortmund y actualmente en la Escuela de Fotografía y Diseño de Berlín. Una mente independiente, intelectual de la izquierda y por lo tanto con tendencia a la desconfianza de todos los poderes, ya sean políticos, económicos o religiosos. «La narración abierta, la composición y la medida humana» enmarcan la mirada de Fischer. Sus obras más recientes e intimistas plasman naturalezas muertas y paisajes en soporte polaroid que muestran la ambivalencia que ha marcado su carrera, la diferencia entre el oficio y el arte, pues según confiesa este artista: «la fotografía permite a gente creativa expresarse por si misma».
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