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Sábado, 15 de enero 2011, 01:19
Varios vecinos del edificio donde acababa de ser apuñalado Valentín Fernández escucharon sus gritos y salieron de sus casas para intentar auxiliarlo. Lo vieron tendido en el suelo del portal, desangrándose, mientras decía «textualmente y con total claridad», según la acusación, «me han matado, han sido Erica y otro». Valentín tardó unos 45 minutos en morir, y de nada sirvieron las prácticas de reanimación que le realizaron mientras esperaban la llegada de los médicos del 061, que sólo pudieron certificar su muerte, mientras sus agresores huían a León.
Valentín se había ido a vivir con su pareja, Erica, y el hijo de ambos a Mataporquera tres años antes (en 2007), procedentes de la provincia de León. Él era natural de Veguellina y ella de Villarejo de Órbigo, cerca de Astorga. Su relación era normal hasta que un día, en 2008, la mujer dejó al niño en el colegio y después salió de casa con una maleta y subió a un taxi. El padre del crío consiguió la custodia del menor, que en aquel momento tenía cinco años de edad, y no volvió a saber nada de ella hasta poco antes del crimen.
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