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El fotógrafo Vicente Ansola dejó de lado la fotografía de estudio para poder «contar historias» a través de sus instantáneas . :: CELEDONIIO
Mirando a través del objetivo de un «fotógrafo ambulante»
SOTILEZA

Mirando a través del objetivo de un «fotógrafo ambulante»

Vicente Ansola es el único español finalista en los Premios Hasselblad con cinco instantáneas de su último trabajo, 'La gente de las nieblas'.

Gema Martínez

Viernes, 11 de marzo 2011, 12:49

Quién iba a decirle a Vicente Ansola que tener que ocultar su querencia por arañar acordes en una guitarra eléctrica iba a conducirle a la gran pasión de su vida. La casualidad hizo que en sus manos cayese un cursillo de fotografía a distancia y su curiosidad y su avidez de conocimientos hicieron el resto. A día de hoy, Vicente Ansola -nominado al premio Hasselblad de fotografía en la categoría Up and Coming con instantáneas de su último trabajo 'La gente de las nieblas'- recuerda, con una sonrisa, sus comienzos como fotógrafo, «revelando imágenes con platillos y utilizando el cristal de un retrato de mi abuelo para poner los contactos».

Nacido en Alceda, la libertad que sentía en esos parajes, le hace ansiar y buscar esa sensación y por ello, se autodenomina un «fotógrafo ambulante». Además, es un auténtico narrador de historias: «A mí lo que me interesa es contar historias, sobre todo de gente sencilla que, a mi juicio, son quienes más tienen que contar». Esa búsqueda de la sencillez y su habilidad para contar relatos a través de sus imágenes le ha llevado a diversos lugares de todo el mundo.

Sin embargo, antes de embarcarse en esos viajes se dedicó a la fotografía de estudio y social, participando en revistas o periódicos de la región. En 1996 ganó el Gold Award de Kodak y fue seleccionado por la marca estadounidense para representar a España en una exposición celebrada en Bruselas. Dos años después su obra 'De tapas con Andy Warhol' fue seleccionada como finalista para el Open International Hasselblad.

Sus primeros pasos en el arte de la fotografía los dio en blanco y negro. Años después, su carácter curioso y ávido de aprendizaje le llevó a escalar un peldaño más, hasta llegar al mundo de la fotografía digital. Decidió ponerlo en práctica porque «pensé que me cogía muy mayor y que si no me ponía con ello, no podría competir con mi trabajo». Poco a poco, vio que las infinitas posibilidades del retoque fotográfico le conducían a «un medio muy potente con el que expresarme».

Duendes en Chicago

En 2001, nació 'El bosque de las flores dormidas', un volumen inspirado en el mundo celta -ámbito al que Ansola recurrirá en otras ocasiones- con instantáneas sobre «cómo figuras mitológicas como las anjanas o los 'trasgus' verían el mundo». Este libro, que incluye versos de la poetisa Ana Teja, no vio la luz en Cantabria hasta 2004, pero condujo a Ansola hasta el Instituto Cervantes de Chicago, donde realizó la exposición 'Duendes en libertad'.

Sus inquietudes le llevaron hasta los paisajes de Irlanda. Durante un año, el fotógrafo cántabro convivió y se empapó de las esencias del mundo celta, que fue captando con su cámara Fuji S3. Las imágenes conformarían, años después, su tercer libro: 'El bosque de la bailarina'. Entre 2008 y 2009, el aula de Medio Ambiente de la Caja Rural de Burgos expuso la serie 'Mundo celta - mundo rural' que contenía 39 de las instantáneas tomadas en Irlanda, y que fueron adquiridas por la entidad burgalesa para sus fondos.

«Los últimos mohicanos»

Progresivamente, ha ido abandonando «el uso y abuso del Photoshop». Entre su tercer libro y el último afirma haber conseguido una especie de evolución interior con la que quiere «regresar al mundo analógico a través del digital».

Su éxito fuera de la región le hizo plantearse salir de nuevo fuera de Cantabria y eligió el interior de Galicia, concretamente el Concello da Pontenova. Allí, encontró a «los últimos mohicanos, los grandes conservadores del Patrimonio», con los que comparte esa necesidad de mantaner a salvo la herencia de la tierra.

De su convivencia con los habitantes del Concello nació, primero, 'La gente de las nieblas', «un proyecto, realizado con el apoyo de las autoridades para la defensa de la arquitectura popular, de las tradiciones y las costumbres». Y, después, el pasado otoño, Ansola publicó 'La gente de las nieblas/ O pobo das néboas' un resumen del proyecto fotográfico que cuenta con textos de Francisco Martín y del propio fotógrafo cántabro. Estas instantáneas serán expuestas en el Museo Provincial de Lugo desde el próximo día 17; un evento que hace especial ilusión a Ansola pues «han habilitado autobuses para que la gente de los pueblos pueda verse, porque los realmente importantes son ellos».

A la espera de lo que decida el jurado del Hasselblad, Ansola sigue buscando vías para expresarse, dentro de su estilo que él mismo define como «anárquico, bohemio y, sobretodo, soñador». Según desvela, aunque sin dar demasiado detalle porque «prefiero que siga en secreto» es un proyecto que le llevará, cámara en mano, a diversos lugares de España. Así podrá seguir su máxima de: «Voy a conocer mundo y, de paso, disparo».

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