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MARIÑA ÁLVAREZ
Jueves, 24 de marzo 2011, 13:40
Contrató a una empresa de construcción para que, con un camión y una pala, levantase el asfalto que el Ayuntamiento de Miengo había echado el día antes sobre una servidumbre de paso particular de su finca y se lo llevase a un vertedero. Lo hizo el pasado jueves, de nueve a 12 de la mañana, «sin nocturnidad, ni alevosía, ni robo, ni gaitas ni pleitos. Pero claro, así no hay circo». Y no piensa entrar «en ese circo» que cree que ha montado el propio alcalde, Avelino Cuartas, al denunciarle por robar la carretera.
El hombre más buscado por los medios de comunicación es un industrial santanderino, de 53 años, con las iniciales G. B., que tiene en Mogro «una casita» en una finca que sus padres compraron en 1984. En estos días ha pasado de reírse a carcajadas con las bromas de sus allegados a sentirse muy molesto porque le llamen 'ladrón de carreteras', cuando él sostiene que actuó en todo momento «a la vista de todo el mundo», y que de hecho acudió a la Guardia Civil el mismo día que vio publicada la noticia del 'robo' en el periódico y a denunciar, a su vez, al Ayuntamiento de Miengo por ocupación indebida.
Muestra las diligencias en las que constan sus declaraciones ante los agentes, a los que explicó que la semana pasada se enteró de que el Ayuntamiento estaba asfaltando la calle Mies del Mar, y antes de que llegasen a su propiedad fue a explicarle al alcalde que el vial público termina justo antes de su parcela, y que en ese punto se convierte en una servidumbre de paso de su propia finca, aunque luego, ya dentro del deslinde de Costas, siga hasta la Playuca. Aporta, para demostrarlo, la certificación catastral y un documento firmado por el propio regidor en 2008 que así lo reconoce.
«Me dijo que es del pueblo»
Dice que le explicó al alcalde que si lo asfaltaban la gente iba a aparcar allí «y acabaría perdiendo parte de mi propiedad», pero también le dijo que podían llegar a un acuerdo si le permitían cerrar o simplemente señalizar su trozo. Pero la conversación no acabó bien. El alcalde le dijo, según afirma, que «es un camino del pueblo, y que si no estaba conforme, hiciera lo que estimase oportuno para defender mis intereses».
Y vaya si lo hizo. El 16 de marzo, a las 18.00 horas, G. B. vio que se había asfaltado todo el camino, «hasta la playa, incluido mi servidumbre de paso y la propiedad de Costas». Al día siguiente contrató a una empresa para que lo deshiciese todo en su tramo, de 50 metros de largo por tres de ancho, «corte por aquí, hasta aquí, y cargue».
«¡Robo! ¿Qué robo? Yo sólo he quitado lo que el Ayuntamiento echó sin permiso», indica G. B., que en todo momento insiste en que el alcalde supo desde el principio lo que iba a ocurrir y que también conocía la existencia de ese documento de 2008 en el que se solicitaba la «subsanación de discrepancias existentes en linderos», que recibió respuesta favorable, ya que consta que su finca «es una servidumbre de paso particular de la propia finca, según sus escrituras» (textual).
En terreno de Costas
G. B. va más allá, al observar «irregularidades» en la propia obra de la calle Mies del Mar. «¿Cuándo se expuso al público esa obra? ¿Cuándo se le notificó a los afectados?», además de advertir que el Ayuntamiento asfaltó hasta la playa, «cuando es de Costas».
Deja claro que él no se opone a que pase la gente por ahí, «pero es distinto que pasen tres a trescientos, porque entonces se hacen baches», y que aunque en ocasiones el Ayuntamiento se hizo cargo del arreglo del camino, él, como propietario, siempre se opuso a que lo asfaltaran y así se lo dijo al regidor. «Que pasen los que quieran, pero que el Ayuntamiento quiera cogerlo por la cara para quedar bien con los electores es otra cosa». Asegura que el propio Avelino Cuartas le dijo que, si se oponía, «que habría que expropiármelo. Pues vale, pero mientras sea mío, no».
Aclarada la otra versión de este suceso, que salió en todos los informativos nacionales, G. B. admite que con el paso de los días ya no le hacen tanta gracia las bromas con las que hasta ayer se tronchaba: «Que a tu lado el Dioni es un aficionado, que él robó un furgón, pero tú una carretera... O aquel otro: Desde siempre ha habido ladrones de caminos, pero ahora tú lo eres de carreteras... Hasta me ha llamado un amigo de Madrid, que lo había visto por la tele. Pero una cosa es la anécdota, y otra los hechos. Que son los que son».
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