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Los niños contemplan, sorprendidos, el funcionamiento de los ingenios hidráulicos de la Ferrería de Cades. :: DANIEL PEDRIZA
El futuro es de hierro
VALLE DEL NANSA

El futuro es de hierro

La Ferrería de Cades concluye su recuperación tras diez años de trabajos

R. C.

Domingo, 10 de abril 2011, 11:39

En la cuenca del Nansa ya no viven del hierro. Hubo un tiempo en que sí lo hicieron, hace muchos años. Se dedicaban a fundir el mineral, a fabricar utensilios, a talar árboles para los hornos, a transportar la materia prima y las piezas elaboradas... y aquellas tareas fueron la razón de ser y el sustento de las gentes de la comarca. En el Nansa hoy las cosas son de otro modo, pero el hierro sigue estando muy presente en la vida de los vecinos. La Ferrería de Cades se encarga de conservar vivo el recuerdo de los ferrones, pero también de buscarles un espacio para el futuro, en la idea de que su memoria puede constituir un elemento dinamizador de la actividad económica en la zona. El hierro no es sólo la historia del Nansa. También puede ser una parte muy importante de su futuro.

«Hemos creído en ello y se ha transformado no sólo en empleo, sino en atracción de gente», señala Belén Ulloa, técnico de la Asociación Saja-Nansa. «Sólo con la agricultura y la ganadería no vamos a poder fijar la población rural», añade Francisco Linares, alcalde de Herrerías. La rehabilitación y recuperación de la vieja Ferrería de Cades comenzó hace más de una década, siguiendo las pautas del proyecto diseñado por Luis Azurmendi.

Primero se reconstruyó la edificación original. Luego se llenó de contenido mediante la recuperación de los viejos ingenios hidráulicos. Más tarde se acondicionó la llamada Ferroteca, entre los muros de la antigua escuela de Cades. Últimamente se ha incorporado el viejo molino y se ha procedido a acondicionar todo el entorno, desde la antepara -embalse de agua destinado a la ferrería- hasta los itinerarios más próximos al río y al canal de captación.

La inversión ha superado el millón de euros, en su mayoría procedentes de la Unión Europea y del Gobierno de Cantabria. Los trabajos se han prolongado por espacio de más de una década, hasta su definitiva conclusión hace unos meses.

Diez mil personas al año

Unas diez mil personas visitan cada año la Ferrería de Cades. Muchos de ellos son niños, cuyos centros educativos programan visitas a la zona. La Ferrería de Cades, la Cueva de El Soplao y San Vicente de la Barquera aparecen en la mayor parte de los itinerarios escolares. Los atractivos turísticos de la comarca se apoyan unos en otros, para potenciar su efecto de atracción.

Rebeca, Kevin, Lara y Pablo, alumnos de los colegios Antonio Mendoza (Santander) y Pedro del Hoyo (Colindres), recorren sorprendidos las instalaciones. En total han venido 42 niños. Uno de ellos ya conocía el funcionamiento de una ferrería -«Estuve con mis padres, en Francia»-, pero el resto acaba de descubrir sus secretos: el agua, la rueda, el yunque -«lleva ahí más de 250 años soportando todos los golpes del mazo», les dicen-, el horno, la carbonera, la habitación para el ferrón.

Los viejos ferreros vivían en las ferrerías con su habitual indumentaria compuesta por un blusón largo de lino y un sombrero de ala ancha. Calor no les faltaba, pero en su trabajo estaban expuestos a ciertos peligros. «Se vendaban la cara para trabajar, pero aun así había accidentes».

Las explicaciones corren a cargo de uno de los monitores. Durante todo el año hay tres, y en verano la plantilla se amplía con un becario de refuerzo. «No tenemos capacidad para más, pero al menos son tres puestos de trabajo para jóvenes de la zona», afirma Belén Ulloa.

Dinamizar la comarca

Pero lo importante no es cuántas personas trabajan en la Ferrería, sino cuántas personas visitan la comarca gracias a ella y en qué medida se generan negocios alrededor. Secundino Caso, alcalde de Peñarrubia y presidente de la mancomunidad, y Francisco Linares, alcalde de Herrerías, enumeran algunas actividades que se financian o promueven gracias a la Asociación Saja-Nansa: negocios de turismo rural, talleres de elaboración de productos artesanales, empresas, campañas de promoción turística. La Ferrería constituye un auténtico motor para todas estas actividades y, en última instancia, para evitar el despoblamiento de las zonas rurales.

Por eso afirma Belén Ulloa que «ahora lo más importante es promocionarlo». «Esto es, Iñigo -dice Francisco Linares- como si montas un restaurante: ahora hay que hacer clientes. Hay buena comida, pero hay que traer clientes». Según Secundino Caso «todo lo que hacemos con los fondos de los programas Leader, y antes con los Proder, tiene que tener un valor añadido». Eso explica el empeño de la Asociación en convertir la Ferrería de Cades en uno de sus estandartes.

Canal, río y puerto fluvial

Mientras hablan los gestores, la visita de los niños continúa. Ahora pasan al molino. «Los niños comprenden mejor el funcionamiento de la ferrería y el molino si ven el conjunto», afirma Belén Ulloa, es decir, si completan la visita con el recorrido por el río, el bosque de ribera y el canal de captación de agua.

Estas han sido las últimas incorporaciones: los elementos que, desde hace unos meses, completan la visita. Quedaría alguno más, como la recuperación del viejo puerto fluvial de Muñorrodero (Val de San Vicente), desde el que entraba el mineral de hierro, pero eso queda de momento fuera de los objetivos a corto plazo.

Los más inmediatos están muy claros: promocionar el complejo de la Ferrería de Cades, una vez completado su proceso de recuperación; exhibirlo como material didáctico; facilitar el disfrute de sus instalaciones; y conseguir que, con esta actividad y el tráfico de personas que se le presume, se consolide como uno de los grandes atractivos turísticos de la comarca y como una herramienta válida para contribuir al desarrollo de la zona, a la diversificación de la actividad económica en la comarca y, en última instancia, a detener el despoblamiento de los núcleos rurales de Cantabria.

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