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Foto: Guillermo Cervera
Retratos de dos mundos
SOTILEZA

Retratos de dos mundos

Guillermo Cervera, que alterna su labor de reportero con la mirada cotidiana tras la guerra, mostrará su obra en la galería Juan Silió

Gema Martínez

Viernes, 13 de mayo 2011, 10:36

Quién no ha utilizado nunca la expresión «tener un golpe de suerte»? Y es que, a veces, la fortuna se presenta de formas inesperadas. A Guillermo Cervera (El Ferrol, 1968) la suerte se le presentó en forma de un cartel de Pepsi escrito en libio que le salvó la vida. El pasado mes de abril se encontraba en Misratah cubriendo la revuelta contra el general Muamar el Gadafi. Le acompañaban varios colegas de profesión cuando el fuego de un mortero sembró el caos. «Recuerdo el fuerte sonido de la explosión y mucho polvo. En ese momento sólo me miré de arriba a abajo para ver si me había pasado algo y pensé 'Uf, una granada más'. Pero al segundo pensé 'Joder ¿y los otros?'». Los fotógrafos Tim Hetherington y Chris Hondros fallecían a causa del impacto, otros dos resultaban heridos y la curiosidad que sintió Guillermo por el cartel del refresco le hizo salir ileso.

El prestigioso fotógrafo de guerra Robert Capa popularizó la frase: «Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no te has acercado lo suficiente». Guillermo parece guiarse por esa máxima. No sólo en sus fotografías de tema bélico, sino también en las más costumbristas. El pasado sábado, este fotógrafo freelance, acompañado de su colega Plàcid García-Planas -redactor jefe de la sección de Internacional de La Vanguardia- presentó una proyección de sus trabajos en la galería Juan Silió de Santander.

Decenas de fotografías, decenas de temas que se sucedían y cobraban vida en las palabras de los dos compañeros. Desde asuntos amables como los concursos de belleza infantiles estadounidenses o la caza con perros en Lanzarote hasta llegar a la crudeza de las recientes revueltas en los países árabes.

Pese al trágico episodio que ha vivido, Cervera afirmó que no tiene miedo: «Cuando se trabaja en una guerra, el temor tiene mucho que ver con el nivel de inconsciencia de cada uno». Curtido en unos cuantos enfrentamientos bélicos -empezó su andadura como fotógrafo en la guerra de los Balcanes-, Cervera fotografía todo aquello que le transmite algo y que, a su vez, hace que sus instantáneas sean algo más que un relato. «Hay muchas maneras de retratar un conflicto. De eso he aprendido mucho de Plàcid. Creo que se puede contar una guerra a partir de un condón tirado entre los tanques, a través de la mirada de un travesti o de unos niños que acarician la tierra mientras dan vueltas en un tiovivo».

Mostar, La Habana, Caracas, Kabul, Kandahar, El Cairo o Misratah son algunas de las ciudades que se dibujan en sus imágenes. Y no sólo ellas, sino también sus gentes y al observarlas, domina el contraste que se produce al ver las miradas sin vida de unos jóvenes fallecidos en Caracas o Egipto. O los ojos llenos de vida de unas pequeñas 'barbies' de Carolina del Norte (Estados Unidos) que compiten para convertirse en una mini Reina de la belleza. O la felicidad de una niña afgana que se quita el burka y sonríe al objetivo de Cervera.

Instantáneas en las que se alternan la dureza o la amabilidad. Temas que no tienen sitio donde esconderse ante el hábil objetivo del fotógrafo coruñés, que comentó que le gusta la fotografía porque cree «que captar un instante, una mirada o una expresión, cuenta mucho más. Además, las historias también tienen que dar cabida a la imaginación». Entre tanta crudeza, dos series hicieron que el fotógrafo esbozase una sonrisa: una sobre surf -una de sus grandes pasiones- y otra sobre perros cazadores, ambientadas ambas en la isla de Lanzarote.

Más que un oficio

La fotografía le atrapó cuando era un niño: «Mi padre estaba suscrito al 'National Geographic' y tenía un cajón lleno. Yo me entretenía mirando las revistas y me encantaban sus imágenes». Después se formó como ingeniero aeronáutico, pero el gusanillo de la fotografía siempre le picaba. Cada vez más. Hasta que hizo el petate y se fue a cubrir la guerra de Bosnia. Su primer conflicto internacional. Después llegaron otros destinos y Cervera ha podido pasear su cámara y su 'savoir faire' por muchos lugares.

Antes de llegar a Afganistán o a los países árabes también estuvo en Darfur y en Chad. Fue allí donde ha vivido uno de los momentos más tensos de su carrera: «Una vez me cogieron los soldados de Idris Debi -presidente de la república del Chad- y yo estaba con la cámara al lado de un cuartel. Se pensaron que estaba espiando y me detuvieron. Me llevaron al Palacio Presidencial -donde mataban a los rebeldes- y durante un día entero nos pegaron a mi traductora, mi conductor y a mí. Pasé miedo, la verdad».

En Afganistán realizó diversos reportajes; el fotógrafo dirigió su objetivo hacia talibanes o travestis y retrató mujeres vestidas con sus burkas. También se atrevió, junto a García-Planas, a patrullar con el ejército afgano, «cuando lo normal es que la prensa vaya con los soldados norteamericanos». Vieron campos de opio, de marihuana y caminos sembrados de minas. Se disfrazaron de talibanes para no llamar la atención y Cervera consiguió brillantes retratos de hombres a los que, a veces, disparaba con su cámara a traición. «Lo que hace este muchacho, no lo hace nadie», afirmó García-Planas durante la proyección en Juan Silió.

Guerras en directo

Poco a poco, Plàcid y él fueron desgranando cómo es su mundo ante el público que se congregó en Silió. Mostraron la violencia de la guerra en directo y el artificio e hipocresía de la Feria de armamento Eurosatory de París.

Las últimas imágenes que enseñó el proyector pertenecían a su último periplo por Libia: algunas hechas con su cámara, otras con el teléfono móvil. «Es curioso, pero allí todo el mundo hace fotos o vídeos con los móviles. De hecho, una vez un chico me enseñó explosiones en su teléfono y me dijo: 'Mira, la guerra', cuando a menos de un kilómetro de distancia se estaba librando una batalla».

El avance de las nuevas tecnologías ha permitido a Occidente conocer muchos detalles de estas revueltas que, de otra manera y debido a la férrea censura que soportan, no hubieran salido a la luz. Por ello, el fotógrafo coruñés decidió realizar, iPhone en mano, una serie de fotografías sobre los rebeldes libios y explicó que «si sacas una cámara les parece raro, pero si haces tus fotos con el teléfono móvil, no». Fotografías de soldados, explosiones, niños en el hospital con la cabeza atravesada de un balazo... En estas últimas imágenes no predomina el azul. Un color que, de forma casual o no, aparece en muchas de las fotografías de Cervera. El azul de las olas que envuelven a los surfistas de Lanzarote o de las telas que cubren los rostros de las mujeres afganas. Y también, el azul de aquel cartel de Pepsi que le salvó la vida.

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