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Bruno Ochaita, que alterna su fotografía entre el retrato intuitivo diario y la intervención urbana, posa en su casa-estudio entre vinilos y huellas fotográficas. :: DANI PEDRIZA
La intuición de lo cotidiano
EL RINCÓN DE...

La intuición de lo cotidiano

Bruno Ochaita. Su mirada diaria y su constancia fotográfica podrían componer con rigurosidad la crónica visual de lo cotidiano. El fotógrafo, videoartista y diseñador comparte intimidad y trabajo en su domicilio santanderino. Su itinerario gráfico, urbano y cultural se ha trazado a lo largo de las propuestas colectivas más arriesgadas. Su última creación, un ejercicio de equilibrio entre espacios, es la tarjeta postal veraniega de Foconorte

GUILLERMO BALBONA

Viernes, 8 de julio 2011, 02:28

Su condición de videoartista o fotógrafo va más lejos de los límites que imponen las etiquetas. En sus imágenes hay una reverencia de lo cotidiano que se revela y desvela, marca de la casa y diálogo con el mundo. Bruno Ochaita (Santander, 1980) ha realizado murales con sutiles denuncias, vallas publicitarias corrosivas e incisivas con irónicas composiciones infográficas, e intervenciones urbanas en las que la normalidad adquiere múltiples significados. La fotografía instantánea vertebra su lenguaje y su posición en el mundo. Ochaita forma parte de esa cantera emergente, habitada por atractivas propuestas videográficas, cuya significativa proyección ha superado el ámbito regional.

Es uno de esos creadores que apela a la intuición sin descuidar la educación del ojo. Videoartista, partícipe activo en la mayor parte de las citas colectivas que han conjugado en la última década riesgo, intensidad y cultura alternativa urbana, su trabajo discurre por espacios públicos, calendarios, fanzines, imágenes con destino a escenografías como en montajes de Esfera Teatro, revistas o agendas culturales. Lo suyo es un arte en tránsito en el que la imagen se vuelve estilo, acogedora objetividad, ilusionismo militante. Independiente, autónomo, vincula el hecho fotográfico con lo artístico, su expresión primaria y más personal. Su querencia por la fotografía instantánea se traduce en un periplo con la cámara como equipaje permanente y la mirada intuitiva como pasaporte del viaje diario. El estudio es ese refugio obligado para ordenar, analizar y retocar las imágenes. «Una fórmula que tengo para no perder la constancia en la práctica es publicar todas las semanas una fotografía en Facebook». Bruno Ochaita siempre trabaja con música, una lógica prolongación de su activa función de coleccionista de vinilos. Su estudio rebosa libros de fotografía, diseño y arte en su gran mayoría, además de los catálogos de las exposiciones y comics underground. Tampoco faltan los muñecos de películas, series o videojuegos. Y en las paredes asoman las creaciones cercanas a su conocimiento y a su interés por el trabajo. Ochaita, al que espera una nueva intervención fotográfica urbana, es el primer protagonista del renovado Foconorte con su exposición en San Vicente. Su confesa «desapasionada» mirada fotográfica es tan solo una elegante e inteligente manera de captar lo marginal para instalarlo en el inquietante foco de la normalidad y lo familiar.

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