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BERNARDO COLSA LLOREDA
Jueves, 21 de julio 2011, 02:16
Los cinco años de Francisco Pernía al frente del Real Racing Club han devenido en la presentación voluntaria de un concurso de acreedores. Esto es, el Racing no puede hacer frente a los pagos que adeuda y se asoma a la ruina. Lejos han quedado los cercanos días de vino y rosas, los éxitos que motivaron un récord absoluto de abonados.
Hoy la realidad es la que es. Después de un lustro de gestión, el Racing tiene un fondo de maniobra negativo de 26 millones y unas deudas a pagar en los próximos cinco años de casi 74 millones, de los cuales estaban comprometidos 43 en este ejercicio y otros 20 en el siguiente. Una situación inasumible que dista mucho de lo que se encontraron al llegar. Las cuentas del último ejercicio anunciaban que la solución concursal era inevitable. Lejos de abordarla, se prefirió experimentar con el señor Alí, personaje peculiar cuya venida, andanzas, mentiras e incumplimientos están aún pendientes de explicación por parte de Pernía.
La contundencia de los datos económicos es la plasmación de una manera de hacer las cosas que, cuando la pelotita entraba, no daba problemas cara al aficionado, pero al primer revés, el riesgo asumido tornaba en situación inabordable y en una realidad palmaria: la entidad más querida y seguida de Cantabria se encuentra hoy al borde del abismo. Pero no sólo económico, también en lo administrativo, social y deportivo.
De entrada, da la sensación que ni siquiera se ha planificado la solución concursal. Al parecer era el último recurso, llegando al límite temporal máximo para evitar un descenso que el Racing se ha ganado a pulso en los despachos. Y el no tener una estrategia trae consigo que los jugadores que nos mantuvieron en la máxima categoría estén con una incertidumbre absoluta, que la próxima campaña se aborde sin planificación previa y que todos los proveedores, sobre todo los más pequeños, se vean afectados poniendo en compromiso su propia viabilidad.
Tras esos 74 millones de deuda hay una gestión social y deportiva. Y el balance también es demoledor. Así podemos afirmar que, a punto de cumplir cien años, la entidad verdiblanca aún no ha entrado en el siglo XXI, las nuevas tecnologías están desaparecidas y los aficionados y abonados están condenados a aguardar la pertinente cola para hacer cualquier gestión cuando hoy, cualquier club medianamente serio, tiene estos problemas más que solventados
Tampoco se ha sido capaz de desarrollar la marca Racing a través del marketing, con escasez de productos, diseños desfasados y nula visión comercial en una tienda infinitamente desaprovechada.
Mucho menos se ha abordado la construcción de un museo o sala histórica, siquiera se ha esbozado la posibilidad de crear un club social y la socialización a través de una Fundación se ha abandonado existiendo un proyecto para ella. El equipo de Francisco Pernía no ha querido convertir al Racing en algo más que un mero club de fútbol, no ha querido dar el paso para organizar actividades sociales, culturales y deportivas, ha evitado la gestión y potenciación del fútbol base creando escuelas deportivas o habilitando convenios y becas para la educación de los niños y jóvenes.
Y no sólo eso. El Racing de Pernía no ha cumplido lo prometido. Él fue el que habló de una Ciudad Deportiva, de crear escuelas en Cantabria y el norte castellano para generar negocio y afición en las que se fomentara la cantera, de dotar de patrimonio a la entidad..., y su gestión ha sido el lamentable esperpento del Racing Primavera, la fuga de jóvenes valores de la cantera sin siquiera debutar en el primer equipo, salidas de jugadores y entrenadores más que dudosas o una Albericia que tuvo que esperar a la amenaza de ruina para actuar sobre ella y que, a mi modo de ver, entierra la posibilidad de generar elementos patrimoniales propios. Y, por supuesto, una incapacidad manifiesta para reclamar o diseñar un proyecto de redimensionamiento de los Campos de Sport como tiene cualquier ciudad del mundo.
Esa es la herencia de una persona que, como él mismo se cataloga, no entiende de fútbol. Luego no extraña que en estos cinco años haya habido la friolera de cuarenta y nueve fichajes, de los que, en cuanto a rendimiento económico y deportivo, nos quedamos con muy poquitos, algo absolutamente inasumible por un club de fútbol.
Cinco años después, todo ha salido mal, pero la responsabilidad de una nefasta gestión parece que no va con los gestores. Ni por su parte ni por otras instancias que permiten que los ejecutores de este desastre sigan administrando el viejo Racing.
Quizás la juez de lo mercantil, que en un tiempo récord asintió con el proyecto concursal, no apreciara «circunstancias que justificasen la modificación del régimen general previsto», acordando que presidente, director general y resto del Consejo de Administración continuasen con su actividad al frente del club. Yo, como racinguista, sí encuentro los motivos para que los actuales gestores del Racing no sigan ni un minuto más. Y para conocimiento de las empresas y profesionales de fuera de Cantabria que gestionarán la solución concursal, e incluso del nuevo Gobierno cántabro, ahí tienen unos ejemplos.
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