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A bordo del vetusto Dyane 6 Joaquín posa sonriente antes de arrancar y dirigirse, como de costumbre, a casa de su sobrina a comer. :: DANIEL PEDRIZA
Con 100 años y al volante
Liérganes

Con 100 años y al volante

Joaquín tiene el carné en regla y conduce a diario por el pueblo. Un mínimo percance de chapa y pintura y una multa por mal aparcamiento son sus únicos 'borrones' en más de cincuenta años al volante

TEODORO SAN JOSÉ

Miércoles, 24 de agosto 2011, 14:36

Su caso resultaría impensable. Casi mejor, imposible en una gran ciudad. Pero en un pueblo tranquilo y aún familiar como Liérganes, claro que es posible. Y real. Con tintes de ser caso único. Tiene intérprete, Joaquín Roca. Y una actividad cotidiana: manejar su automóvil. Nada extraordinario de no ser por los 99 años que figuran en su DNI. Una cifra que este mismo mes dará el salto a los tres dígitos.

El vehículo tampoco le va a la zaga. No es ninguna reliquia ni uno de esos clásicos modelos con los que hacen excursiones y concentraciones. Pero tiene sus añitos, tantos como 33, y una matrícula -letra G de Santander- que no pasa desapercibida para los que saben apreciar ese tipo de vehículos.

Ahí están varios curiosos fotografiando el coche, un Citroen Dyane 6, azul, admirándose de que un vehículo así aún siga en circulación. «Pues si vierais al dueño que lo lleva, ése sí que tiene una fotografía, y no el coche», les comenta un vecino de Liérganes. Y cuando le ven aparecer, claro que se asombran. Ahí sale Joaquín de su casa, raudo, ágil, sonriente, con la llave en la mano, ajeno a la admiración que causa. Saluda, abre el vehículo, se monta, arranca y se va.

Nadie diría que el próximo día 29 cumple cien años. «La cabeza la tengo como si tuviera treinta años», dice, «y, chico, físicamente me cuido. Hago bicicleta estática, aunque las piernas ya me pesan un poco. Pero no tengo un dolor ni un minuto». Además de la salud, tampoco le falta una permanente sonrisa en la cara. «Ayuda a vivir», sentencia.

Faltan unos minutos para la una. Como todos los días a esa hora, Joaquín se dirige a comer a casa de su sobrina Paz. Es su primer desplazamiento en coche. Luego vendrá el de regreso. Y por la tarde, al centro de la Tercera Edad, al que se añade el de vuelta para casa.

«Con cien años y tengo que ir yo a abrir a los jubilados», salta con una carcajada y cierta sorna al desvelar que él es el presidente del hogar del jubilado de Liérganes. No le falta vitalidad a Joaquín, incansable conversador, inquieto y, por encima de todo, alegre. «Los del Hogar me dicen que no pude ser que su presidente vaya en un coche como el mío, que me van a comprar un Mercedes. Y yo les digo que sí, pero que sea de carne y hueso».

Y ahí regresa con su Dyane 6. El cuentakilómetros marca 86.114 kilómetros. Joaquín calcula que los últimos treinta mil los ha cubierto solo por Liérganes. En su día, cuando vivía su mujer, Pita, hicieron viajes a Barcelona, Bilbao, Teruel o Castellón, en uno de cuyos pueblecitos, Calig, nació en 1911. Ahora las únicas salidas que hace fuera del pueblo es a Solares, para renovar el test psicotécnico para el carné de conductor, y a La Cavada, a echar gasolina. «¿Cuánto consume? Lo lleno una vez al mes. Debe gastar menos de seis litros», explica.

«Ya no tengo edad para correr», sonríe para justificar que él va tranquilo y que solo conduce por el pueblo. «A Santander hace años que no me atrevo». Y sentencia: «Además, a estas edades ya no son para andar por esos sitios».

Recuerda aún que fue el 27 de noviembre «de hace 33 años» cuando, al poco de venir de Francia, fue con su sobrino Antonio a Santander a comprar el coche. Y que el carné se lo sacó en Francia hace más de cincuenta años. En todo este tiempo sólo ha sufrido un pequeño percance, que fue de chapa y pintura en Liérganes, y le han puesto una multa. Una multa... por mal aparcamiento en la calle Vargas, en Santander. Joaquín tiene a sus espaldas dos guerras. Le movilizaron en la Civil española y combatió en el frente del Segre. Luego, exiliado en Francia, le tocó combatir en el Aveirón y participó en la liberación de Montpellier. Allí se quedó. Fue minero, agricultor y, por último, pintor. Allá conoció a la que fue su mujer, Josefa, con quien se casó en el 69 cuando tenía 58 años. En 1978 volvió a España y, tras un breve paso por Solares, se establecieron en el pueblo de Pita.

El 27, festejo con la familia

Es ahí donde le queda prácticamente toda la parentela. Una familia que, de la mano de su sobrina Pilar, le está preparando una fiesta, una comida el día 27 en el Ojo del Ábrego, para celebrar sus primeros cien años de vida. Tiene previsto reunir a unos setenta familiares que acudirán de Venezuela, Canarias y Madrid para felicitar a Joaquín.

Al día siguiente será él quien invite a los socios del hogar de jubilados por su centenario. «Ese día, pago yo. Y si no, dimito», se carcajea Joaquín.

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