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PACO SOTO
Lunes, 31 de octubre 2011, 01:04
La monarquía sigue levantando pasiones en Rumanía. Un discurso pronunciado recientemente en el Parlamento por el último rey del país, Miguel I, con motivo de su 90 cumpleaños, lo puso de manifiesto. El jefe del Estado, el conservador Traian Basescu -que no oculta su hostilidad hacia el antiguo monarca-, y el Gobierno de centroderecha de Emil Boc hicieron todo lo posible por impedir el evento.
Los diputados del gobernante Partido Demócrata-Liberal (PLD) invocaron cuestiones de «constitucionalidad» para bloquear el acceso del antiguo soberano a la tribuna oficial del Parlamento de Bucarest. Este verano, el presidente Basescu calificó la abdicación de Miguel I, en 1947, de «traición a los intereses nacionales», y lo acusó de haber vendido el país a la URSS.
Pero las maniobras de la derecha no prosperaron, porque Miguel I contó con dos fieles aliados: los liberales del PNL y el opositor Partido Socialdemócrata, que en los años 90 hacía gala de un antimonarquismo visceral. Esta vez, el expresidente socialista Ion Iliescu, un importante líder comunista en la dictadura de Ceausescu, y el ex primer ministro Petre Roman, también procedente del régimen anterior, arroparon al antiguo monarca. El Ejecutivo, en cambio, solo envió al ministro de Justicia.
«Dignidad y respeto»
En su intervención, Miguel I abogó por la recuperación de la «dignidad y el respeto». «Después de la libertad y la democracia, los valores más importantes son la identidad y la dignidad», dijo. Tampoco tuvo reparos para criticar a los actuales gobernantes, a los que recordó que no se puede «despreciar la ética, personalizar el poder e ignorar la función de las instituciones del Estado». Además, los comparó con los dirigentes comunistas que implantaron una brutal dictadura entre 1947 y 1989.
El discurso «sentó muy mal al presidente y al Gobierno, porque dijo lo que muchas personas piensan: que Rumanía está gobernada por dirigentes incapaces y corruptos», recalcó a EL CORREO el politólogo Vasile Ponta. El periódico 'Gândul' señaló que muchos ciudadanos aprecian a Miguel I por su «modestia y credibilidad», y necesitan «un modelo» que los represente, porque están cansados de «la arrogancia y el desprecio con los que son tratados». Rumanía tiene un alto nivel de corrupción y buena parte de la clase política procede del régimen de Ceacescu.
Miguel I fue coronado a los seis años, en 1921. En 1944 se opuso a la Alemania nazi y, un año más tarde, la URSS instaló un Gobierno títere. Aunque el rey continuó ocupando un lugar honorífico, se vio obligado a abdicar y marchar al exilio. Tras la caída del comunismo, en 1989, intentó regresar, pero le fue negada la entrada. Finalmente, recibió la ciudadanía rumana en 1997 y desde entonces ha participado en acontecimientos como el ingreso del país en la OTAN o la adhesión a la UE.
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