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Teresa Moro, en la galería de la calle Castelar donde expone su obra. :: R.G-R.
«Nos hemos vuelto alérgicos al silencio y al tiempo muerto»
ARTE

«Nos hemos vuelto alérgicos al silencio y al tiempo muerto»

Teresa Moro ArtistaLa creadora madrileña expone hasta el jueves en la galería Siboney de Santander su obra 'Atracciones'

MARTA SAN MIGUEL

Martes, 20 de marzo 2012, 01:24

«Vivimos arrastrados por una corriente de cosas que nos han llegado a ser tan familiares que carecen de sombra», dice un personaje de 'Las Olas', de Virginia Woolf. Lo cita Teresa Moro (Madrid, 1970) para explicar ese afán suyo por retratar las ausencias en objetos materiales cotidianos como sillas, sillones o galerías de arte vacías. Su propósito es conceder «atención a esas cosas pequeñas e insignificantes, tan sutiles que pasan inadvertidas» y devolverles la sombra con la pintura.

-Sofás, sillas, butacas o taburetes protagonizan buena parte de su obra, ¿qué hay en la banalidad de los objetos cotidianos?

-Encontramos sillones y asientos en todas partes, los usamos para descantar, esperar, alimentarnos, trabajar, pasar el rato con alguien, para recibir una noticia, para dejar la ropa encima, viajamos sentados. y precisamente por esa constante e íntima relación con nosotros creo que tienen un gran poder de evocación. Esto no es nada nuevo, es fácil rastrear el uso simbólico de los objetos a lo largo de la historia del arte (no sólo en pintura, también en la literatura y por supuesto más recientemente en el cine). Los objetos de uso cotidiano han sido motivo de mi obra desde siempre. Me interesa el concepto freudiano de 'lo familiar extraño' según el cual las cosas más banales, las de la vida cotidiana, se manifiestan un día extraordinarias y nos revelan la otra cara de lo familiar, sin que entendamos por qué, de modo abrupto, totalmente inexplicable. Y nos dan sobresaltos.

-Son todos ellos lugares donde reposa la ausencia de alguien, elementos que flotan sobre el vacío...

-Borrar a las personas de mis escenas y poner sólo los objetos en primer plano me sirve para dirigir la atención hacia lo que quiero que la gente mire. Reconstruyo escenarios donde dejo pistas para que el espectador investigue y conceda atención a lo más intrascendente. Realmente pongo a prueba la sensibilidad del público para que interrogue a lo infraordinario (Georges Perèc lo describe como el ruido de fondo, lo que realmente pasa cuando no pasa nada cada día).

- ¿Cree que hemos perdido la capacidad de descansar? ¿Y de compartir un mismo espacio?

-Creo que la prisa hace que la gente quiera todo rápido. Las cosas que demandan un ritmo más pausado de entrada son rechazadas. La gente va a un museo y no quiere perderse por sus salas, siguen unos itinerarios marcados para poder llegar más rápido a una obra destacada y no se dan cuenta de las maravillas que van dejando pasar por el camino. Encuentro que hoy en día nos hemos vuelto alérgicos al silencio y a los tiempos muertos.

-La serie sobre respaldos pone cara y expresión a un sinfín de estos muebles, ¿la voracidad por consumir ha generado un desapego por los objetos materiales?

-Pienso que sí. Hace unos años hice una serie que se llamaba "Vida salvaje" sobre mobiliario extraño y mutante surgido de los catálogos de ofertas de muebles que dejaban en el buzón de casa y con la que pretendía parodiar la obsesión consumista que esa constante y abrumadora avalancha de publicidad provocaba a mi alrededor. También me he ocupado de las víctimas de ese fenómeno en mi serie "Homeless" donde retrato a los muebles que son abandonados en la calle porque sus dueños los han sustituido por otros.

-Atracciones tapadas, salas de exposiciones vacías... Todo está dispuesto para que empiece a pasar algo, ¿dónde está la sociedad que da vida a estos objetos?

-La feria cerrada me pareció muy representativa del momento que estamos viviendo con la crisis y el ambiente pesimista que se respira. Desde hace tiempo vengo pintando stands de ferias de arte de los que eliminaba las obras de arte y las personas y sólo dejaba las sillas y mesas de los galeristas con sus objetos a modo de bodegones. Y me gustó el juego que se creaba entre los dos tipos de feria. De los espacios públicos vacíos me interesa mucho la atmósfera, la luz, las sombras y los reflejos en esos suelos a menudo súper pulidos, que hacen que todo parezca un poco irreal. Me sirven para hablar de cómo la globalización está haciendo que los lugares que habitamos se parezcan más unos a otros, y eso nos desorienta, las cadenas de tiendas y restaurantes están clonando las ciudades, viajas y te asalta todo el rato una sensación de 'déjà vu', y eso es especialmente notable en esos no-lugares.

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