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A. MACHÍN
Martes, 28 de enero 2014, 09:37
Durante el coloquio, después de las intervenciones, entre el público alguien dijo que «lo que hay que hacer es preguntar al ciudadano, que es el que vive y el que paga». Ese comentario se llevó el aplauso más sonoro en el Centro Gallego, que recogió el testigo de los foros de debate celebrados en los últimos meses en el Ateneo con el diseño urbanístico de Santander como eje central, bajo el título -esta vez- de 'Santander, ciudad improvisada'. Y esa idea estuvo muy presente entre los ponentes, que desgranaron pasado y presente y dejaron dudas respecto a las decisiones pensadas para el futuro. «Santander pierde población y el Plan General pretende hacer viviendas para casi 300.000 habitantes». Ese fue un ejemplo.
Abrió el moderador, el ingeniero de Caminos Juan José Lastra, que puso como ejemplo las decisiones históricas respecto a la entrada del ferrocarril o la falta de reflexión para la reconstrucción de la ciudad tras el incendio para explicar el título de la convocatoria. «Santander es una ciudad improvisada, diseñada a golpe de oportunidades». Al arquitecto Jesús Molinero le tocó hablar, también, de oportunidades, pero, en este caso, perdidas. El ensanche -«no hubo una preocupación por 'hacer' ciudad, sólo se pensaba en un puerto mejor»-, la reconstrucción tras el incendio -«toda la energía se invirtió en rellenar un agujero en el centro, sin planteamiento de ciudad»-, el plan comarcal... «Santander podía haber sido más bonita que San Francisco, una ciudad de exposición». Definió a la capital como «densa». «Buenas imágenes, pero sin definir lo que hay alrededor», dijo, por ejemplo, al mostrar planos del parque de Las Llamas y antes de repasar los grandes espacios en el Plan General.
Castilla Hermida
A uno de ellos, el Frente Marítimo, se refirió Luis Azurmendi. El también arquitecto empezó con la «paradoja» del anuncio de un concurso internacional de ideas «tomadas las decisiones y puestas en marcha ya todas las operaciones importantes». No obstante, le otorgó a ese plan la posibilidad de buscar soluciones para barrios como Castilla Hermida, «con una densidad de población que es el doble de la que se da en el centro de Madrid». «Este plan podría dar la posibilidad de recuperar para este barrio todo lo que no se le ha dado». En este sentido, repasó los 'estándares' que fijaría la ley para un núcleo de población de 20.000 personas «que viven en una isla». En cuanto a necesidad de espacios verdes, equipamientos y aparcamientos, aspectos para los que «no parece que exista una solución clara». «El Centro Botín es importante, pero no afecta a la vida cotidiana de la gente. Esto, sí». Azurmendi repasó las propuestas -«no vinculantes»- del Plan General y del Plan Maestro. Dijo, entre otras cosas, que «añade setecientas viviendas», algo que, si se suma a las necesidades de cumplir con esos 'estándares' de equipamientos, verde y plazas para los coches, «no deja sitio».
Quedaba el turno para el ecologista Carlos García, pero -como casi en todas las convocatorias anteriores desde el inicial 'Leyendo Santander' que abrió esta serie de debates- faltó un tiempo que el ponente prefirió 'regalar' al coloquio (a García le invitaron, al final, a participar en otra cita para exponer su opinión). «Cualquiera que se ponga en el cruce de La Marga de siete a nueve de la mañana sabe como funciona esta ciudad», se dijo. Entonces tomó la palabra el ciudadano que pidió protagonismo para los vecinos: «Porque no se piensa en ellos para nada». Y así acabó el debate.
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