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JESÚS P. DEL RÍO
Domingo, 3 de mayo 2009, 02:49
Como estaba programado, ayer se celebró en Barcena de Pie de Concha (pueblo) la segunda edición de la feria exposición de ganado, en la que participaron más de un millar de vacas de razas cárnicas: tudanca, blonda, aquitanea, charolesa, limusina, mixta, asturiana de los valles y de montaña y pardo alpina, junto a medio millar de yeguas, y dos rebaños de ovejas. Tuvieron como escenarios estas reses un prado particular alquilado por la Junta Vecinal, organizadora de esta segunda concentración ganadera, situada casi en el corazón del pueblo a orillas del río Besaya, un lugar extraordinario para este tipo de eventos, conocido por Prado del Rocío, que, en esta una mañana de auténtica primavera se llenó de animales y mucho público. Allí se encontraba representado todo el valle de Iguña.
Se vieron cabañas de vacuno numerosas, de 25, 50 y más reses, predominando la raza tudanca, todo ello ganado bien tratado por sus dueños; así como manadas de caballos, no menos numerosas, en elevado número, de raza hispano bretón. Si lo que pretendía la Junta Vecinal era ofrecer un espectáculo ganadero, a decir verdad lo consiguió, lo mismo el pasado año que ayer. Desde este momento se puede considerar de las grandes anuales que se celebran en distintos puntos de la región.
El alcalde pedáneo, Alfonso Hidalgo y el secretario, Emilio Prieto, junto a otros miembros de la Junta, fueron los encargados de controlar lo que les competía para que saldría todo bien. Se repartieron entre los ganaderos participantes 90 cámpanos y zumbas entregados al final. No fueron muchas las ventas realizadas, correspondiendo éstas a jatos tudancos y de otras razas, que es lo que más compró el joven tratante de Matamoros Javi Amigo, marcando precios entre 390 y 490 euros, fueron los más repetidos en esta clase de bovino. También se comercializaron potros quincenos, a costo igual a los que valen en el ferial de Torrelavega los miércoles. A Jorge Peña, de Silio le ofrecieron 4.808 euros. Es posible que cambiaran de dueño algunas vacas de carne, puesto que por allí se dejaron 'caer' algunos entradores de carne de distinta procedencia. Santiago Fernández Saiz, de Valdeiguña, acudió con su cabaña de tudanco.
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