
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La berenjena es una de esas hortalizas que hace tiempo podemos disfrutar todo el año. Sin embargo, es en verano su mejor momento, porque necesita muchas horas de sol y temperaturas elevadas para crecer. Las berenjenas que compramos en pleno invierno vendrán con mucha probabilidad de invernaderos climatizados o de países lejanos. En cambio, en verano es cuando luce su cara más esplendorosa en los mercados, así que es el momento perfecto para aprovechar al máximo todas sus propiedades, porque además de versátil y muy sabrosa, la berenjena es súper sana.
Los principales aspectos que debemos de tener claros cuando compramos una berenjena es que la piel sea firme y tersa, lisa, sin arrugas ni golpes, conservando el pedúnculo intacto, pero comprobando que han madurado correctamente y no las han cosechado demasiado verdes. Si al presionarla ligeramente con el dedo la carne cede suavemente, será un indicativo de que está en perfecto estado para consumir.
Comenzaremos cortando las berenjenas en rodajas y las ponemos en una fuente, las sazonamos y las dejamos reposar durante al menos media hora para que suelten el agua; así les quitamos ese característico amargor que tienen. Las secamos bien con papel absorbente y las freímos por los dos lados en una sartén con un chorrito de aceite a fuego moderado. Las vamos sacando a otra fuente también con papel para quitarles el exceso de aceite y las reservamos.
Mientras tanto vamos preparando la ensalada. Yo he elegido rúcula, porque me encantan esas hojas frescas y ligeramente crujientes. Su sabor es potente, con un regusto picante y amargo, y también porque el queso y el aliño que va a integrar esta ensalada les va a las mil maravillas.
En una fuente colocamos las hojas de rúcula y las añadimos una pizca de sal. Mientras, en un bol aparte, mezclamos un par de cucharaditas de mostaza de Dijon, un chorro de vinagre de Jerez al gusto y una cucharada de miel, lo batimos bien hasta que se integre todo, y vamos añadiendo aceite poco a poco para conseguir un aliño cremoso que envuelva todos y cada uno de los ingredientes.
Ya tenemos todo hecho, colocamos las berenjenas encima de la rúcula y por encima de éstas trocitos pequeños del queso que más nos guste. Podemos mezclar quesos, también es una opción muy buena, pero os recomiendo que sean quesos de Cantabria, tenemos una gran variedad de magníficas elaboraciones, unas más conocidas, otras menos, pero que estoy seguro que os sorprenderán si os interesa descubrirlos.
Aliñamos la ensalada con una cuchara de nuestra salsa, dejándola caer, casi crema, por encima de todos los ingredientes. No escatiméis en aliño porque es parte fundamental del plato. Eso sí, no os paséis con la miel, solo tiene que tener una mera presencia, no queremos convertir nuestra ensalada en un postre.
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