Un queso con pan... ¡de ángel!
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Dicen los grandes gurús del mundo del 'Análisis Sensorial de los Alimentos' que catar es recordar; yo añadiría que, en muchos casos, también es disfrutar.
Esta semana que se va acabando he tenido la suerte de catar por primera vez, recordar y disfrutar con un nuevo queso, el Cervellán de Las Garmillas, quesería artesanal de Ampuero, y así os lo cuento...
Ante los ojos, este queso con forma de torta se presenta con color blanco, a capas, como el que se forma en las perlas encontradas bajo el mar.
Cuando le acerco a la nariz, penetra por mi pituitaria un intenso aroma a levaduras, a pan, pero no a un pan cualquiera; retrocedo unos años en mi memoria y me traslado a los extrarradios de lo que entonces era mi barrio de San Lorenzo, en Laredo, concretamente al Convento de las Madres Adoratrices, donde de chavales comprábamos por dos pesetas unos cucuruchos de papel de periódico repletos de 'pan de Ángel', o sea, de los recortes sobrantes de las hostias posteriormente eran consagradas. Muchos días era nuestra merienda.
Ya en la boca, la cremosidad y el intenso sabor de este Cervellán trae a mi paladar recuerdos de esas avellanas aún verdes que solemos comprar en romerías septembrinas, como la de los Milagros de Valle de Ruesga; sabor a fruto seco con savia de fruta fresca.
Pan y frutos secos... También me acuerdo de mi madre, que en ocasiones comía las nueces con pan.
No tengo la menor duda, queridos gastrolectores de Cantabria en la Mesa, que estamos ante un queso de largo recorrido. ¡Palabra de ratón!
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Ana del Castillo
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