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ANA MENGOTTI
Miércoles, 22 de julio 2020, 21:45
Defensores de los animales en Hong Kong van a usar un estudio realizado por un equipo universitario en Miami, del que forma parte una joven bióloga española estudiante de doctorado, en una campaña dirigida a reducir el consumo de la tradicional sopa china de aleta ... de tiburón.
El caso de Laura García Barcia es un ejemplo perfecto de hasta qué punto el mundo y obviamente el comercio de aletas de tiburón están globalizados.
El principal centro de importación y exportación de este producto tan apreciado en la gastronomía china es Hong Kong, donde un kilo de tiburón martillo puede alcanzar un precio de 800 dólares, dice García Barcia, quien suelta después un dato poco conocido: España es el segundo país que más tiburones pesca y un importante exportador de aletas.
Solo Indonesia supera al país de esta investigadora de la Florida International University (FIU) nacida hace 25 años en Castellar de Vallés. Las aletas que se venden en Hong Kong provienen de más de 80 países y en esa ex colonia británica se procesan para luego exportarlas a muy diferentes países, España incluido, para surtir a restaurantes y supermercados chinos.
Para el estudio que García Barcia ha llevado a cabo junto con Yong Cai, que dirige el Departamento de Química y Bioquímica de FIU, y el profesor Demian Chapman, se analizaron 267 muestras de aletas de tiburón de las nueve especies más comunes en los mercados de Hong Kong y en China en busca de mercurio o el aún más tóxico metilmercurio.
En todas las especies el contenido era entre seis y diez veces superior al límite fijado por el Centro Hongkonés para la Seguridad Alimentaria, que es de 0,5 partes por millón. «Esa sopa no es buena para la salud por el alto contenido de mercurio de las aletas», dice esta bióloga.
Ese es el tema central de su tesis y la razón del estudio, cuyos resultados van a ser usados por la organización Bloom y otras defensoras de la naturaleza para convencer a quienes no atienden a razones ecológicas de la necesidad de no consumir aletas de tiburón, sea en sopa o en preparaciones medicinales tradicionales.
Dar a conocer el riesgo de tener problemas en el sistema nervioso central o, en el caso de las embarazadas, de tener un hijo con desarrollo cognitivo limitado si se consume frecuentemente aletas de tiburón puede ayudar a que se reduzca la demanda y se proteja la especie.
En la cultura china, la sopa de tiburón, que en realidad está hecha con caldo de pollo o de ternera al que se incorporan las aletas desecadas y procesadas para que solo quede el tejido cartilaginoso, es un plato imprescindible en banquetes de boda u oficiales y en general en comidas de celebración, dice García Barcia.
Su consumo está muy arraigado, subraya para destacar que no es fácil que las autoridades decidan prohibir su venta o consientan en poner una etiqueta que diga que puede afectar a la salud.
De todas las muestras analizadas en el laboratorio de FIU, la de mayor contenido de mercurio era la de un tiburón martillo que tenía 55,52 partes de mercurio por millón, subraya.
La Agencia de Alimentación y Fármacos (FDA) de Estados Unidos considera peligroso el consumo de pescados y mariscos con más de 0,5 partes por millón de mercurio.
En la actualidad, hay países donde todavía se capturan solo para cortarles las preciadas aletas y después los devuelven al mar y a una muerte segura.
Los españoles utilizan el tiburón entero. Las aletas, que es la parte más valiosa, las exportan a Hong Kong y la carne se vende en España, donde se consumen especies como el marrajo, el cazón y la tintorera, y también se envía a otros países.
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