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Nieves Bolado
Martes, 16 de febrero 2016, 07:46
«Estamos sin internet y sin televisión, así que el tiempo lo matamos paseando y charlando entre los pocos vecinos que somos». Ángel López Díaz vive en Tresviso, uno de los municipios más elevados de Liébana, donde con mayor fuerza ha arreciado en los últimos días este invierno tardío que barre de oeste a este la región. «La verdad es que te acostumbras a algo y te resulta difícil pasar sin ello», se refiere este tresvisano «de toda la vida» a los ratos de ocio que las tecnologías ocupan después de que las noches fueran «de candil y acostarse pronto».
Donde más precaución tenían -relativa porque dicen que ya están acostumbrados a los pronósticos «erróneos o exagerados» de los científicos- es en las zonas más altas de Liébana. Pero la cosa -al menos ayer- pasó con cierta livianidad para lo que están habituados. Ángel López es uno de los pocos vecinos que viven en Tresviso, donde cuando la climatología aprieta, suelen pasarlo -al menos en teoría- peor. «La verdad es que te acostumbras a algo, como a entrar en internet o a ver la tele por la noche, y se te hacen los días más llevaderos», reconoce. Como la mayoría de los vecinos de esta población cántabra, una de las más altas de la Liébana-Astur del Norte, mata las horas de ocio paseando «porque la carretera está limpia por las quitanieves y a nosotros el frío no nos asusta». Eso sí, reconoce que del pasado domingo a ayer lunes -en la madrugada- «la tormenta y el viento han sido de las peores de los últimos meses». Para ellos, la nieve caída ayer -poco más de cinco centímetros- es una bagatela para lo que acostumbran: «Ya sabe que aquí el alimento no falta, ya que los congeladores están a rebosar».
«Más vale tarde»
En Espinama, la nieve cubría unos 20 centímetros del suelo. Jesús, propietario del restaurante Remoña de esta emblemática localidad lebaniega, explicaba que no había motivo de alarma, aunque reconocía que, aunque la nieve haya tardado en caer, «es bienvenida».«Si hubiera llegado antes, aún mejor».
Jesús, un espinamense de los de toda la vida, explica que es «una bendición ver caer la nieve como debe» y añade que si hubiera caído hace un par de meses, mejor, «habría aumentado el índice de visitas de los montañeros, de quienes practican la travesía de esquí, de quienes hacen del invierno su principal actividad». Pero Jesús utiliza ese aserto tan extendido: «Nunca es tarde si la dicha es buena».
«Nieve de la mala»
María Lina, de la hostería Posada Casa Lamadrid, en Cahecho, contemplaba la nieve caída en el valle, pero «sin más». Ducha en meteorología práctica, esta lebaniega decía que la nieve de ayer «es mala nieve», es decir, mezcla de trapos con granizada. Reconoce María Lina que cada época del año «tiene su momento» y que en este «es lo que toca».
Noche de truenos, relámpagos y mucho viento dicen que vivieron los vecinos de Pesaguero y Caloca. «En toda la noche no se ha podido dormir por la tormenta y los fuertes vientos», explicaba Teresa, del restaurante Máximo de Espinama: «No tenemos excesivo frío», contaba por la mañana en una apreciación una tanto singular, ya que en esta localidad lebaniega el termómetro marcaba entre 0 y 1 grados.
Algo peor estaban las cosas en Fuente Dé. Había parado su actividad, su ir y venir a la cima de los Picos de Europa. Desde el emblemático parador de turismo calculaban que el nivel de espesor de la nieve llegaba al medio metro. «Está todo totalmente blanco», explicaba una de sus trabajadoras.
Lo que sí saben los lebaniegos es que «cuando mucho avisan, después, casi nada», decía ayer mismo Teresa, del restaurante Máximo de Espinama. «No hace excesivo frío -había en ese momento 1º- tenemos luz, las carreteras están abiertas y no vivimos con especial problema», decía esta lebaniega. Aunque saben que el invierno es otra forma de ver y visitar esta emblemática comarca cántabra, «la verdad es que cuando anuncian nevadas la afluencia de público decae, pero está más bonito el paisaje». Y es que nunca nieva a gusto de todos.
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Ana del Castillo
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