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Mamadou Diari, tras salir del hospital melillense donde fue curado, solo es capaz de contar con los dedos y apenas tiene recuerdos.
A Mamadou le cuidará Cantabria

A Mamadou le cuidará Cantabria

La imagen de este maliense, colgado de la valla de Melilla, dio la vuelta al mundo

Nieves Bolado

Martes, 23 de febrero 2016, 12:36

«Cáritas de Cantabria se ocupará de cuidar a Mamadou. Dónde y quién lo hará no se lo puedo concretar porque existe una privacidad que debemos respetar y proteger». Un portavoz de Cáritas en Santander confirmaba a este periódico que Mamadou Diari, un ciudadano de Mali, encontrará en esta región los cuidados que necesita para tratar de volver a la normalidad. Este hombre, de 22 años de edad, fue noticia internacional cuando el 21 de noviembre de 2015 se cayó de la valla de la frontera de Melilla, a una altura de seis metros, cuando trataba de alcanzar territorio español.

Quedó gravemente herido, y su imagen fotográfica, la de la tragedia de inmigración ilegal, dio la vuelta al mundo. Fue noticia, pero hoy es una persona con cierta discapacidad, balance negro de un esfuerzo desesperado que resultó baldío.

Pero Mamadou no era un inmigrante más, de los cientos que dejan su vida tratando de alcanzar el dorado europeo. Como consecuencia de aquel salto sufrió graves heridas. Fue rescatado después de un tiempo colgado de la valla y trasladado a un centro médico de Melilla. Presentaba un cefalohematoma y múltiples fracturas, según se hizo constar en el parte médico del Hospital Comarcal de la Ciudad Autónoma. Tras el alta en el hospital, y hasta este lunes, al joven no le asistía nadie en ningún centro de rehabilitación porque no tiene los papeles ni la tarjeta sanitaria.

Sufre discapacidad

Dejó de ser noticia. Su imagen ya no daba la vuelta al mundo pero un hombre, José Palazón, un melillense que cuida de los chavales que tratan de llegar a territorio nacional, se empeñó en que su vida no fuera la de cualquiera. Fue trasladado al Centro de Internamiento para Inmigrantes de Melilla y allí quedó sin más amparo que la comida y la cama, porque nadie daba una solución para su caso.

«Se repite mucho, no para de contar números con los dedos. Cuando le daban de comer en el hospital, decía que no comía porque estaba esperando a su padre, pero el padre ha fallecido hace un montón de tiempo. Es una persona completamente dependiente que necesita la ayuda de una tercera persona», denunciaba hace unos días José Palazón, director de Amprodi Melilla.

Sin papeles, sin futuro, ya casi sin recuerdos como consecuencia de su tremenda caída, Mamadou era un número más de los cientos de inmigrantes que no consiguieron salir corriendo por el territorio nacional buscando esconderse de las autoridades y de la segura deportación. Palazón fue su mago padrino y no ha permitido que el foco pusiera en negativo la imagen de este juguete roto del ansia por conseguir la tierra prometida.

Nadie quería saber mucho de este joven al que el futuro no le depara lo que podría esperar un hombre de 22 años. Nadie se hacía cargo de él. Nadie, menos Cantabria. Este mismo lunes, Mamadou salía de Melilla y se le permitía llegar al lugar donde ya está acogido, en Cantabria. Y Cáritas, como en tantas ocasiones cuando la angustia de los más débiles aprieta, ha sido quien le ha abierto las puertas.

Acogido en la región

Solo se sabe que en Cantabria está su nuevo hogar. Aquí, en un lugar aún ignoto pero dependiente de esta organización de caridad creada por el Obispado, tiene un posible futuro. A más de mil kilómetros de donde empezó su tragedia, se aparta de la posibilidad de volver a Mali en unas condiciones que harían más penosa su ya más que complicada existencia.

¿Hablar con él? Imposible. Dicen quienes le han visto a diario, especialmente Palazón, un melillense director de una academia que dedica su tiempo libre a ayudar a los demás, que no puede mantener una conversación con cierta coherencia. Serán posiblemente unas monjas quienes se ocupen ahora de sustraerle de nuevo de los focos, de ayudarle a sobrevivir mientras se busca un lugar para que le ayuden a rehabilitar su mente y su cuerpo al tiempo que la asociación melillense que le protegió, Prodein, trata de que se le dé carta de residencia.

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