

Secciones
Servicios
Destacamos
Nieves Bolado
Miércoles, 23 de marzo 2016, 22:57
Se les mira hasta con algo de admiración cuando desfilan en las procesiones. El suyo es el momento en que cargan sobre sus hombros el peso de la fe en su expresión física de profunda raíz de Despeñaperros para abajo pero que en Santander, y en otras localidades de Cantabria, también existe y se extiende. Los costaleros hacen a su manera profesión de fe en la calle sin importarles el esfuerzo. Y no solo eso, intentan cada año que sean más las imágenes que sobre las andas cambien las ruedas por su propio cuerpo para llevar al Cristo, al Resucitado, al Yacente, orando o en brazos de su Madre, por las calles de la ciudad. «Es la mejor catequesis que hay, a veces la única que un niño ve, que percibe, una fe que deberíamos renovar nosotros mismos», dice José Vicente Pérez Ortiz, consiliario episcopal para las cofradías de la Semana Santa santanderina.
Sin ir más lejos, y por primera vez, el domingo, día 27 de marzo, la imagen de Cristo Resucitado será portada a hombros por las calles de Santander por veinte jóvenes cofrades. Lo harán desde dentro del trono, lo que se denomina a costal . Hay varias formas de mover un paso. Además de en carroza la mayoría aún en Santander en la que el paso es empujado por los cofrades se lleva en parihuelas de varales que se colocan longitudinalmente, posando los cofrades el paso sobre los hombros. Cuando se llevan a costal de ahí la palabra costalero de los varales o trabajaderas se colocan transversalmente descansando sobre la cerviz de los cofrades. En este caso, la carga del paso es interior.
En Santander son ya varios los pasos que se llevan de la forma tradicional. La Archicofradía de la Celeste Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced, recuperó en 1982 esta tradición durante la Pasión. La Cofradía de Nazarenos de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María y San Luis Gonzaga, lleva a hombros al Cristo Yacente el día de Viernes Santo. La Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Apóstol, el paso de San Juan; y la de la del Amor del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, los pasos de La Verónica y el Cristo de Medinaceli. Todos estos se portan en parihuelas.
Cada costalero lleva la carga media de entre 30 y 50 kilos sobre sus hombros durante las no menos de cuatro horas que duran las procesiones por las calles santanderinas. La mayoría son jóvenes menores de 30 años pero hay porteadores que ya pasan de largo el medio siglo.
Los motivos
Fernando Ruenes tiene 27 años y lleva ocho de costalero de La Inmaculada. Como casi todos sus compañeros no se entrena de forma especial la juventud ayuda mucho y aunque reconoce que termina cansado «tienes sensación de tranquilidad». Hace un evidente esfuerzo físico «pero no me importa porque para mí es un acto de fe». Pedro Nadar comparte esta afirmación. Lleva cinco de sus 25 años de costalero y dice que para él, y sus compañeros cofrades, «fue un reto sacar el paso a hombros». También para este cofrade la fe, «y contribuir a recuperar una tradición», es lo que le permite aguantar varias horas de esfuerzo en la calle.
Para portar un paso hay que haber cumplido 18 años y tener más o menos toda la cuadrilla la misma altura. No usan medidas de protección especiales, solo se cuidan con una faja que evita el dolor de espalda. Pedro García Parets es otro venteañero que asegura que «si no creemos en lo que hacemos, si no tuviéramos fe, no podríamos aguantar debajo del paso tanto tiempo». Añade que es una forma «de llevar nuestras creencias a la calle». Ni bebidas isotónicas ni nada por el estilo, solo agua para evitar la deshidratación. Fausto Sotres 26 años solo pone su juventud y su fuerza como entrenamiento y lo hace «al servicio de una devoción que nos enorgullece mostrar públicamente. No hay mayor gloria que sacar una imagen en toda su magnitud».
Pero no solo chavales se ponen debajo de los pasos. Cristóbal Lozano es un lebaniego que por primera vez va a salir de costalero. Es uno de los mayores 37 años y no oculta la emoción ante su bautismo como cofrade: «Hay que conocer este mundo, que es increíble, con un gran ambiente de camaradería, compartiendo la fe que nos une. Creo que más gente se uniría a nosotros si supiera lo que aquí se vive».
Aunque los costaleros aseguran que «solo» acaban cansados, lo cierto es que, durante muchas horas, someten su cuerpo a una situación de estrés físico que no es baladí.
Simón Pedro Simón Ruano es el decano de los fisioterapeutas de Cantabria. Conoce bien los efectos que puede tener esta actividad en el cuerpo: «La carga en un costalero se mantiene durante periodos prolongados, generalmente de forma asimétrica (mayor apoyo en un lado que en el otro), no dependiendo de uno solo, sino en coordinación con más individuos. Todo ello, puede afectar a la columna cervical, a la columna lumbar y a las articulaciones de miembros inferiores como rodillas y tobillos».
El cuerpo aguanta
Este experto, al contrario de lo que piensan los propios costaleros, cree que se debería hacer una preparación previa: «Un reconocimiento médico, acudir a su fisioterapeuta para prevenir lesiones musculares o articulares y seguir pautas para lograr un trabajo más eficiente». Además, piensa que tendrían que tomar algunas medidas para evitar un castigo corporal, «como un calentamiento previo a sacar el paso, ejercicios de estiramiento y movilidad de diferentes articulaciones cuando sea posible (paradas y relevos) y al final de la carga», y por supuesto, no estrenar ropa ni calzado para evitar rozaduras. Los costaleros aseguran que después del esfuerzo físico al que se someten «solo sentimos cansancio».
Simón Pedro Simón se abona a esta idea: «Normalmente no aparecen lesiones graves, siendo sobrecargas o contracturas en cuello, trapecio y gemelos, las más comunes. Las veces que aparecen lesiones de más importancia, suele ser por desconocimiento del costalero de su propio cuerpo, de su preparación o de las posturas necesarias para el gran esfuerzo que hacen. Por eso es importancia la prevención», opina este especialista.
Los pasos nunca se han pesado en báscula para tener con certeza un dato importante «porque hay que tener en cuenta que no solo pesan las imágenes ya que en ocasiones las andas pesan aún más», explica Teresa Saro, presidenta de la Junta General de Cofradías Penitenciales de Santander. Su responsabilidad es que todo se ajuste a los cánones, incluida la presencia de penitentes que, por promesa o fe, y siempre tapados, desfilan muchas veces cargados con una cruz, descalzos o arrastrando cadenas, «aunque es una práctica cada vez menor porque pienso que Dios no nos lo pide, si bien cada uno demuestra su fe a su manera», concluye Saro.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Noticias seleccionadas
Ana del Castillo
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.