'Caso Almería': un símbolo de la Transición
Mariano Calvo Haya *
Jueves, 10 de mayo 2018, 07:38
Secciones
Servicios
Destacamos
Mariano Calvo Haya *
Jueves, 10 de mayo 2018, 07:38
«La vergüenza te ayuda a ver».
Manuel Rivas
Muchas veces nos dijeron que éramos hijos de nuestro tiempo, y que ese tiempo era nuestro. ... Pero para muchos de los nacidos a principios de la década de los 60, cumplir la mayoría de edad se convirtió en un camino de espinas en el que poco a poco fuimos dejándonos una considerable porción de nuestra inocencia. Habíamos ido forjando cierta conciencia política a partir de la muerte de Franco, al tiempo que descubríamos indicios de que la vida no era aquella mordaza que lucían obstinadamente nuestros padres.
Sin embargo, diversos acontecimientos ocurridos entre 1977 y 1981 nos convencieron, entre algarada y manifestación, de que las aspiraciones de vivir un mundo más justo y más libre se pagaban con sangre, con miedo y con dolor.
En enero de 1977, en Madrid, unos pistoleros de extrema derecha asaltaban un despacho de abogados laboralistas de Comisiones Obreras y asesinaban a cinco de las personas que allí se encontraban, además de dejar malheridas a otras cuatro entre las que cabe destacar, por sus fuertes vínculos con Cantabria, a la abogada Lola González Ruiz.
En diciembre de 1979 mientras los estudiantes protestábamos por toda España en contra de una Ley de Autonomía Universitaria promulgada por Adolfo Suárez, la Policía Armada disparaba contra la multitud en la manifestación de Madrid y mataba a los jóvenes Emilio Martínez y José Luis Montañés. En su descargo el gobierno y los mandos de la policía adujeron que los represores habían efectuado sus disparos al aire, lo cual era lo mismo que decir que los estudiantes entonces teníamos la facultad de volar.
En febrero de 1980, integrantes de la ultraderechista Fuerza Nueva secuestraban a la estudiante vasca Yolanda González de su casa del barrio de Aluche de la capital madrileña y la ejecutaban en un descampado de las afueras. Los asesinos quisieron disculpar su acción aireando la falsedad de que Yolanda era integrante de ETA.
Un año después, un coronel de la Guardia Civil asaltó el Congreso de los Diputados.
Y casi tres meses más tarde, el 10 de mayo de 1981, este país se despertó de nuevo horrorizado con el secuestro, las torturas y posterior asesinato en Almería, por parte de varios miembros de la Guardia Civil, de tres jóvenes trabajadores residentes en Cantabria que habían acudido a la provincia del sur para la celebración de la primera comunión del hermano de uno de ellos.
De nuevo, en este hecho luctuoso se quiso utilizar como justificación que los integrantes del Cuerpo Armado habían confundido a los jóvenes con militantes de ETA, y el ministro del Interior, cuando se comprobó que los intentos de ocultar la insensatez no se sostenían, recurrió al comodín del error, un inmenso error.
Ninguno de los hechos que someramente se describen ni otros que se dejan en el tintero porque fueron muchos, demasiados, fueron errores, sino más bien actos que en algunos casos escapaban al control de un Estado laxo y en otros directamente se encubrían, se echaba tierra encima y se trataban de olvidar.
No fueron errores. Ni los protagonizados por las bandas de extrema derecha, que veían peligrar con la recién estrenada democracia su antigua preeminencia, ni los ocasionados por unas Fuerzas de Seguridad del Estado integradas entonces, en innumerables casos, por mandos ascendidos en el escalafón al albur de un régimen fascista que se resistía a morir.
Pero, si todos y cada uno de ellos tuvieron como denominador común el horror, es el llamado Caso Almería el que para una comunidad como la cántabra, ya que todas sus víctimas residían aquí, nos toca más de cerca y se convierte en una punzada dolorosa en el centro neurálgico de nuestra amnesia.
Hoy, justo 37 años después de las torturas y los asesinatos de nuestros conciudadanos, Luis Cobo, Luis Montero y Juan Mañas, los habitantes de esta región, a veces tan desmayada, tienen la oportunidad de reparar, al menos someramente, una vergüenza histórica que nos concierne a todos. Ha costado mucho tiempo y mucho esfuerzo descoser las costuras del olvido, pero hoy, esta tarde, en el Parlamento cántabro, sede de nuestros derechos y nuestra voluntad popular, se va a celebrar (si es posible utilizar ese término) un acto de homenaje a las víctimas inocentes de una terrible sinrazón y también a sus familias, que durante todos estos años han luchado a brazo partido por dignificar la memoria de sus muertos y amortiguar su propio padecimiento. Por dicho motivo, hoy, 37 años después de la matanza, desde 'Desmemoriados. Asociación para la Recuperación de la Memoria Colectiva de Cantabria' invitamos a la sociedad civil cántabra, sin distinciones, a acompañarlas en su dolor y a realizar un enorme ejercicio colectivo de dignidad y de decencia. Porque de eso, ni más ni menos, estamos hablando. De dignidad y de decencia.
*Miembro de Desmemoriados. Asociación para la recuperación de la memoria colectiva de Cantabria
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.