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Posada Punta Ballota - Tagle
Margarita Revilla, dueña la posada Punta Ballota, en Tagle, está teniendo clientes, «pero no como el año pasado». Los picos de ocupación están «bastante bien» de jueves a domingo, aunque flojean de lunes a miércoles. «Acabamos de abrir a últimos de junio y los fines de semana se anima la gente, pero queda mucho todavía para que julio esté como otros años». Los mayoría de los clientes proceden de Valladolid, País Vasco o Burgos y vienen en grupos o en familias con la finalidad de reunirse. «Turismo de Cantabria no tengo», indica Revilla. Todos los turistas se instalan en habitaciones exteriores porque siete habitaciones no las ha puesto en uso. «He tenido casi un 90% de ocupación pues sólo he abierto 12 habitaciones. Prefiero tener menos gente y menos riesgo de contagios», explica la dueña.
Precisamente, la posada Punta Ballota ha puesto en marcha una serie de medidas para reducir el contacto con el cliente, como la firma del pre registro y la factura por internet. Sin embargo, Revilla lamenta que, en este sentido, hay gente que viene y «no es responsable».
Casona del Arral - Liérganes
En la Casona del Arral, en Liérganes, se han seguido todas las recomendaciones del Instituto para la Calidad Turística Española para evitar contagios por covid. «No ha habido un parón como puede ser el invierno, ha sido más bien como si el negocio se abriese otra vez de nuevas por todos los protocolos que se han adaptado». Todo esto ha ralentizado la manera de funcionar del establecimiento. «El cliente hace la reserva, se le informa de todas las medidas de seguridad y la persona tiene que aceptarlas», relata Cabañas.
La dueña de la Casona del Arral cree que los clientes que llegan buscan «un entorno sano y huyendo de las masas». «Prima más la gente que busca seguridad que el precio del establecimiento», añade. En su caso, tienen la ocupación de agosto casi llena y la de julio «bastante bien». «Se nota que la gente está apostando por el turismo rural». Entre su clientela destacan familias que se juntan desde Madrid, Castilla, País Vasco y todas las provincias limítrofes en general. Sin embargo, el cliente extranjero «ha desaparecido». «Nosotros trabajábamos con muchos ingleses y eso ya está perdido».
Cabaña del Abuelo - Selaya
La Cabaña del Abuelo, en Selaya, ha adoptado medidas de seguridad que se han difundido desde la Asociación de Turismo Rural. «Hemos hecho un curso para conocer los protocolos y esa es nuestra base para adaptarnos», cuenta su dueña, Ana Casuso, quien asegura que el turismo rural parte con «más ventajas que los hoteles». «En mi caso yo trabajo con una familia que viene junta y no va a tener contactos con más viajeros porque no hay más huéspedes. Es una casa unifamiliar con parcela en exclusiva y eso ha ayudado a la demanda».
«Al entrar la nueva normalidad ha habido una oleada de reservas y si todo sigue según la marcha, el año va ser muy bueno». A estas alturas, ya están completos hasta el 31 de agosto. «Queda alguna noche suelta pero no la ponemos a la venta porque hemos puesto un protocolo para ventilar las habitaciones durante 24 horas». En definitiva, Casuso sí cree que el turismo rural se ha beneficiado. «Ha habido una demanda potencial que no estábamos seguros que iba a haber. Además, nosotros nos hemos incorporado antes al mercado que los hoteles».
Finca Artienza - Ramales de la Victoria
Palmira Viñuela gestiona la Finca Artienza, a 3 kilómetros de Ramales de la Victoria, y ve la situación actual «similar» a la del año pasado. «La primera quincena de julio es suave y agosto siempre se llena. En eso seguimos igual. A partir de la segunda semana de julio ha empezado a haber más gente que el año pasado». El mayor cambio lo ha notado en septiembre porque «a estas alturas el año pasado no tenía reservas y este año ya tengo la primera quincena llena».
La gente que llega viene «muy concienciada» y deseando pasar unos días en el campo. Sus clientes vienen de Madrid, Valencia, Cataluña y del sur. «Este año han venido madrileños con segunda residencia en Valencia que han dejado de ir a sus casas para venir al norte y escapar del calor».
Ha instalado medidas de seguridad tras haber realizado dos cursos en la Asociación de Turismo Rural de Cantabria. Toda la información de la casa y el registro se hace por internet, con lo cual el turista al llegar solo tiene que firmar un documento. «Las llaves son de estaño desinfectadas y se entregan en una bolsa».
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Almudena Santos y Lidia Carvajal
Rocío Mendoza | Madrid, Álex Sánchez y Sara I. Belled
Jesús Lastra | Santander
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